Las ciudades son el hábitat de las personas. Se calcula, según datos de C40, que estas emiten unas cinco toneladas per cápita. La meta propuesta para 2030 es reducir esa huella de carbono a tres o dos toneladas per cápita y neutralizarlas por completo en el 2050.

De allí, la necesidad de impulsar un modelo de desarrollo justo, descarbonizado y resiliente para las ciudades; sobre todo, asentado en soluciones basadas en naturaleza.

“Este modelo sostenible y resiliente necesita crear cambios transformacionales que nos permitan apuntar hacia una economía de cero emisiones netas y que contribuya positivamente a la naturaleza, en vez de afectarla. En conjunto, podemos ir más allá de los conceptos clásicos de crecimiento para enfocarnos en el bienestar de nuestras sociedades, con la naturaleza en el centro de nuestro modelo de desarrollo”, comentó la ministra de Ambiente y Energía, Andrea Meza, en declaraciones brindadas a medios de prensa.

“Por eso estamos aquí, por el compromiso que tienen desde el gobierno, hasta la sociedad civil y el sector empresarial que está aquí y que tienen un rol para responder a la crisis climática; pero más que responder a la crisis climática, en resguardar la naturaleza, las ciudades y las soluciones”, complementó el Secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, durante su visita a Costa Rica la semana pasada.

Base en la naturaleza

Blinken coincidió con Meza y Claudia Dobles, Primera Dama de la República y líder de temas urbanos, en la visión de impulsar ciudades más verdes en pos de la descarbonización, pero también de la adaptación. De hecho, uno de los objetivos de la visita del estadounidense era encontrar puntos de encuentro con miras a futuras colaboraciones entre ambos países.

Es más, Blinken reiteró el compromiso estadounidense de proteger el 30% de sus ecosistemas terrestres y marinos al 2030, objetivo acorde a las metas impulsadas desde la Coalición de Alta Ambición para la Naturaleza y la Gente liderada por Costa Rica, Francia y Reino Unido.

Dentro de los ecosistemas terrestres sin duda caben los espacios urbanos. De hecho, Costa Rica recientemente creó una nueva categoría de manejo para Parques Naturales Urbanos (PANU), mediante decreto ejecutivo N° 42742-MINAE, cuyo fin es conservar ecosistemas en la ciudad para aprovechar los servicios que estos prestan a las personas como captura y fijación de carbono, regulación hidrológica y térmica, bienestar físico y mental, entre otros.

El Parque Ecológico La Colina de Curridabat es el primer Parque Natural Urbano creado.

(Créditos: PNUD Costa Rica)

“Los ecosistemas urbanos son fundamentales para tener ciudades y personas sanas. Dentro del Plan Nacional de Descarbonización, Costa Rica se comprometió a tener 4.500 hectáreas de áreas verdes para el bienestar de la ciudadanía. Nuestro país necesita recordar que las áreas que ahora vemos urbanizadas y grises eran ecosistemas vivos hasta hace unas décadas. Con las medidas correctas, podemos rescatar a los sobrevivientes y regenerar muchas áreas que traerán salud y beneficios económicos a la ciudadanía”, dijo Meza en febrero pasado durante la firma del decreto que creó los PANU. 

Según la ministra, las soluciones basadas en la naturaleza aportan, al menos, el 30% de la solución climática. Si bien estas han demostrado ser costo-efectivas en el largo plazo y el respaldo monetario se ha incrementado en los últimos años, lo cierto es que el financiamiento sigue siendo bajo.

La iniciativa LEAF, siglas en inglés de Lowering Emissions by Accelerating Forest Finance, parte de una alianza público-privada cuyo fin es acelerar la acción climática al proporcionar financiamiento basado en resultados a países comprometidos con la protección de los bosques tropicales.

LEAF fue presentada en abril durante la Cumbre de Líderes sobre el Clima, auspiciada por el mandatario estadounidense Joe Biden, y pretende movilizar al menos $1.000 millones.

“La iniciativa LEAF potenciará la protección de los bosques tropicales, una labor donde Costa Rica tiene un avance pionero que ha generado tras décadas de experiencia en campo”, comentó Meza.

En lo otro que coincidieron las autoridades de ambos países fue el el uso de la tecnología para comprender los impactos en los ecosistemas y fomentar su protección. En este sentido, y aprovechando la visita de Blinken, se lanzó oficialmente el Sistema Nacional de Monitoreo de Cobertura y Uso de la Tierra y Ecosistemas (SIMOCUTE).

De hecho, recientemente, el Atlas de Servicios Ecosistémicos de la Gran Área Metropolitana se sumó a SIMOCUTE. Este atlas es una plataforma que busca armonizar la naturaleza y los asentamientos urbanos, todo en función de promover soluciones basadas en naturaleza.

