Durante los últimos dos meses, un área de hielo marino del tamaño del territorio México no se congeló en el Ártico, activando las alarmas en centros de investigación de todo el mundo.

Cada octubre y noviembre, luego del verano en el hemisferio norte del planeta, una capa de hielo ártico empieza a cubrir el polo Norte, recuperando así el volumen perdido durante los meses más calientes del año. Este año, sin embargo, la recuperación ha sido históricamente lenta y la superficie de hielo en estos dos meses ha sido la más baja desde que existen registros satelitales.

La línea rosada muestra el promedio de cobertura de hielo ártico cada noviembre entre 1980 y 2010. La zona blanca es la cobertura este noviembre.

La línea rosada muestra el promedio de cobertura de hielo ártico cada noviembre entre 1980 y 2010. La zona blanca es la cobertura este noviembre.

(Créditos: NSIDC)

El Centro Nacional de Datos en Nieve y Hielo (NSIDC, en inglés) publicó esta semana información para entender mejor qué está pasando. Primero, un contexto histórico: en cada noviembre entre 1980 y 2010, el hielo cubría en promedio unas 11 millones de kilómetros cuadrados del océano Ártico y mares cercanos.

Sin embargo, en noviembre del 2016, la extensión de hielo marino llegó a los 9.08 millones de kilómetros cuadrados. La diferencia entre el promedio de estas últimas tres décadas y este año es un área prácticamente del mismo tamaño que la superficie de México.

“El hielo no se derritió, sino que no ha crecido tanto como normalmente lo hace, lo que provoca un déficit”, dijo a Ojo al Clima Julienne Stroeve, científica del NSIDC de Estados Unidos.

Este noviembre “está lejos de los estándares normales”, explicó la experta, lo que lo hace inusual. Desde mediados de octubre, el 2016 tiene los récords mínimos de hielo ártico, superando al 2012 que hasta ahora era el peor año, como muestra el gráfico abajo.

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¿Por qué está ocurriendo esto? Los expertos aseguran que son una serie de variables.

Parte de la explicación son corrientes de aire caliente que han sido empujadas hacia el Ártico, al mismo tiempo que el calor océanico acumulado en el verano todavía no ha dejado las aguas. Por la influencia de estas masas calientes, el agua tiene problemas para solidificarse.

“Detrás de todo esto, tenemos la señal de calentamiento atribuible a la concentración de gases de efecto invernadero. Así que el tiempo y el calentamiento causado por los humanos nos han dado estas deficientes condiciones de hielo este otoño”, dijo Stroeve.

Por la forma y estructura del planeta, el polo norte acumula y captura más calor que el resto del orbe. De esta manera, en ciertos puntos cercanos al polo la temperatura promedio llegó hasta 10 grados centígrados sobre el promedio de 1980-2010 durante este noviembre.

Esta es una tendencia que se ha acelerado en años recientes, pero que puede percibirse desde 1950, dijo a Ojo al Clima Ed Hawkins, meteorólogo y experto en el Ártico de la Universidad de Reading.

De hecho, este noviembre es también inédito porque también ha habido un mínimo récord del hielo marino en Antártida.

“Antártida también está mostrando un mínimo récord para esta época del año. No está claro si estos fenómenos están relacionados, pero esperamos que ambos polos muestren una reducción en su hielo marino conforme el planeta se caliente”, explicó el británico.

La reducción en el hielo marino a nivel mundial está directamente relacionada con las emisiones de dióxido de carbono, que resulta de quemar combustibles fósiles como petróleo, gas natural y carbón y de la deforestación y la producción de cemento, entre otras fuentes. Esto puede verse en el gráfico a continuación.

El volumen de hielo marino viene en descenso desde la década de 1950.

El volumen de hielo marino viene en descenso desde la década de 1950.

(Créditos: NSIDC)

El último reporte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático e informes de otros centros de investigación señalan que en el transcurso del siglo XXI podría darse un verano sin hielo permanente en el Ártico.

“Al tener menor hielo marino, esto resulta a su vez en una atmósfera más caliente, lo que cambia el gradiente (la diferencia) de temperatura entre los polos y el Ecuador y puede tener impactos climáticos de gran escala”, dijo Stroeve.