Este mes, los países hablan de biodiversidad y, en noviembre, conversarán sobre el cambio climático. La urgencia yace en el centro de las negociaciones y, debido a ello, una toma de decisiones basada en evidencia es prioritaria. Allí es cuando los políticos y la sociedad civil miran a la ciencia.

El Centro de Investigación en Biodiversidad y Ecología Tropical (Cibet) aspira a convertirse en ese referente nacional que ayude a las personas —desde los vecinos de un barrio hasta los políticos sentados en una silla ministerial— a la hora de tomar decisiones que terminarán por impactar su calidad de vida.

El Cibet nació el 18 de febrero del 2020 cuando el Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica (UCR) aprobó su creación. Y, en tan solo 20 meses, ha logrado cosechar 35 publicaciones científicas y tener 12 proyectos de investigación activos.

“Esto refleja la productividad y nos pone optimistas de cara al futuro”, comentó Bernal Rodríguez, quien es el director del centro.

Ojo al Clima conversó con Rodríguez sobre la trascendencia de la investigación que allí se hace, también sobre la importancia de que las personas se empoderen del conocimiento en biodiversidad y cambio climático.

¿Cuán importante es conocer la biodiversidad en este contexto de cambio climático?

—Como país tropical, nuestra riqueza está precisamente en la biodiversidad y desde siempre ha existido la necesidad por conocer el entorno. Basta con ir al Museo Nacional o al Museo de Jade para ver las artesanías indígenas con forma de jaguar, águila o rana. La diferencia es que ahora ya no solo necesitamos saber cuáles son las especies, sino también qué papel juegan en los ecosistemas, cuáles son sus relaciones con otras especies y esto nos acerca más al entendimiento de cuál es nuestro vínculo, como humanos, con esos organismos.

Esto nos ayuda a entender cuál es el impacto que tienen nuestras actividades sobre esa riqueza de especies y cómo podemos estar afectando la biodiversidad y cómo nos puede afectar a nosotros. Eso es sumamente importante en el contexto de cambio climático.

Este contexto de cambio climático, ¿está apretando el acelerador en cuanto a los estudios en biodiversidad?

—Muchas cosas aprietan el acelerador y, por supuesto, el cambio climático es uno. Creo que es un tema que la sociedad costarricense todavía no tiene tan vigente como debería o, por lo menos, no se ve reflejado del todo en muchas decisiones. Somos un país avanzado en comparación con otros; sin embargo, aún falta.

Otro tema, y donde creo que tenemos que apretar el acelerador, es en seguir tratando de entender el impacto que tienen nuestras actividades en la biodiversidad y en cómo reducir ese impacto. Esa relación entre ciencia, biodiversidad y la parte productiva, todavía nos falta estudiarla más.

Cuando se habla de estudios en biodiversidad, uno se imagina al biólogo metido en la montaña. Sin embargo, el Cibet está volviendo la mirada a los entornos urbanos.

—La pregunta de investigación que usted puede responder en un ecosistema más o menos sano es muy interesante. Sin embargo, en los últimos años, ha habido un interés por mejorar la calidad de vida de las personas en las ciudades y parte de las claves es tener entornos más diversos con los que uno pueda convivir.

Como personas queremos tener ciudades donde se mejore la calidad de vida y la biodiversidad es fundamental en eso. Entonces, claro, en el Cibet tenemos líneas de trabajo en ecología urbana.

Eso me pone a pensar en el empoderamiento que puede brindar el conocimiento científico en biodiversidad a la sociedad, no solo para acelerar procesos sino también para sustentar decisiones, incluso a nivel de barrio.

—Es un proceso. Costa Rica es reconocida por su diversidad y, en buena medida, el turismo depende de ella. Cuando se camina unos 100 metros dentro del bosque, realmente lo que se ve es muy similar a lo que se observa en otro país centroamericano. El bosque es similar. La gran diferencia, entre otras cosas, es que esos 100 metros se caminan con un libro de escarabajos o aves bajo el brazo o junto a un guía que va comunicando el conocimiento que se ha generado en años. Esos 100 metros se caminan con mucha información, mucho conocimiento. Eso hace que esos 100 metros sean una experiencia mucho más rica.

Y eso no es cuestión reciente, lo que estamos cosechando son años de estar estudiando la biodiversidad. Lo mismo va a pasar con el cambio climático. Hay que generar toda esa información y esta debe llegar a la sociedad para que se vuelva un tema que influya en las decisiones que se toman en el barrio, la escuela, el trabajo. Es un proceso en el que hay que trabajar.

El investigador Bernal Rodríguez asumió la dirección del Cibet desde 2020; es su primer director. (Foto: Miriet Ábrego Zúñiga).

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¿El Cibet se proyecta, desde la ciencia, como una entidad que brinda a los diferentes actores una guía para la toma de decisiones a partir de todo este entendimiento de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos?

—El enfoque que tenemos, que además es un enfoque más fresco, es que la ciencia tiene un compromiso por mejorar la calidad de vida de las personas. Entonces, detrás de los trabajos científicos, por más ciencia pura que sea, eventualmente tienen que ayudar a las personas y eso incluye la toma de decisiones.