SIMOCUTE también está apoyando procesos de monitoreo de la reducción de emisiones forestales REDD+, los cuales han resultado en el pago por resultados con el Fondo Verde del Clima y el Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques. También se está coordinando con el segundo Inventario Nacional Forestal y el Mapa de tipos de bosque.

Mucho del trabajo de SIMOCUTE se basa en imágenes provistas por satélites. Para ello se establecen convenios de cooperación con otros países, entre ellos, Estados Unidos.

El primer tramo de Rutas Naturbanas corre paralelo al río Torres, en barrio Tournón.

(Créditos: Michelle Soto)

Movilidad activa y sostenible

Blinken caminó junto a Dobles y Meza por el primer tramo de Rutas Naturbanas que consiste en 200 metros de sendero peatonal frente al río Torres en barrio Tournón.

Todo el recorrido consta de 400 metros, entre pasarelas y escalinatas. La mitad del sendero se camina paralelamente al cauce; de hecho, la salida del trayecto está justo al lado del puente sobre este afluente, el cual sirve para conectar Tournón con los barrios Amón y Otoya.

Conectar distintos puntos de la ciudad para promover la movilidad activa es lo que pretende Rutas Naturbanas, una iniciativa que pretende transformar 25 kilómetros de San José en senderos peatonales y ciclovías para así devolverle la ciudad a las personas y, con ello, contrarrestar la presencia de los automotores, las presas y las emisiones de carbono.

Para ello, Naturbanas recurre a los ríos Torres y María Aguilar como ejes centrales de sus circuitos. De hecho, ambos ríos favorecieron el proceso de asentamiento en San José y su estructuración de Este a Oeste, porque se siguió la dirección de sus cauces, podría decirse que a San José ser ciudad.

Se proyecta que el siguiente tramo a estrenarse conecte Uruca con Sabana Norte. En este caso serán 2,4 kilómetros e igualmente tendrá senderos peatonales y espacios para movilizarse en patines, patineta y bicicleta. La primera etapa, que consta de 300 metros, iniciará cerca de la plaza de la Uruca, pasando por el hotel Barceló San José para conectar, al otro lado del río, con Sabana Norte en una franja de terreno donde yace el barrio Las Luisas.

“Los vecinos de ese barrio, en este momento, están atrapados entre la pista y el río. Si quieren ir a la Uruca tienen que dar la vuelta por La Sabana y lo que se quiere, con este tramo, es solucionar también eso. Hay una serie de barreras que se han creado en la ciudad que, de alguna manera, Rutas Naturbanas busca sortear al crear conectividad física, ecológica, social y económica por todas las oportunidades que pudieran surgir a partir del proyecto”, comentó Alonso Briceño, arquitecto y director de Río Urbano.

A las ciudades estadounidenses les pasa exactamente lo mismo, explicó Andrew Wishnia, quien es subsecretario de Política Climática de la Oficina del Subsecretario de Política de Transporte del departamento de Transporte de los Estados Unidos.

Según Wishnia, si bien no se quiere forzar a nadie a prescindir del automóvil, las autoridades federales buscan ofrecer tantas opciones como sean posibles para que haya un mayor acceso a la movilidad activa. “De modo que la gente tenga una mejor infraestructura para bicicletas, una mejor infraestructura para peatones y calles más completas”, dijo.

Las calles completas, por ejemplo, no solo permiten reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) sino también son más seguras. “Reducen la velocidad del tráfico y también ofrecen opciones para que la gente pueda ir de un lugar a otro más cómodamente en bicicleta o caminando”, manifestó el subsecretario de Política Climática. 

“La gente que está adyacente a los sistemas de autopistas está particularmente expuesta a la contaminación atmosférica local, así que puede haber una gran diferencia, incluso en el lapso de una cuadra, con respecto a la cantidad de contaminación a la que se está expuesto. En términos de equidad social, estamos pensando absolutamente en resultados equitativos y en asegurar que las comunidades están reconectadas, y que estamos resolviendo muchas de las dolencias económicas y de salud que están afligiendo a tanta gente”, agregó Wishnia.

Al igual que Costa Rica, y según Jonathan Pershing quien es asesor climático de la administración Biden-Harris, el transporte es el mayor emisor de GEI con un 29% de las emisiones reportadas en 2019. Ese porcentaje incluye carros, camiones y buses así como aviones, barcos y trenes.

En el caso tico, el transporte es el responsable del 40% de las emisiones del sector energía porque, precisamente, consume el 61% de los hidrocarburos. Dentro de este sector, la flota privada es el mayor emisor, ya que circulan alrededor de 1,6 millones de vehículos.

