Los deportistas profesionales son personas con mucha resistencia física, pero eso no deja de lado que sean vulnerables, ya que deben mantener cierto nivel de funcionalidad corporal que les permita rendir al máximo.

La capacidad de retención de oxígeno es uno de los indicadores para determinar la resistencia física de un atleta de alto rendimiento. De esta manera, la salud pulmonar adquiere gran relevancia.

La manifestación de síntomas a nivel pulmonar en atletas de alto rendimiento es distinta, pues se da cuando se supera alrededor del 80% de su frecuencia cardíaca máxima.

Carlos Estrada, especialista en medicina interna y neumología, aclaró que las enfermedades respiratorias son multifactoriales. Aparte de la predisposición genética y la exigencia física, las condiciones del ambiente influyen significativamente en la salud pulmonar de los atletas. En ese sentido, los contaminantes del aire, particularmente los derivados de la quema de combustibles fósiles, tienen un impacto que pudiera pasar desapercibido.

Riesgos ambientales

La nariz es la vía respiratoria superior y es mucho más susceptible porque pasa en contacto con el frío y con partículas derivadas de contaminantes, como los gases emitidos por las muflas de los carros.

A largo plazo, la exposición continua a un ambiente contaminado podría generar enfermedades pulmonares por cicatriz, también llamadas enfermedades intersticiales.

Wing Ching Chan, neumóloga del hospital San Juan de Dios, explicó que, si una persona está recibiendo irritantes y contaminantes que inflaman los pulmones, la reacción del cuerpo es toser como mecanismo de defensa.

Esta irritación crónica, a largo plazo, puede llevar a la inflamación de los bronquios y la destrucción del parénquima pulmonar, es decir, los alvéolos. Los alvéolos son la unidad más pequeña del intercambio de oxígeno y dióxido de carbono entre el pulmón y la sangre durante la respiración.

Por ende, la mejora de la calidad del aire resulta una medida de salud pública, a la vez que contribuye a la acción climática, ya que el origen de las emisiones suele ser el mismo. La quema de combustibles fósiles, con fines energéticos y de transporte, no solo genera partículas contaminantes, sino que también produce gases de efecto invernadero que se acumulan en la atmósfera e incrementan la temperatura del planeta.

La respiración por la boca y no por la nariz, durante el entrenamiento al aire libre, disminuye la filtración del aire, ocasionando una entrada más directa de contaminantes hacia los bronquios. (Foto: Quino Al / Unsplash).

(Créditos: )

Contaminantes en el aire

Para valorar la calidad del aire es importante considerar la presencia de material particulado (PM). Para clasificar las PM estas van acompañadas de un número que determina el tamaño de las partículas en un micrómetro (μm).

Las PM10 poseen un diámetro aerodinámico menor a 10 micras; provienen del polvo del tráfico, la quema de combustibles fósiles y de madera, así como del uso de amoniaco en los fertilizantes para la agricultura.

Por su parte, las PM2.5 son las más pequeñas y dañinas; surgen de la quema de madera, tormentas de arena, plantas de energía y gases de escape de automóviles. Estas partículas representan un peligro para la salud, debido a su durabilidad en el aire y a la capacidad que tienen para entrar en los pulmones y en el sistema cardiovascular, a causa de su tamaño, pues en un solo glóbulo rojo pueden caber millones de ellas.

Entre más pequeñas son las PM, mayor es el riesgo de que sean detonantes de padecimientos pulmonares y cardiovasculares. Yevgen Nazarenko, encargado de un estudio sobre las PM2.5 en la Universidad McGill, declaró que “adoptamos medidas sin precedentes para proteger a las personas de la COVID-19, pero no hacemos lo suficiente para evitar las millones de muertes causadas por la contaminación del aire cada año”.

Otros contaminantes dañinos para la salud son gases como el dióxido de nitrógeno (NO2) y el ozono (O3). Estos surgen de la quema de derivados del petróleo, como las gasolinas y el diesel que utilizan los automóviles de combustión interna. Dichos contaminantes provocan irritación en las vías respiratorias y pueden agravar condiciones preexistentes como el asma.

