En los últimos 20 años, la cobertura de coral vivo en Bahía Culebra, en Guanacaste, pasó de un 80% (tomando como referencia los registros de 1991) a un 5% en la actualidad.

“Bahía Culebra viene recuperándose poco a poco. Hay dos arrecifes que pasaron de 3-5% a 12-20%, pero no es el 80% que había antes. Esta zona está muy necesitada de intervención”, comentó Juan José Alvarado, investigador del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar) de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Esa pérdida y degradación de los arrecifes motivó a varias organizaciones a unirse para iniciar un proyecto de restauración que inició en agosto de 2019 y, para diciembre de 2021, se planea realizar la primera “siembra” de 500 corales en la zona entre playas Blanca y Virador.

Además del Cimar, al proyecto se sumaron el Sistema de Áreas de Conservación (Sinac), la organización Raising Coral, la empresa turística Península Papagayo y la Cooperación Alemana para el Desarrollo – GIZ.

Diversas especies de peces están utilizando las estructuras ubicadas en los viveros de Bahía Culebra. (Foto: Cimar UCR).

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Basados en la ciencia

Para Tatiana Villalobos, investigadora de la organización Raising Coral, la clave del éxito yace en la ciencia. “La investigación nos cuenta la historia de qué fue lo que pasó”, dijo Villalobos, y agregó: “Conocer esa historia nos permite tomar decisiones”.

La ventaja que tiene el proyecto es que el Cimar viene estudiando sistemáticamente este lugar desde la década de 1980. “Bahía Culebra es el único sitio que monitoreamos cada cuatro meses desde el 2012 y tenemos datos de cobertura desde 1991 de forma ininterrumpida”, comentó Alvarado.

Gracias a ello, los científicos notaron que —en la década del 2000— los alrededores de la bahía experimentaron un acelerado desarrollo turístico y urbanístico que, combinado a la actividad agrícola, empezaron a descargar sedimentos y nutrientes de origen humano en el mar, lo cual favoreció las floraciones algales nocivas o mareas rojas.

La exposición prolongada a estas mareas rojas produjo blanqueamiento y mortalidad entre los corales, además se favorecieron otros organismos —como macroalgas— que vinieron a competir con ellos por espacio, luz y alimento.

Lo sucedido en Bahía Culebra refleja una problemática mundial, donde las actividades humanas sumadas al calentamiento de los océanos están degradando y destruyendo estos ecosistemas.

A los arrecifes se les considera la base de los ecosistemas marinos, ya que dan soporte a más del 25% de la vida en el océano. No solo eso, 500 millones de personas en el mundo dependen directamente de ellos en términos de alimentación e ingresos por pesca y turismo.

En una prueba de siembra, se observa lo bien que se adaptó y prosperó el coral. (Foto: Cimar UCR).

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Restauración

En un esfuerzo por asistir a los arrecifes en su recuperación, los investigadores recurren a técnicas de reproducción asexual, las cuales requieren colonias que sirvan de donantes. En el caso de Bahía Culebra, se privilegian las especies Pavona clavus, Pavona gigantea y Pocillopora.

“El foco de la restauración en Bahía Culebra es recuperar Pocillopora, porque es el principal constructor de los arrecifes”, señaló Alvarado.

Los científicos toman muestras, no más del 10% para evitar poner en peligro a la colonia natural, que someten a técnicas de fragmentación y microfragmentación. Posteriormente, esos fragmentos se colocan en dos tipos de estructuras que yacen en el vivero: una asemeja un tendedero de ropa y la otra es una araña de acero que se asienta en el fondo.

“El objetivo del vivero es brindar condiciones más favorables para que el coral solo se preocupe por crecer”, detalló Villalobos y agregó: “los corales cuando están chiquititos, al igual que pasa con los árboles, tienen el problema de que todo compite con ellos. Lo que hacemos en el vivero es darles cuidados para que alcancen un tamaño que, cuando los llevemos al sitio de restauración, les permita competir y no vayan a ser depredados tan fácilmente”.

Como parte de las actividades de mantenimiento, los investigadores limpian las estructuras para librar a los corales de competidores. Hace un par de meses, en el marco del proyecto, se empezó a llevar turistas a los viveros con dos propósitos: disfrutar de la naturaleza y también colaborar con estas labores. Ellos no tocan los corales, solo quitan las algas y otros organismos que los amenazan.

Todo ello se hace al amparo de un Plan de Aprovechamiento Turístico, el cual permite realizar un uso sostenible del recurso, asegurando las mejores prácticas para así salvaguardar los ecosistemas coralinos sin poner en riesgo su supervivencia y adecuado desarrollo.

Según Mauricio Solano, asesor técnico del programa Biodiversidad y Negocios de GIZ, la idea es que este plan sirva de modelo para otros países. Por ello, se detallará desde el tipo de certificación de buceo que se requiere hasta la capacidad de carga en los viveros, las actividades que pueden hacer los turistas, entre otros aspectos.

Para Alvarado, el involucramiento del turismo también se ve como una alternativa para darle sostenibilidad económica al proyecto. “Para que el proyecto sea exitoso realmente necesitamos de tres a cinco años para poder ver si los corales están creciendo”, dijo.

La restauración llevada a cabo en Bahía Culebra es la segunda que se realiza en el Pacífico de Costa Rica. La primera se ubica en el Golfo Dulce y es liderada por Raising Coral. (Foto: Cimar UCR).

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Buenos resultados

Todos los meses, los investigadores realizan censos de peces, también toman muestras de agua y llevan un registro de la temperatura.

“Yo tenía 20 años de no ver un tiburón punta blanca en Bahía Culebra y vimos uno en la última gira. En los viveros de playa Blanca, por ejemplo, se nos están metiendo tiburones gata en las estructuras. También hemos visto pulpos, caballitos de mar y peces. En cuanto a los peces, estamos contando cada vez más especies diferentes en los viveros”, destacó Alvarado.

El proyecto inició con 500 corales en los viveros y ahora contabilizan unos 4.000. Empezó con tres viveros y ahora cuenta con 20 en pleno funcionamiento. Comenzó en un sitio llamado Jícaro y ahora se extendió a las playas Blanca y Virador.

Los buenos resultados obtenidos en los viveros dan optimismo a los investigadores con miras a la primera “siembra” planeada para finales de año.