En Francia, el cambio climático aumentó la probabilidad de olas de frío en un 60%, lo cual tuvo efectos dañinos en las tierras agrícolas. Esto se observó específicamente en los viñedos, el pasado mes de abril. 

Las temperaturas cálidas, que se dieron durante el invierno, hicieron que la fase de brotadura o nacimiento de los viñedos se adelantara. Como consecuencia, los cultivos débiles quedaron indefensos ante las heladas que ocurrieron del 6 al 8 de abril de 2021, cuando una ola de frío golpeó a Francia después de que el país experimentara altas temperaturas en marzo. Esto dejó pérdidas por casi 2.000 millones de euros. 

Así lo constató el análisis del World Weather Attribution (WWA), el cual fue realizado por un grupo internacional de científicos del Instituto Pierre-Simon Laplace, el Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos, la Universidad de Oxford, el Instituto Max Planck de Biogeoquímica de Jena y Météo-France.

El grupo de científicos se dedicó a analizar el papel que desempeñó el cambio climático provocado por el hombre en esta situación. Su análisis se centró en una zona central del país, abarcada por Champagne, el Valle del Loira y Borgoña. 

Para evaluar y cuantificar el efecto del cambio climático, los investigadores utilizaron una métrica llamada “Días de Grado de Crecimiento” (GDD), la cual suele ser utilizada por los agricultores para medir la madurez de sus cultivos. 

Los GDD se obtienen sumando las temperaturas medias diarias. Esto refleja cuánto calor han acumulado las plantas a lo largo de la temporada de crecimiento y así se puede estimar las etapas de maduración. 

Para el caso de los viñedos franceses, los valores de la GDD mostraron que los cultivos están madurando con anticipación a su temporada normal, lo cual propicia que queden expuestos y vulnerables a las bajas temperaturas.

“Existe una aparente paradoja: ¡el calentamiento global puede provocar un aumento de los daños por heladas! Nuestros resultados demuestran que el cambio climático hace que tanto la temporada de crecimiento comience antes como que las heladas sean más cálidas, pero el primer efecto domina sobre el segundo. La consecuencia es que los viñedos crecen y maduran más rápido ahora, pero esto los deja más expuestos a eventuales olas de frío”, explicó Robert Vautard, científico principal del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia y del Instituto Pierre-Simon Laplace, en un comunicado.

Desde el 2016, ya se conocía la existencia de este fenómeno. En su momento, un estudio realizado por investigadores de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) y la Universidad de Harvard encontró que las cosechas de uvas en Francia ya estaban ocurriendo dos semanas antes.

Mediante el análisis de más de 500 años de registros de cosecha, el equipo de investigadores determinó que el cambio climático estaba elevando las temperaturas de la zona y, por eso, se adelantaba el momento de la vendimia (recolección del fruto).

En otras latitudes

El problema no solo se presenta en Francia, también en América del Sur. En el caso de Argentina, ha ocurrido un incremento de las temperaturas en invierno y verano.

Investigaciones, realizadas por Liliana Martínez y su equipo de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza), encontraron los mismos síntomas en los cultivos de vid: el incremento de la temperatura en los viñedos propició el adelanto de las fases fenológicas (cuando aparecen los frutos) de las plantas.

Además, su investigación evidenció una disminución de la acidez de las uvas, un aumento del contenido de azúcares y un desacople con el contenido de antocianinas (pigmentos que le dan el color a las uvas).

Un intento de adaptación

El panorama actual no es alentador para el vino. Se estima que si las temperaturas aumentan en 2 grados Celsius, las regiones del mundo que son adecuadas para el cultivo de uvas con fines de vinificación podrían reducirse a un 56%.

Por si no fuera poco, en caso de un aumento de 4 grados Celsius, el 85% de las tierras ya no podrían producir buenos vinos, según lo reveló una investigación del 2020, dirigida por Ignacio Morales-Castilla de la Universidad de Alcalá en España y Elizabeth Wolkovich de la Universidad de British Columbia en Vancouver.

La buena noticia es que los hallazgos indican que la diversificación en las variedades de uvas podría mitigar las pérdidas: ya sea a la mitad, en caso del aumento en 2 grados, o a un tercio, si el calentamiento alcanza los 4 grados.

La diversidad de uvas es clave para hacer que la agricultura sea más resistente al cambio climático y, este caso en particular, ofrece una oportunidad única para probarlo, explicó Benjamin Cook del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), en un comunicado.