A raíz de esto surge la interrogante de cuánto y cómo pueden afectar estos contaminantes al cuerpo humano, sobre todo en un contexto de alto rendimiento donde los deportistas olímpicos se exigen mucho físicamente.

Repercusiones en la salud

Entre las enfermedades respiratorias más comunes destaca la rinosinusitis crónica persistente alérgica, conocida como rinitis. Esta es una condición que puede presentarse a corto plazo.

El asma bronquial es otro padecimiento común que tiende a manifestarse a largo plazo. Puede ser de origen alérgico, pero también puede ser inducido por el ejercicio, debido a un fenotipo diferente que se activa únicamente en circunstancias de alta exigencia corporal. Entre más tiempo tenga una persona de entrenar en condiciones de alta exigencia, más aumentan las probabilidades de que se manifieste un asma inducida por el ejercicio.

A largo plazo pueden presentarse otras condiciones más severas como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), como consecuencia de la exposición continua a factores de riesgo como fumar, cocinar con leña o haber estado expuesto a contaminantes.

En este sentido, Estrada enfatizó que la consulta neumológica puede ser tanto para el tratamiento de una condición como para un chequeo preventivo. Los cuidados para la prevención y la detección temprana de una enfermedad bronquial son fundamentales para evitar complicaciones posteriores.

“Si yo tengo un atleta que ha corrido 20 años de su vida en las calles y se ha expuesto a contaminantes, ese atleta debería tener una consulta preventiva neumológica para hacerle una radiografía de tórax y ver cómo está su pulmón, para descartar que no haya algún efecto negativo por contaminantes continuos”, agregó el médico.

La cobertura forestal ayuda a filtrar el material particulado o PM, ya que este se retiene en las hojas de los árboles que actúan como filtros de aire. (Foto: Braulio Romero).

(Créditos: )

Tokio 2021

Según datos de Naciones Unidas, Tokio es la ciudad con mayor población del mundo, por lo que las aglomeraciones son comunes. No obstante, la pandemia redujo la cantidad de personas en las calles, sin dejar de lado que el gobierno japonés, desde 2001, ha tomado medidas para reducir la contaminación del aire.

Como resultado, Airmine —organización encargada de desarrollar productos y servicios que reduzcan el impacto de la contaminación del aire— determinó que la concentración de partículas contaminantes se ha reducido a la mitad en Tokio, aunque el ozono y los compuestos orgánicos volátiles (COV) siguen en niveles altos.

Sin embargo, de acuerdo con Airmine, dichos contaminantes tienden a afectar menos el rendimiento deportivo, por lo que inconvenientes como las altas temperaturas o la humedad adquieren mayor importancia al momento de velar por la salud de los participantes en los Juegos Olímpicos de Tokio 2021.

Además, para asegurar la buena práctica deportiva, Kunak —empresa enfocada en capturar datos ambientales— trabaja en colaboración con World Athletics (a cargo del atletismo a nivel mundial) y el Comité Olímpico Internacional (COI) para analizar las condiciones ambientales.

Asimismo, según datos de IQAir —plataforma de información sobre la calidad del aire en tiempo real—, si bien el PM no sobrepasa la recomendación de exposición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sí continúa siendo el contaminante más común en Tokio.

Más allá de los contaminantes propios de la ciudad japonesa, hay otro factor externo que puede afectar a los participantes de la justa olímpica. Se trata del polvo asiático (o polvo amarillo), un “fenómeno meteorológico donde los vientos rápidos en Asia Central y China levantan densas nubes de partículas que son llevadas a Corea, a Japón y, a veces, a Estados Unidos”, según lo describe Airmine.

Estas nubes incluyen azufre, monóxido de carbono (CO), ceniza y demás contaminantes del aire que generan preocupación en el continente asiático, con efectos tan variados como asma, dolores de garganta o reducción de visibilidad, debido a las nubes de polvo.

