En un barco en el sur del mundo hay un grupo de 80 científicas que quieren vestirse de esperanza.

Ellas forman parte de la tercera edición de Homeward Bound, un proyecto que trabaja con mujeres científicas para ayudarles a crecer como líderes y abrir camino para solucionar problemas nacionales y globales, como el cambio climático, la transición energética y la contaminación por plástico.

Las expertas zarparon desde Argentina hacia la Antártida el pasado 31 de enero y están ahora trabajando desde ese continente helado. Entre ellas están la oceanógrafa tica Melania Guerra y la diplomática costarricense Christiana Figueres, esta última como facilitadora.

“Todas nosotras estamos comprometidas a bajarnos de esta expedición como mejores personas, mujeres con un mejor entendimiento sobre cómo el cambiarnos a nosotras mismas afecta el entorno inmediato y crea contextos donde es posible transformar la realidad global”, dijo Guerra desde Antártida. 

Homeward Bound surge de una pregunta sencilla: ¿qué pasaría si las científicas más preparadas de mundo tuvieran herramientas para impactar las decisiones de nuestras sociedades? Las australianas Fabian Dattner y Jess-Melbourne Thomas notaron que faltaban oportunidades para que mujeres altamente capacitadas dieran el salto a posiciones de liderazgo.

La solución que se inventaron las fundadoras fue crear ellas mismas un proceso de aprendizaje global y móvil, extendido por doce meses. Así nació Homeward Bound, un proyecto que empieza por once meses a distancia y finalmente culmina en una expedición al continente blanco. Tras entrenar y prepararse por todo el 2018, la tercera generación de científicas abordaron el MV Ushuaia el el 31 de enero para empezar tres semanas de trabajo intensivo en Antártida.

La idea de Homeward Bound es darle a las mujeres las mismas oportunidades que tienen los hombres, para trabajar mano a mano. Si hay más personas con espacio para plantear ideas, será más fácil encontrar soluciones, plantea la organización.

“Nos hemos limitado a usar el 50% del potencial humano, el de los hombres. Con el viaje de Homeward Bound impulsados por Acciona avanzamos hacia el uso del 100% del potencial humano para obtener mejores resultados y crear un mundo mejor para nuestros hijos”, afirmó Figueres en un comunicado de la empresa española Acciona, uno de los patrocinadores.

Figueres fue la principal figura global de cambio climático entre 2010 y 2016, cuando fue Secretaria Ejecutiva de la Convención Climática de las Naciones Unidas. En ese período lideró la creación del Acuerdo de París, el plan que diseñaron los países del mundo para hacerle frente al cambio climático.

Una ballena saluda al barco MV Ushuaia mientras recorre los alrededores de Antártida.

(Créditos: Melania Guerra)

El proyecto visita Antártida porque esta parte de mundo muestra de manera muy rápida las señales del deterioro medioambiental del planeta. Desde ahí pueden entenderse mejor el impacto de la crisis y la necesidades de respuestas globales, explica la organización en su sitio web.

La oceanógrafa Guerra conoce de primera mano los impactos del cambio climático y otros problemas en las zonas polares, porque durante una década visitó el Polo Norte en varias ocasiones. Allí ella estudió el impacto que tienen los sonidos humanos, como los motores de barcos, en los ecosistemas marinos. Esta es su primera vez en la Antártida.

“Las demás mujeres participantes del programa son todas increíbles y las sesiones de trabajo son largas, cansadas y algunas veces muy emotivas”, relató Guerra.

En el 2016, la tica Mónica Araya participó en la primera edición de programa y en 2019 participará la productora audiovisual costarricense Mónika Naranjo. A la fecha, 152 mujeres han sido parte de proyecto y las organizadoras quieren crear una red de 1.000 participantes.

La educación y el empoderamiento de niñas es una de las mejores maneras de lidiar contra el cambio climático, según el análisis que hizo la organización científica Drawdown. Los científicos de Drawdown consideraron todas las posibles soluciones al cambio climático y concluyeron que la educación de niñas es la sexta mejor solución de 80 que analizaron, incluso más efectiva que la energía geotérmica o los vehículos eléctricos.

Esta conclusión está relacionada a la capacidad de las niñas y jóvenes de tomar decisiones sobre sus familias y su futuro. Las mujeres que logran planificar sus familias se casan más tarde y tienen menos hijos que aquellas que no logran hacerlo por presiones sociales o falta de oportunidades. El control del crecimiento poblacional es crítico para reducir el impacto del cambio climático.