La temperatura y la lluvia son fenómenos meteorológicos interconectados que determinan, por ejemplo, los ciclos de las cosechas de los alimentos. En consecuencia también son capaces de afectar la economía: la del país y la familiar, en caso de que algunos de los productos que forman parte de la dieta lleguen a escasear.

Por esa razón, conocer cómo el cambio climático está modificando los equilibrios naturales de la temperatura y la lluvia es fundamental —entre otras razones— para la supervivencia de los agricultores y sus empresas.

Lamentablemente, las subidas que, paulatinamente, ha introducido el cambio climático en la temperatura de Costa Rica serían la razón detrás de la caída en el rendimiento de los cultivos de café, maíz y frijol, advierte un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Una situación que podría agravarse e impactar negativamente la economía nacional hacia finales de este siglo. “Los resultados muestran que el cambio climático ya está teniendo efectos adversos sobre la producción de algunos cultivos. La temperatura que permite lograr los mayores rendimientos en la producción de maíz, frijol y café probablemente ya fue rebasada, por lo que los climas más cálidos tenderían a reducir la producción de estos tres cultivos”, señalaron Juan Luis Ordaz, Diana Ramírez, Jorge Mora, Alicia Acosta y Braulio Serna, investigadores de Cepal, en el estudio.

Los climas más cálidos, que están afectando al maíz, café y frijol, se han ido acelerando en los meses de su siembra y cosecha.

Un binomio clave

En los últimos 30 años, todos los meses han tenido cambios al alza en la temperatura promedio, si se les compara con periodos similares, a inicios mediados y finales del siglo pasado. También, algunos meses han sido más susceptibles a un aumento de las precipitaciones.

Por ejemplo: en los últimos 30 años, en el mes de setiembre hubo un aumento de temperatura y en el mismo período, pero en el mes de octubre, las precipitaciones se elevaron.

Esas variaciones han sido explicadas en estudios teóricos y de modelización del clima, los cuales sugieren que una temperatura más cálida, debido a mayores emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), redundaría en un incremento de las lluvias extremas respecto de su valor medio, según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).

“En el pasado, nuestros abuelos llamaban temporal a la lluvia que caía a diario, incesantemente, durante  toda una semana. Ese patrón ha cambiado. Actualmente, en un lapso menor, cae la misma cantidad de lluvia que antes caía en un período más extenso, como sucedió en Turrialba en julio de 2021. Gracias a los datos registrados en 50 años, podemos confirmar que ese caso corresponde a un cambio del clima bastante significativo”, comentó Luis Fernando Alvarado, coordinador de la Unidad de Climatología del Instituto Meteorológico Nacional (IMN).

Vale aclarar que no todas las regiones climáticas del país son más propensas a las lluvias extremas, a  otras las afectan las sequías. De hecho, el IMN distingue siete regiones climáticas : Valle Central, Pacífico Norte, Pacífico Central, Pacífico Sur, Caribe Norte, Caribe Sur y Zona Norte.

¿Por qué el IMN usa regiones y no provincias? Porque, por ejemplo, aunque Turrialba está en Cartago, su cercanía geográfica con la provincia de Limón hace que su clima sea tropical húmedo. Y si usted ha visitado San Carlos habrá sentido muy diferente su clima respecto al de Orotina, aunque ambos cantones sean de Alajuela.

Las variaciones de temperatura son las causantes de lluvias más copiosas y, en consecuencia, de inundaciones más graves como las que afectan cada vez más a la vertiente Caribe, pero también son responsables de intensificar el impacto del fenómeno de El Niño, lo que hace que su calor sea más constante y permanente.

Ese efecto de más calor ya lo sufrieron los habitantes del Pacífico Norte (Guanacaste)  y Central (algunos cantones de Puntarenas), en 2014 y 2015, cuando encararon la peor sequía desde 1950. Esta situación causó escasez de agua y afectó el desarrollo de actividades ganaderas y agrícolas.

A causa de esa sequía, solo en el Pacífico Norte, los productores agrícolas perdieron ₡7,209 millones. Entre tanto, en el Pacífico Central las pérdidas sumaron ₡1,030 millones, según datos de la Comisión Nacional de Emergencia (CNE).

El calentamiento de la atmósfera —provocado principalmente por mayores emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)— no solo altera a las cosechas agrícolas del Pacífico Central, también daña su producción de pescado comestible. El aumento de las temperaturas cambia la salinidad del agua, reduce el ph (acidez) de los océanos y cambia la concentración del oxígeno, alterando el equilibrio de vida y reproducción de las especies marinas.

Otro de los efectos del calentamiento global en Puntarenas es el aumento del nivel del mar. Allí, un oleaje mayor de tres metros inunda zonas cercanas al estero como El Cocal y Barrio El Carmen.

Menos frío, menos papas

Hubo una época en que, en Cartago, las personas vestían con suéter casi siempre. Sin embargo, con el paso de los años, la provincia se ha vuelto más caliente.

Las temperaturas promedio registradas en Cartago, primordialmente para los meses entre abril y setiembre, alcanzaron medias superiores a los 20 °C en el lapso de 1991-2020, es decir, hasta 0,62 °C más que en el periodo de 1901-1930.

Ese incremento en la temperatura podría llegar a afectar la producción de papas y cebollas. En Llano Grande, donde se cultivan ambos productos agrícolas, los productores han alertado que las lluvias han disminuido con el tiempo y, en contraste, ha subido el calor. Razones que explican por qué se secan las plantas y la tierra.

Ese desequilibrio climático también ofusca a la comunidad indígena cabécar en Grano de Oro de Turrialba. Sus habitantes se quejan de que ya no es posible practicar la agricultura como hacían sus ancestros. La incertidumbre de no saber cuándo lloverá les impide planificar sus cultivos.

Certezas científicas

La ciencia alerta de que la certeza de que el cambio climático es responsable de esas variaciones vendrá en los años posteriores a 2040 e incluso hasta 2100. Para esas fechas, la comunidad científica prevé corroborar, con necesarias largas series de datos, lo que hasta ahora dicen las proyecciones: cuánto habrá alterado el cambio climático a la temperatura y la lluvia.

También si habrá aumentado la frecuencia, intensidad y magnitud de ciclos naturales iterativos y ancestrales como los de El Niño (fase cálida que provoca sequías) y La Niña (fase fría, de déficit de lluvias), fenómenos que impactan considerablemente el clima y la producción agrícola de Costa Rica.

Este artículo se publica gracias a una alianza entre Ojo al Clima y La Data Cuenta (www.ladatacuenta.com).


Sobre los gráficos

En el primer gráfico se utilizaron dos módulos de barras para facilitar el análisis de la relación entre temperaturas y precipitaciones. Las variaciones que aparecen en los meses de julio y setiembre (temperaturas) y agosto-octubre (precipitaciones) son respecto del primer periodo de estudio: 1901-1930.

Para corroborar que efectivamente hubo cambios significativos en los valores de las variables climáticas, los científicos suelen usar lapsos observados de 30 o 50 años.

El segundo gráfico, de dos ejes, pretende no solo mostrar la relación entre temperaturas y lluvias —datos promedio para cada año— sino también la línea de tendencia (promedio móvil de cada tres años) que han seguido ambos elementos del clima entre 1900 y 2020.


La pimienta es un cultivo que requiere un clima caliente y húmedo, con precipitaciones anuales entre 1.500 a 2.500 milímetros, distribuídas a lo largo del año, ya que no soporta períodos prolongados de sequía. (Foto: Nina Cordero).

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