Hay que ser realistas, y aunque se hace el esfuerzo, el Estado no cuenta con la capacidad financiera y el recurso humano suficiente para prevenir todos los incendios forestales que ocurren en el país.

Por ello, las comunidades indígenas se han convertido en grandes aliadas en el combate contra el fuego, ya que sus brigadistas realizan tareas de prevención y control para así evitar que se quemen las tierras donde viven, cuyos ecosistemas se encuentran altamente conservados.

El éxito de las brigadas indígenas yace en la organización comunitaria. Según Denis Granados Mayorga, bombero forestal de Skä Diköl, la brigada fue creada por la Asociación de Desarrollo Integral del Territorio Indígena de Cabagra (ADI Cabagra) como parte de la estrategia territorial de protección de los recursos naturales.

En el 2013, la ADI Cabagra nombró a 12 guardarecursos locales para proteger la biodiversidad en las zonas altas de Buenos Aires de Puntarenas, pero esta también ayuda a proteger los bosques de Ujarrás y Salitre.

Esta brigada trabaja de forma coordinada con el Área de Conservación La Amistad Pacífico (Aclap), dependencia del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), y la Comisión Nacional sobre Incendios Forestales (CONIFOR) en la prevención y combate del fuego en la zona de amortiguamiento del Parque Internacional La Amistad (PILA).

En 2020 ocurrieron nueve incendios forestales en territorios indígenas del país.

Entre los años 2017 y 2019, el trabajo de los brigadistas logró reducir en 67% los incendios forestales en la zona. Solo en 2019, estos bomberos forestales atendieron 19 incendios en 196 hectáreas; su oportuna intervención evitó que áreas protegidas aledañas fueran devastadas por el fuego.

“Lo que nos lleva a ejercer dicha labor voluntaria es para cuidar nuestros recursos naturales”, destacó Granados.

Gracias a la coordinación que se hace con el Sinac, la brigada recibe capacitación en manejo del fuego, al menos, tres veces al año. También les auspician equipo básico como mangueras, capas, cascos, radios de comunicación, entre otros.

Incluso, entre 2016 y 2019, mediante un proyecto que presentó la Fundación de la Universidad Estatal a Distancia para el Desarrollo y Promoción de la Educación a Distancia (Fundepredi), la brigada recibió capacitación técnica y equipo. El financiamiento provino del I Canje de Deuda por Naturaleza entre Estados Unidos y Costa Rica, el cual es administrado por Asociación Costa Rica por Siempre.

Lo cierto es que el combate del fuego empieza desde antes y, por ello, los brigadistas indígenas dedican mucho de su tiempo a la prevención.

“Las comunidades indígenas estamos muy comprometidas en cuidar nuestros territorios, por eso trabajamos en acciones preventivas enfocadas a la educación, por medio de charlas, carteles, boletines y otros esfuerzos junto a centros educativos, con el fin de  transmitir una cultura de no quemas”, señaló Rafael Delgado, brigadista y miembro del Territorio Indígena de Savegre.

En el 2019, la labor ejemplar de la brigada Skä Diköl fue reconocida por Asociación Costa Rica por Siempre (ACRXS). (Foto: UNED).

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Bomberos y guardarecursos

Las brigadas indígenas se ubican en la vertiente del Pacífico, donde hay una mayor incidencia de incendios forestales.

En Costa Rica, los incendios forestales se presentan durante la época de menor precipitación, que comprende los meses de enero a mayo de cada año, pudiéndose adelantar o postergar dependiendo del comportamiento climático, se lee en la Estrategia de Manejo Integral del Fuego en Costa Rica 2012-2021.

Según esta estrategia, el 99,9% de los incendios se deben a actividades humanas, ya sean de manera involuntaria o premeditada. “Muchas  veces son el resultado de una problemática de inequidad social, carencia de tenencia de la tierra, falta de una cultura del fuego y de información o desconocimiento de la misma”, señala el documento.

En el Caribe, las comunidades indígenas han apostado a los guardarecursos, quienes se encargan de proteger los territorios de la tala ilegal, el saqueo de especies, entre otras amenazas.

En términos de conservación, el aporte que realizan las comunidades indígenas es fundamental. Costa Rica cuenta con un registro aproximado de 95.157 especies conocidas, es decir, aproximadamente el 5% de la biodiversidad que se conoce en todo el mundo, la cual se calcula en cerca de dos millones de especies conocidas al año 2005, según datos de la Estrategia Nacional de Biodiversidad 2016-2025.

Lamentablemente, esa biodiversidad se ha visto afectada por múltiples problemáticas como deforestación, la extracción de especies maderables y animales así como los incendios forestales.

Actualmente, y según comentó Levi Sucre, quien funge como coordinador de la Comisión Ejecutiva de la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques, se está trabajando para que los servicios ambientales brindados por los guardarecursos y los bomberos forestales sean reconocidos financieramente como parte del Programa de Servicios Ambientales (PSA), el cual lidera el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo).

Derechos sobre la tierra

“Los pueblos indígenas estamos claros en que la diversidad es clave para mantener el equilibrio del planeta. De hecho, por convicción creemos que los bosques se deben  mantener cuidados para seguir manteniendo el equilibrio de la diversidad, para poder tener un medio de vida adecuado”, manifestó Sucre.

De hecho, alrededor de 5.844 kilómetros cuadrados del territorio nacional yace bajo resguardo indígena, gracias a que allí viven bribris, cabécares, malekus y ngäbe buglés.

De hecho, unos 1.728 kilómetros cuadrados de áreas silvestres protegidas se hallan dentro de territorios indígenas, según el mapa Pueblos indígenas, áreas protegidas y ecosistemas naturales de Centroamérica, elaborado en el 2016 en el marco de un proyecto de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN).

Este mapa evidenció que los territorios indígenas resguardan el 16% de los bosques latifoliados o húmedos en el país, el 14,8% de los humedales y el 5,5% de los manglares. También, gracias a su cosmovisión, los indígenas conservan el 3,2% de las playas de anidación de tortugas marinas, el 3,1% de los pastos marinos, el 2,9% de los páramos y el 1% de los corales.

Su aporte no se reduce a la conservación de la biodiversidad. Los bosques resguardados por indígenas almacenan el 20% del carbono en los trópicos, según un estudio realizado por Woods Hole Research Center en el 2015, el cual utilizó datos de teledetección basados en los límites territoriales proporcionados por las mismas comunidades.

En los trópicos, según este estudio, los bosques que yacen en territorios indígenas  almacenan 168,3 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente.

Para que este aporte pueda continuar, las comunidades indígenas piden que se les reconozcan sus derechos legales sobre la tierra donde viven.

“Nuestro planteamiento fundamental ante el Estado es que, si las comunidades indígenas tienen derechos legales sobre las tierras, es más eficiente controlar y evitar que estas se quemen”, señaló Sucre.