Un proceso de años y años dio un paso monumental este 4 de noviembre al entrar en vigencia el Acuerdo de París y convertirse en parte del entramado legal internacional.

En esencia, la solución a problema del impacto humano en el clima planetario sigue igualmente lejos. Sin otras medidas que lo acompañen, el Acuerdo de París es apenas un documento legal donde 195 países se comprometieron a reducir el aumento de la temperatura bastante por debajo del límite considerado seguro de 2 grados centígrados.

Pero a partir de hoy, y por primera vez en la historia, existe una arquitectura jurídica que servirá a países, organizaciones y ciuadanos para hacerle frente de manera conjunta al cambio climático. Desde que se estableció la Convención Marco de Naciones Unidas contra el Cambio Climático (CMNUCC) en 1992 ningún otro documento ha involucrado a todas las naciones del mundo en esa misión.

“Este es un momento para celebrar, pero es también un momento para analizar con seriedad y una voluntad renovada la tarea que tenemos por delante”, dice la Secretaria Ejecutiva de la CMNUCC Patricia Espinosa en un artículo de opinión publicado hoy en Ojo al Clima.

Los retos pendientes son enormes. Las bases están apenas sentadas, pero nadie sabe a ciencia cierta cómo se transformará la economía mundial –que durante décadas ha dependido del petróleo, el gas natural y el carbón para sostenerse– y cómo lograr defender ciudades, cultivos agrícolas y especies de flora y fauna de los impactos negativos que esperamos en el siglo XXI.

Datos de la Organización Meteorológica Mundial apuntan a que el 2016 será el año más caliente del que se tenga registro y también concluyeron que la concentración de carbono en la atmósfera superó la barrera simbólica de las 400 partes por millón y probablemente no baje de ahí en nuestras vidas.

Incluso si los países que firmaron el acuerdo logran cumplir con sus promesas hechas previas a la conferencia de París, en 2015, todavía no bastará para limitar el calentamiento global a 2°C, según un reporte publicado esta semana por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

A pesar de eso, también hay noticias alentadoras. En menos de un año, 94 gobiernos dieron su aval al Acuerdo de París, que fue ratificado en tiempo récord y mucho tiempo antes que lo esperado por negociadores y expertos climáticos.

La industria de la aviación internacional logró su propio acuerdo para empezar a reducir emisiones y, dentro del proceso del Protocolo de Montreal, también se negoció una reducción gradual de gases HFC que permitirá reducir en 0,5°C el calentamiento hacia finales de este siglo.

Por su parte, la inversión en fuentes renovables llegó a niveles récord, medio millón de paneles solares se instalaron cada día en 2015 según la Agencia Internacional de Energía y la cantidad necesaria de carbono para generar riqueza bajó el año pasado.

A este panorama se enfrenta el Acuerdo de París, que tendrá su primera prueba de fuego la próxima semana cuando empiece la Conferencia Climática de Marrakesh (COP22) que deberá definir la letra fina.

“Si no empezamos a tomar medidas adicionales hoy mismo, comenzando por la próxima reunión sobre el clima que se celebrará en Marrakech, habremos de lamentar una tragedia humana que es evitable”, dijo Erik Solheim, Director Ejecutivo de ONU Ambiente, en el lanzamiento del Informe sobre la disparidad en las emisiones.

En esencia, que se haya firmado el acuerdo en diciembre del año pasado en París permite plantearse estas preguntas y tocar estas puertas: hace un año, todavía la discusión estaba dominada por cómo sería ese gran camino que tomaría conjuntamente la humanidad. Esa discusión está superada y ahora el reto es otro: aterrizar esa visión a acciones concretas que, ahora sí, puedan atender la emergencia climática.