Dos herramientas muy pequeñas podrían ser cruciales para reducir el desperdicio del agua en la agricultura: el oxígeno-18 y el hidrógeno-2.

Liderados por Costa Rica, 15 países de América Latina acordaron el pasado 7 de marzo poner en marcha el proyecto “RLA 5077”, el cual buscará darle herramientas a los agricultores para hacer un uso más eficiente del agua en sus plantaciones.

Tal vez la característica más importante del proyecto es que, para medir la eficiencia en el uso del agua, echará mano de un inusual aliado: la tecnología atómica.

Así lo explicó la coordinadora general del proyecto, Cristina Chinchilla, quien es investigadora del Centro de Investigación en Contaminación Ambiental (CICA) de la Universidad de Costa Rica (UCR).

“La técnica, en sí, consiste en que usted toma muestras del suelo, de la planta y del vapor de agua en el aire. Analizando la composición de isótopos de cada muestra, usted puede ver si el agua evaporada viene del suelo o de la transpiración de la planta”, explicó Chinchilla.

Según la investigadora, el objetivo es que la planta sea quien transpira el agua. Si, por otro lado, encuentran que el agua evaporada viene del suelo, esto significa desperdicio y, por lo tanto, un mal uso del recurso hídrico.

Chinchilla, además, aseguró que hacer uso eficiente del agua es cada vez más importante, ya que el recurso está bajo seria amenaza por el cambio climático.

No obstante, hasta el momento, el sector agrícola no ha sido tan eficiente con su uso de agua, especialmente para actividades de riego.

Según un reporte del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), en Centroamérica el 70% del agua disponible se destina a la agricultura. De esa agua, menos del 30% se usa eficientemente en los cultivos. La mayoría, sin embargo, se desperdicia.

“El continente americano es el que tiene más agua de todo el globo terráqueo, un 33% de las reservas mundiales. Sin embargo, somos una región que desperdicia mucho el agua en la agricultura”, indicó Víctor Villalobos, director general del IICA en el 2013, a la agencia AFP

A pesar del alto desperdicio de agua en el sector, el gerente técnico del Instituto del Café de Costa Rica (Icafé), Carlos Fonseca, aseguró que no se puede generalizar el desperdicio a toda la agricultura, ya que el desperdicio en el café, por ejemplo, es relativamente bajo comparado con otros cultivos como la piña.

“Depende de cuál sector agrícola se esté hablando. Si me dicen (desperdicio de agua) en piña, entonces ahí sí. Pero no se puede generalizar”, aseguró Fonseca.

Tecnología atómica

En Costa Rica, precisamente el café es uno de los productos con más peso en la economía del país y con más tradición histórica. Por estas dos razones, Chinchilla eligió estudiar el consumo de agua de este producto.

“Cada país va a seleccionar su cultivo para estudiar. Nosotros vamos a trabajar en el país con algunas variedades de café”, explicó la investigadora de la UCR.

En todos los países, el proyecto consta de dos fases. En la primera, se hace un diagnóstico de cuánta agua se está desperdiciando en la plantación y, en la segunda, se buscan formas de hacer más eficiente ese consumo de agua.

Para medir qué tanta agua se está desperdiciando en las plantaciones usarán los isótopos oxígeno-18 e hidrógeno-2. Así, tomando muestras del vapor de agua en el aire, muestras de la planta y del suelo, pueden comparar la concentración de estos átomos y determinar si el agua se evapora del suelo o de la planta.

“Lo que yo quiero es reducir (la evaporación) que viene del suelo. O sea, quiero que toda el agua evaporada venga de la planta o no venga”, indicó Chinchilla.

Este mismo proyecto será llevado a cabo en otros 15 países de América Latina y se enmarca dentro del Acuerdo Regional de Cooperación para la Promoción de la Ciencia y Tecnología Nucleares en América Latina y el Caribe (Arcal).

Chinchilla será la coordinadora general de la investigación para toda la región. No obstante, también supervisará el estudio en el país, para el cual espera tener resultados en tres años.

El proyecto responde a que, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la eficiencia del riego en Centroamérica, el Caribe y América del Sur es menor al 40%, mientras que la media mundial ronda el 56%.

Eficiencia para todos

A pesar de las ventajas del proyecto, realizar estas mediciones con tecnología atómica es sumamente caro, aseguró la investigadora. Ella añadió que este tipo de análisis no se podrían estar haciendo frecuentemente.

Por esto, también pondrán a prueba un software llamado Aquacrop, que hace estimaciones del desperdicio de agua en los cultivos, explicó.

“Este es un programa desarrollado por la FAO. La idea es que usar un modelo de estos es más barato que estar haciendo trabajo de divisiones isotópicas”, aseguró la investigadora de la UCR.

Según Chinchilla, si los resultados propiciados por el software coinciden con los del análisis atómico, los productores podrían saber cuánta agua están gastando con solo poner simples datos en la computadora.

Asimismo, Octavio Ramírez, coordinador de la FAO en Costa Rica, coincidió en que este es un proyecto valioso para los productores nacionales, por lo que deben conocer y entender sus resultados.

“Hago un llamado a que la información que surja de esta acción conjunta sea puesta a disposición y transferida con el lenguaje requerido, para su apropiación por parte de las instituciones públicas, técnicos y productores relacionados al sector agropecuario”, aseguró Ramírez a través de un comunicado.

“(Los productores) son el público final. De nada sirve que trabaje con un productor y eso se quede ahí. Sino que en todo lo que es comunicación y acompañamiento hay que involucrar al sector”, culminó Chinchilla.

Agua y adaptación

Otra de las ventajas del proyecto, según aseguró Chinchilla, es que permitirá revisar el desperdicio de agua incluso en prácticas de adaptación al cambio climático. Según la investigadora, estas medidas tienden a olvidarse del agua.

“Cuando metemos una nueva práctica (de adaptación al cambio climático), se aplica porque va a reducir emisiones o va a capturar más carbono. Pero no siempre se sabe si eso que se está haciendo requiere más agua”, señaló la investigadora.

Según explica Chinchilla, el proyecto buscará evaluar si el consumo de agua de estas nuevas prácticas resilientes al cambio climático realmente se está tomando en cuenta.

“En todo el proyecto, lo que se va a hacer es evaluar lo nuevo que se está planteando versus un escenario sin cambio. Así vamos a poder comparar si lo que se está planteando es verdaderamente una mejoría”, dijo la investigadora.

El gerente técnico del Icafé, Carlos Fonseca, confirmó que las prácticas de adaptación al cambio climático en el cultivo no están diseñadas en torno al agua, pero explicó que es porque el gasto de agua en café es relativamente bajo.

“¿Cuántas pulverizaciones tienen las hortalizas y cuántas el café? Por ejemplo, en hortalizas puede ser hasta una semanal; en café son tres al año”, señaló Fonseca.

Además, el gerente técnico del Icafé indicó que las pulverizaciones (riego) de café usan menos agua. Según Fonseca, en promedio se gastan 400 litros de agua por hectárea en una pulverización de café. Él añadió que, en comparación, en piña se puede llegar a usar hasta 5 o 6 veces esa cantidad y las pulverizaciones son mensuales.