Según el Programa Estado de la Nación (PEN), las presas tienen un costo de $590 millones debido a la pérdida de tiempo y, por tanto, de productividad. Esto sin tener en cuenta los costos en salud, ya que las partículas que se desprenden de la combustión de la gasolina y el diésel contaminan el aire y causan enfermedades cardiorespiratorias.

Por ello, el Plan Nacional de Descarbonización apuesta a la movilidad sostenible para reducir las emisiones y mejorar la calidad de vida de las personas. Al 2050, según el primer eje del plan, se aspira a un incremento de -al menos- el 10% de las movilizaciones no motorizadas en el Gran Área Metropolitana (GAM).

¿Qué son movilizaciones no motorizadas? Pues aquellas que se centran en el peatón, en primer lugar, seguido de los medios activos como las patinetas, los patines y las bicicletas. Allí es donde los circuitos de Rutas Naturbanas y las calles completas a las que se refiere Wishnia hacen su contribución, ya que ofrecen espacios seguros, iluminados y con las facilidades para poder optar por estos medios de transporte que son cero emisiones.

Los techos del edificio del BCCR se utilizan tanto como jardines como para colocar paneles solares.

(Créditos: )

Sumar a los edificios

El primer tramo de Rutas Naturbanas fue posible porque los desarrolladores e inversionistas del nuevo edificio del Banco Central, llamado ODM, contemplaron este sendero peatonal dentro del diseño del inmueble y cedieron ese espacio para uso público.

El primer criterio de sostenibilidad que cumple este edificio es que toma en cuenta el entorno como protagonista y eje central de la propuesta de diseño. En este sentido, el edificio da la cara al río Torres.

“La idea era hacer un edificio de baja altura, seis niveles, para que todas las personas que lo iban a habitar disfrutaran de las vistas al río y a sus áreas de protección, las cuales fueron intervenidas para limpiarlas e incrementar la masa verde. El edificio se ubica en el centro del terreno, con amplias fachadas de vidrio y una geometría que permite diversas vistas hacia el río, siguiendo su trazo sinuoso”, explicó el arquitecto Ramón Rappaccioli, quien es socio director de Daniel Lacayo & Asociados, en un comunicado de prensa.

Asimismo, el edificio cumple con varias características de la arquitectura bioclimática que aprovecha los recursos naturales disponibles -como el sol, la vegetación y el viento- para solucionar temas de iluminación y ventilación, esto con el fin de disminuir los impactos ambientales.

Por ejemplo, no solo está orientado para aprovechar la luz y el viento sino que cuenta con una serie de vidrieras que sacan el mayor provecho a las horas diurnas. Asimismo, se instaló un sistema inteligente de luminarias LED que adaptan su intensidad a la cantidad de luz natural disponible, lo cual deriva en ahorros.

En los techos de los parqueos se instalaron zonas verdes que ayudan a disminuir las superficies pavimentadas, lo cual evita el recalentamiento del techo y ayuda a refrescar el ambiente bajo este. Igualmente, en el techo superior se instalaron paneles solares que solventan el 15% de la energía que consume el inmueble. De hecho, en los parqueos existen espacios preferenciales para vehículos de tecnologías bajas en emisiones y algunos cuentan con centros de carga para carros eléctricos.

También se construyeron parqueos para bicicletas y se dotó al edificio de espacios con duchas para así favorecer el uso de la bicicleta como medios de transporte entre los empleados del Banco Central.

Como parte de la infraestructura verde, se construyeron tres lagunas cuyo objetivo es captar el agua de lluvia. Una parte de esta se emplea en los servicios sanitarios y el resto queda almacenada para, poco a poco, irla liberando al río sin que este sufra una sobrecarga.

También se sembraron 300 árboles y plantas de especies nativas. Esta vegetación, aparte de embellecer, cumple funciones de regulación térmica gracias a que la sombra que proyectan los árboles aliviana el calor que se siente debido al reflejo de los rayos solares en el cemento. También, las plantas ayudan a “amarrar el suelo” y, con ello, evitar la escorrentía que es el arrastre de sedimentos que se da cuando llueve fuertemente.

Edificios como este se encuentran en la ciudad de Detroit, en Michigan (Estados Unidos). Quizá la diferencia es que están organizados en un programa llamado Distritos 2030.

Todo inició cuando el arquitecto Ed Mazria, a través del Reto de Arquitectura 2030, retó a sus colegas a diseñar, construir y remodelar edificios enfocados en diminuir el consumo de energía y agua en un 50% al año 2030 y, en el caso de los nuevos, conceptualizarlos para ser carbono neutrales. Cuando la iniciativa escaló a ciudades y empezó a expandirse por todo el país, el reto se convirtió en el programa Distritos 2030. Seattle se convirtió en la primera ciudad que se sumó a la iniciativa que actualmente consta de 23 urbes.