Asimismo, lo inquietante de la contaminación del aire no solo recae en lo difícil que es evitarla, sino en que el cuerpo no está completamente preparado para afrontarla.

Al respecto, Luis Fernando Chacón —director del Centro de Investigación en Ciencias del Movimiento Humano de la Universidad de Costa Rica— expresó que “el cuerpo se puede ajustar a condiciones adversas, pero cuando esa condición es contaminación no es posible adaptarse, solo sufrirla”.

Preocupación de larga data

Es innegable que las condiciones climáticas y la contaminación han preocupado al panorama deportivo desde hace décadas. Por ejemplo, la justa de 1968 estuvo llena de polémica debido a la altitud de Ciudad de México, en una edición que fue conocida como la Olimpiada del Oxígeno; o en 1996 cuando el calor de Atlanta llevó al atleta estadounidense Chris Huffins a exclamar: “si no te has aclimatado, te matará”.

A pesar de los avances médicos o la creciente concientización mundial sobre el cambio climático, la problemática se mantiene. Las últimas tres ediciones olímpicas —Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016— han acarreado preocupaciones que, al día de hoy, parecieran propias de la elección de una sede olímpica.

Chacón añadió que esto “no es un tema nuevo, ya que —para Beijing 2008— se tomaron medidas como cerrar fábricas para mejorar la calidad del aire, aunque cuando se trata de contaminación ambiental uno no puede llegar muy lejos”.


Síntomas a tener en cuenta

Los médicos Wing Ching Chan y Carlos Estrada alertaron sobre la importancia de que las personas atletas presten especial atención a los siguientes síntomas, ya que pueden ser indicadores de una condición pulmonar que requiera tratamiento:

  • Sensación de apretazón en el pecho.
  • Dificultad para llevar aire a los pulmones: el ahogo durante un entrenamiento siempre es motivo de consulta, pues permite determinar si un paciente padece de asma bronquial o alguna enfermedad que se deba frenar.
  • Sonorización de silbido al respirar, conocido médicamente como sibilancias respiratorias.
  • Presencia de flemas y congestión nasal.
  • Tos al competir o al entrenar después del 80% de la frecuencia cardíaca máxima, en niveles de exigencia, o en el período de recuperación post entrenamiento.

Cuida tus pulmones

Entre las recomendaciones para atletas, el neumólogo Carlos Estrada sugirió que se apliquen los siguientes cuidados:

  1. Precalentamiento: El precalentamiento es importante ya que permite que la vía respiratoria se aclimate a lo que está sucediendo. Los primeros 15 minutos de un entrenamiento deben dedicarse al estiramiento, asegurándose de que la exigencia y frecuencias cardíacas se mantengan a un nivel bajo. No se debe permitir que un atleta entre rápido a zona de exigencia máxima, salvo que se trate de un deporte que así lo requiera.
  2. Tratamiento: Si un deportista es asmático se recomienda el tratamiento para mantener la condición bajo control. Si se sufre de asma inducida por el ejercicio también se recomienda el uso de medicamentos preventivos como inhaladores antiinflamatorios y medicamentos que permitan que la vía respiratoria no se cierre tan rápido.
  3. Vacunación y uso de prebióticos: La vacunación y los prebióticos le dan una capa de seguridad y defensa al cuerpo ante la exposición a ambientes adversos.
  4. Evitar el uso de mascarillas durante el entrenamiento: Las mascarillas pueden ocasionar una caída en la capacidad de consumo de oxígeno, activan mecanismos de inflamación y pueden obstruir una adecuada respiración.
  5. Limpiezas nasales: La nariz es el filtro de los pulmones y está siempre expuesta a sustancias irritantes. Por eso, se recomiendan lavados nasales para evitar la activación de una condición respiratoria.
  6. Cobertura de cuello: La regulación de nuestra vía respiratoria se da a nivel del cuello. Por ende, es recomendable que cualquier atleta que entrene en la madrugada utilice algún tipo de cuello de protección para regular la temperatura.