Por Katiana Murillo

A simple vista es una playa limpia, pero en su arena clara y abundante se esconden pequeños plásticos, que también son arrastrados por las corrientes marinas mar adentro.

Playa Grande, una de las playas emblemáticas del Parque Nacional Marino Las Baulas de Guanacaste, en el Pacífico Norte de Costa Rica, es uno de los 136 sitios de un muestreo impulsado por la Red de Científicos de la Basura del Pacífico (ReCiBa Pacífico).  Esta iniciativa forma parte de un programa de ciencia ciudadana integrado por investigadores, estudiantes, profesores y colaboradores en países de la costa Pacífica de América Latina, quienes aplican el método científico para conocer la densidad, composición y distribución de basura en sus playas, con el fin de buscar soluciones basadas en la situación y realidad cultural de cada país.

Científicos de la Basura nació en Chile en 2007 y su extensión, como red, al Pacífico latinoamericano se ha dado mediante talleres presenciales y virtuales con grupos interesados en aplicar la metodología y contribuir a generar tanto información científica como soluciones.  

Fue así como la red movilizó a más de 800 personas de nueve países de la costa del Pacífico: México, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Chile, con el objetivo de realizar, entre septiembre de 2021 y enero de 2022, el I Muestreo Internacional de Macrobasura en Playas de Arena 2021. Los resultados fueron dados a conocer este mes como una investigación colaborativa internacional entre científicos y ciudadanos. 

Estudiantes en trabajo de campo durante el muestreo realizado en el Parque Marino Las Baulas de Guanacaste.

(Créditos: Christian Díaz Chuquisengo)

En total fueron recolectados 21,816 ítems de basura, de los cuales el 62,4% fueron plásticos; 10,5%, colillas de cigarro; 9,1%, madera procesada; 6,5%, otros tipos de basura; 4,4%, papel; 3,9%, metal; 2,6%, vidrio y 0,5%, mascarillas. La densidad promedio de basura marina fue de 1,2 ítems por metro cuadrado, siendo las playas de Colombia aquellas que presentaron la densidad de basura más alta con 2,2 ítems por metro cuadrado, seguidas por las playas al norte de Chile con 1,5 ítems por metro cuadrado.

Las playas más sucias fueron registradas en Ecuador (Playa Puerto Santa Rosa en Santa Elena), Costa Rica (Puntarenas Este en Puntarenas), Guatemala (Playa de Sipacate en Escuintla), Chile (Playa Las Torpederas en Valparaíso) y Colombia (Playa de Juanchaco en Buenaventura). 

Solo uno de los 136 sitios muestreados no registró basura y fue la playa de Cuajiniquil en Costa Rica.

De acuerdo con Martin Thiel, director de Científicos de la Basura y del proyecto ReCiBa Pacífico, es la primera vez que este muestreo se realiza a una escala tan grande, con sitios en diferentes playas desde México hasta Chile, además de involucrar a ciudadanos para lograr un cambio. “La conciencia ambiental de la ciudadanía está cambiando, por ejemplo, ya se está implementando la nueva legislación de prohibir los plásticos de un solo uso y nosotros tenemos mucha esperanza que eso finalmente va a generar un cambio en lo que encontramos en el medio ambiente”, manifiesta.

Muestra de residuos plásticos encontrados en la arena.

(Créditos: Katiana Murillo)

Conocer para conservar

En el Parque Marino Las Baulas de Guanacaste tiene lugar el Laboratorio de Basura Marina, una iniciativa que, desde el 2013, lleva a cabo el parque nacional con el proyecto de conservación y educación Sostenibilidad en Grande, que busca evaluar la interacción entre los desechos marinos y la vida silvestre, así como su abundancia como agente contaminador. Para esto ya aplican la metodología desarrollada por Científicos de la Basura a la vez que suman aliados a nivel local, como organizaciones de investigación y de voluntariado.

Allí, Natalia Craig-Ruegg, una estudiante de 17 años de Colorado (Estados Unidos), quien participó a principios de mayo en el monitoreo de basura en el parque como parte de una gira educativa, señala que encontrar tantos plásticos en la playa es totalmente distinto a leer sobre lo que está pasando, por lo que ha sido una experiencia valiosa. “Esto se reflejará en los productos que usaré y las decisiones que tomaré para asegurarme de no impactar negativamente a las especies. También trataré de compartir ese conocimiento con la gente alrededor para lograr cambios positivos”, señala. 

Para Paola Ramírez, de Sostenibilidad en Grande, la ciencia ciudadana, que está en el centro de estos esfuerzos, permite conocer los impactos que se están dando sobre la flora y fauna y, de forma conjunta, buscar formas de conservación. 