El programa es una alianza público-privada que busca colaborar con los propietarios y administradores de edificios. “Básicamente estamos tratando de tomar una ciudad entera de edificios y creando una atmósfera libre de carbono dentro de los edificios, así como fuera de los edificios, incluyendo las emisiones del transporte”, explicó Connie Lilley, directora de Distritos 2030 en Detroit.

En el caso de Detroit, la construcción sostenible vino a darle un nuevo aire a la ciudad tras sufrir bancarrota en el 2013. Las empresas comenzaron a construir con el fin de trasladar sus negocios al centro, sobre todo aquellos enfocados en tecnología.

Pronto, personas con edades entre los 19 y 34 años-quienes actualmente constituyen el 60% de los residentes del centro de Detroit- se vieron atraídas tanto por las nuevas opciones de trabajo como por la experiencia de vida que les ofrecía una urbe con 37 parques y plazas, una zona natural frente al río con atracciones para la gastronomía, la recreación y el deporte, así como opciones de transporte como trenes, ciclovías y pasarelas para peatones.

“Somos una ciudad muy caminable, aunque se nos conoce como la meca del automóvil porque es una de nuestras principales industrias. Usamos muchas bicicletas y ciclomotores”, dijo Lilley.

Detroit cuenta con 37 parques y plazas. De hecho, su riverfront dinamiza la vida de la ciudad.

(Créditos: US Foreign Press Centers)

En este contexto, Distritos 2030 – Detroit inició funciones en 2017. ¿Cómo funciona? Los propietarios y administradores de edificios matriculan su inmueble en el programa para asistir a las reuniones y capacitaciones en construcción sostenible, también se les asesora y pasan a formar parte de la red. Los participantes se comprometen a medir su consumo de energía y agua, así como compartir sus datos.

“Tomamos todos los edificios suscritos al programa y agregamos los datos que nos envían. Luego medimos nuestras reducciones”, detalló Lilley, quien adujo que actualmente cuentan con 200 edificios participantes.

Los edificios en esta ciudad son responsables de cerca del 63% de las emisiones de GEI. “En Detroit teníamos una gran cantidad de edificios antiguos que eran ineficientes, y el renacimiento estaba empezando cuando nos lanzamos, así que estábamos realmente preparados para ponernos en marcha”, dijo la directora.

De hecho, el programa ha ayuda a transformar Detroit, beneficiando al medio ambiente pero también a las personas desde quienes quienes trabajan y viven en el edificio hasta a los vecinos del barrio. “La frase motivadora es que vamos a ser sostenibles, vamos a hacer lo mejor no sólo para el medio ambiente, sino también para que mis empleados tengan un edificio sano, para que lleven una vida sana, para que el aire sea más limpio, dentro y fuera del edificio, esto es muy importante porque las tasas de asma son muy altas”, señaló Lilley.

También tiene sentido económico. “Reduce los gastos de funcionamiento para el propietario y el gestor del edificio. Si hacen cambios en el edificio,  contratan más gente y crean puestos de trabajo en el sector de las energías renovables, por ejemplo”, destacó la lideresa de Distritos 2030 – Detroit.

El gobierno de Michigan viene a colaborar a nivel de los fondos. Por ejemplo: a través del programa financiero PACE, se presta el dinero para hacer las reformas y el costo se adjudica al impuesto de la propiedad. “Es una manera de que la gente haga mejoras en su edificio, mejoras de eficiencia energética, incluso cosas como un nuevo sistema de techo o un techo de jardín para reducir la escorrentía de aguas pluviales. Esta financiación PACE les proporcionará los fondos, pero luego simplemente se devuelve en un pago a los impuestos adicionales y se queda con el edificio, por lo que no tienen este gran desembolso de dinero”, explicó Lilley. 

El otro programa se llama Michigan Saves, que concede préstamos a un tipo de interés muy bajo. También cuenta con una cartera de incentivos para que los propietarios instalen mejores sistemas de iluminación y accesorios para el ahorro de agua, etc.

En cuanto a vivienda verdes y asequibles para clase baja, el programa trabaja con 40 organizaciones sin ánimo de lucro. “Estamos tratando de ayudar a las personas a tener un hogar bueno y ecológico en el que los servicios públicos no supongan más del 30% de sus ingresos”, dijo la directora.

Incluso, y según Lilley, se logró consolidar un fondo público-privado con un banco privado para poner a disposición $250 millones para financiar hogares y barrios sostenibles, tanto en cuanto a capacitación como asesoría y opciones de vivienda.