Cuando el Cibet fue gestado, en el proceso de desarrollar una propuesta para el Consejo Universitario, se tenía claro que lo que se pretendía era centralizar la investigación en biodiversidad en este centro y que fuera una fuente de información para el país. Que el Cibet sea un referente para las listas de especies, que sea un referente para las relaciones que puedan existir entre cultivos y biodiversidad, que sea un referente para las municipalidades y sus planes de manejo.

Realmente lo que queremos es centralizar la información que va a ser importante para la toma de decisiones. Creo que, si bien estamos en el proceso de construcción, se proyecta que el Cibet llegue a tomar ese espacio.

Últimamente se han hecho muchos diagnósticos mundiales y países tan pequeños como el nuestro tienden a diluirse en este análisis tan macro. ¿Eso refuerza la importancia de tener referentes a nivel local precisamente para actuar localmente?

—Aunque somos un puntito en el mapamundi, pues somos un puntito en una región clave como lo es Mesoamérica. Es mejor tener aunque sea un puntito de datos a no tener nada. Y si ese puntito de datos, además, es información que puede extrapolarse al resto de Centroamérica, porque mucha de nuestra diversidad es la misma que tiene Nicaragua o El Salvador.

Cuando nosotros generamos conocimiento, aunque esa investigación se ha hecho en Costa Rica, la información es válida para la región. Las especies están a nivel regional, entonces también es muy importante tener claro el impacto que puede tener la investigación.

Con la pregunta me refería a la importancia de contar con información local para poder trascender las soluciones de “caja de cereal”, ya que las condiciones que tenemos aquí no necesariamente son las mismas que en el resto del mundo.

—Y muchas veces, esas políticas —inclusive a nivel científico— funcionan bien en ecosistemas más sencillos. El trópico es complejo. Y claro, allí yace la importancia de contar con ese conocimiento para aproximar soluciones más a la medida.

La UCR, cuando decide crear el Cibet, está —por decirlo de alguna forma— poniendo las cosas en orden. La tarea se viene haciendo por años y, al fundar el Cibet, lo que está haciendo la Universidad es dar las condiciones para fortalecer esa labor científica.

Por ejemplo, el Museo de Zoología y el Herbario vienen trabajando desde hace años bajo la tutela de la Escuela Biología. Los presupuestos o la oportunidad de crecimiento de estas unidades está limitado porque está bajo la Vicerrectoría de Docencia. Si bien cumple una función importantísima en los planes de estudio, en la parte de investigación toca un techo. Ahora que están bajo la tutela de la Vicerrectoría de Investigación, entonces se les permite seguir creciendo.

Hablemos más en detalle de las líneas de investigación.

—Arrancamos con la investigación que ya veníamos haciendo, tanto en el Museo de Zoología como en el Herbario. Eso tiene que ver con la sistemática y ecología de grupos de especies, sobre todo en aquellos grupos que ya trabajan los curadores como arañas, abejas, murciélagos, ranas, etc.

Por ahora, el mayor número de trabajos publicados está relacionado a la sistemática, esto se refiere a la identificación de especies y grupos nuevos, así como sus relaciones filogenéticas y ecología. Sin embargo, ya empiezan a verse trabajos relacionados con Acción Social y otros ecológicos en el contexto de cambio climático, también en el contexto agroforestal relacionado a cultivos.

Uno esperaría que, en unos años, este menú de trabajos sea amplio, porque dentro del Cibet caben muchas cosas distintas, incluso técnicas más innovadoras. Esperaría que, en los próximos años, podamos tener diferentes enfoques para estudiar la biodiversidad. Esperamos que empiecen a llegar investigadores de distintas áreas, con distintas preguntas y técnicas distintas.

A usted le correspondió ser el primer director del Cibet. ¿Cómo le gustaría verlo en cinco o diez años?

—Cuando llega la propuesta al Consejo Universitario, esta es producto de un trabajo de un grupo grande de investigadores de la Escuela de Biología que también me propone como candidato para ser el primer director.

Antes de eso pasó por todo un largo proceso y la propuesta del Cibet siempre fue bien recibida. Creo que hay un convencimiento en la comunidad universitaria sobre la necesidad de crear este centro de investigación. Eso ha permitido que se camine bien.

¿Cómo lo vemos en 10 años? Bueno, la visión tiene que ser compartida entre todos, pero sí me gustaría pensar que el Cibet sea el referente en estudios de biodiversidad para ese entonces, no solo a nivel nacional sino a nivel regional. Y cuando digo estudios de biodiversidad, incluye al ser humano y a la sociedad.

Que sea un centro más abierto, que no solo estudie las especies sino que investigue las relaciones que estas tienen con nosotros y nosotros con ellas. Y eso en muchos campos como enfermedades emergentes, ecología urbana, cambio climático, etc.

Entonces, en 10 años, veo que la UCR tendrá un impacto importante a nivel internacional, gracias a un centro de investigación ubicado en una región tropical altamente diversa y que produce ciencia de calidad.