De acuerdo con Christian Díaz Chuquisengo, gestor ambiental y guardaparques, “pese a que la playa parece un ambiente limpio, pequeños plásticos se mezclan cada vez más con la arena formando parte de la duna, y el plástico, como polímero, tiende a calentarse con el sol, lo cual puede tener implicaciones para la vida silvestre”. Un ejemplo sería la pérdida de huevos de tortugas marinas debido a las altas temperaturas.

El plástico que llega a la playa tiene un origen local, ya que el parque es también un gran centro de atracción para el turismo local e internacional. Esto concuerda con el muestreo de la Red de Científicos de la Basura del Pacífico, que revela que el origen de la basura en las playas continentales del Pacífico de Latinoamérica es principalmente local terrestre. De ahí que los esfuerzos para prevenir y mitigar el impacto de la basura en la costa deben concentrarse en las actividades que tienen lugar en la misma playa y en los núcleos cercanos. 

En el caso de Centroamérica, el informe muestra que estas acciones deben extenderse a lo largo de cuencas hidrográficas, ya que los ríos transportan buena cantidad del plástico que se encuentra en las playas.  

No menos importante resulta ser la basura que también es arrastrada por las corrientes marinas mar adentro, impactando grandemente a la biodiversidad marina. Por ejemplo, las tortugas baula o laúd (Dermochelys coriacea) confunden a las bolsas plásticas con medusas, su principal fuente de alimento.

Una botella plástica producida en Japón fue arrastrada por las corrientes marinas hasta las playas de Costa Rica, donde fue recolectada.

(Créditos: Katiana Murillo)

Buscando soluciones

El informe también destaca, por un lado, que las limpiezas de playas son medidas reactivas insuficientes y costosas que no solucionan el problema a largo plazo, pero sí la educación ambiental, que fue destacada por la ciudadanía mediante las encuestas de percepción que se realizan como parte del trabajo en los distintos sitios y que se visualiza como la solución más viable para disminuir la basura marina. Es así también para aquellas políticas de prohibición y regulación, como el caso en Costa Rica de la directriz que prohíbe la entrada de plástico de un solo uso en los parques nacionales y reservas biológicas. 

En el caso de Perú, existen acuerdos con los encargados del alquiler de sombrillas y carpas de la playa El Chaco, cercana a la Reserva Nacional de Parcas, para que estos limpien la superficie de arena donde desarrollan su actividad comercial, contribuyendo, así, a la protección de la reserva. 

En Guatemala se aprovechan materiales encontrados en la playa, como el metal, que tiene un precio de mercado y la gente lo recoge para venderlo; y en Colombia existe un proyecto de transferencia tecnológica y educación ambiental, que dota de formación e infraestructura a las comunidades costeras de Bahía Málaga para transformar el plástico de las playas en nuevos objetos. 

Otras recomendaciones que señala el informe son generar alternativas económicas de consumo a los productos plásticos y realizar acciones que involucren por igual a empresarios, políticos, investigadores y ciudadanos para una toma de decisiones integral basada también en la mejor información científica.

Solamente de esa forma será posible que playas como las del Parque Marino Las Baulas de Guanacaste sigan cumpliendo su propósito de conservación, a la vez que sirviendo como grandes atractivos para el turismo local e internacional. 

Este artículo es original de LatinClima. Reproducido bajo licencia Creative Commons con mención del autor/es.

Plásticos y cambio climático

En 2050, y según ONU Medio Ambiente o PNUMA, las emisiones asociadas a la producción, el uso y la eliminación de plásticos representarían el 15% de las emisiones permitidas, según el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5°C como establece el Acuerdo de París. En un estudio publicado en el 2018, investigadores de la Universidad de Hawái descubrieron que, cuando los plásticos se descomponen, emiten metano y etileno que son dos gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. La emisión ocurre cuando los plásticos están expuestos a la radiación solar.

No solo eso, la tasa de emisión de GEI de los plásticos aumenta con el tiempo. “Los plásticos envejecidos ambientalmente e incubados en agua durante al menos 152 días también produjeron gases de hidrocarburos. Además, el polietileno de baja densidad emite estos gases cuando se incuba en el aire a unas tasas ~2 veces y ~76 veces mayores que cuando se incuba en el agua para el metano y el etileno, respectivamente”, se lee en el estudio publicado en la revista científica PLOS ONE.

Con este estudio, los investigadores alertan sobre una nueva fuente de emisión de gases, la cual podría aumentar a medida que se produzca y acumule más plástico en el medio ambiente.

 

Ojo al Clima