“Tenemos la tarea titánica y hermosa de abolir el uso de combustibles fósiles en nuestra economía para dar paso al uso de energías limpias y renovables. La descarbonización es la gran tarea de nuestra generación”, dijo el presidente Carlos Alvarado en su primer discurso al país, luego de recibir la banda presidencial.

Hoy, más de una semana después, los jerarcas que lideran entidades claves para la gobernanza climática alistan sus planes para descarbonizar al país. La presidenta ejecutiva del ICE, Irene Cañas, promete que su institución será el soporte de la electrificación del transporte; el jerarca de Recope, Alejandro Muñoz, sostiene que el país no volverá a apostar por nuevas refinerías y, en el Minae, el nuevo ministro Carlos Manuel Rodríguez busca poner nuevos impuestos a la contaminación y abandonar el uso de plásticos.

A pesar de todos esos esfuerzos, la principal pregunta a la que deben hacer frente los jerarcas es muy diferente, pues no se trata solo de cómo descarbonizarnos, sino también de: ¿cómo adaptará Costa Rica sus los cultivos, carreteras, puertos y costas ante el embate del cambio climático? “En temas de cambio climático, por mucho, el tema más importante es la adaptación.

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Tanto Costa Rica como Centroamérica somos una región sumamente vulnerable”, afirmó el Ministro Rodríguez. Para él, eso no quiere decir que disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero no sea importante, pero las repercusiones del cambio climático sobre Costa Rica ya pronostican tener altos costos para el país.

La contaminación de los países del istmo centroamericano contribuye apenas con un 0,6% de las emisiones de gases de efecto invernadero del globo, pero las consecuencias en los cambios del clima no atacarán de la misma forma a la región.

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El informe del Estado de la Región del Programa Estado de La Nación estima que cerca de 68 departamentos (o provincias) de Centroamérica podrían tener condiciones de alta aridez hacia finales de siglo, mientras que hoy solo veinte presentan esa condición. Además, la demanda de agua potable se multiplicaría 16 veces para esa fecha, si se mantienen las previsiones.

En Costa Rica, el impacto económico ya está siendo valorado. Por ejemplo, la Contraloría General de la República estima que los eventos climáticos extremos podrían llegar a costarle al país hasta un 2.5% del PIB en el 2025, en el peor escenario. Esto es más del doble del costo que tuvo la atención de desastres en el 2010 (1.03% del PIB, una cifra similar al presupuesto del Poder Judicial).

A esos costos se suma un factor: para los países en vías de desarrollo es más fácil acceder a recursos de mitigación que para adaptación o gestión de riesgo. Un informe del Comité Permanente de Financiamiento de la Secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) indica que entre el 2013 y 2014 el financiamiento para mitigación (reducción de emisiones) en el globo fue de un 70%, mientras que el de adaptación fue de apenas un 25%.

MÁS ALLÁ DE LA DESCARBONIZACIÓN

Mientras tanto, ¿qué proyectan los nuevos jerarcas para adaptar el país ante la amenaza del clima? “Para mí uno de los temas más importantes en adaptación es la implementación y la inversión de un concepto de adaptación basada en ecosistemas”, dijo Rodríguez, el nuevo Ministro de Ambiente.

Según Rodríguez, ampliar la inversión en conservación no solo tiene implicaciones ambientales, sino también económicas ante la atención de desastres naturales. Para el nuevo jerarca, los bosques y humedales sirvieron como barreras naturales a comunidades que enfrentaron los impactos del huracán Otto o la Tormenta Tropical Nate. “En lugar de construir carreteras más grandes, barreras más grandes, usemos a la naturaleza como un medio para adaptarnos al cambio climático”, sugirió.

En el ministerio de Agricultura, Renato Alvarado, sostuvo que desarrollará procesos para educar a los productores, proporcionarles nuevas tecnologías y aprovechar un mejor uso del agua.

“Necesitamos implementar procesos que nos permitan conservar los suelos, mejorar la calidad de las aguas y hacer todo el proceso productivo con más eficiencia… Uno de los temas que hemos venido levantando con mucha fuerza y que seguramente vamos a seguir es el de levantar los pronósticos de agrometeorología para que el productor tenga la información a tiempo y que pueda tomar acciones tempranas y que el fenómeno no venga, lo aplaste, genere grandes pérdidas y grandes lesiones al ambiente”, aseveró el nuevo jerarca.

El cambio climático también podría impactar la propia producción de energía eléctrica limpia en la que el país apuesta para transformar el sector de transportes. Gustavo Mañez, coordinador del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), estimó el año pasado que la generación de energía hidroeléctrica caerá en un 25% para el año 2040: un escenario “catastrófico” porque casi dos tercios de la energía de la región proviene de hidroeléctricas.

“Tenemos claro de que eso va a depender de las condiciones climáticas” reconoció Irene Cañas, nueva jerarca del ICE. “Yo digo que la fuente de energía más fiel es la geotermia, porque no importa si hay agua, lluvia o sol.

El ICE ha apuntado a desarrollar lo máximo que se pueda de geotermia y considero que esa es una de las líneas que tenemos que seguir”, aseguró. Mientras tanto, el país presentó recientemente su Plan Nacional de Adaptación, pero necesitará también de más recursos para adaptarse.

En el 2013 Costa Rica recibió el aporte de $10 millones del Fondo de Adaptación para desarrollar más de cuarenta proyectos de adaptación al cambio climático para proyectos de agricultura, ganadería, el sector costero o gestión de recursos hídricos.

Carolina Reyes, vocera de Fundecooperación para el Desarrollo Sostenible y del programa Adapta2 que administra esos recursos, sabe que a esos recursos le quedan pocos años de vida y que la mejor forma de garantizar los procesos de adaptación es incorporando esos procesos en cada institución, empresa y ciudadano. “Estos $10 millones son para algo concreto, pero la parte de la sostenibilidad va mucho en cómo vamos incluyendo la adaptación en el ADN de las empresas, de los ciudadanos, de las empresas…

¿Qué tiene que ver un puente? ¿El MOPT? ¿Los acueductos? Pues tiene mucho que ver. Costa Rica se ha ido metiendo mucho en el tema del cambio climático y en la adaptación no puede dejar de ser así”, cerró la vocera.

El cambio climático es un hecho científico: los especialistas tienen un nivel de certeza al respecto cercano al 95%, similar al hecho de que el tabaco causa cáncer de pulmón o la propia existencia del Big Bang. Disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero es invertir en preservar el planeta, pero adaptar nuestra infraestructura, cultivos y poblaciones es también una área básica de autoprotección colectiva.