El 54% de las personas en el mundo apoyan las políticas dirigidas a la conservación de los bosques y la tierra, así como aquellas orientadas a aumentar la energía solar, eólica y renovable (53%), la adopción de técnicas agrícolas respetuosas con el clima (52%) y una mayor inversión en empresas y empleos verdes (50%).

Eso es lo que la gente quiere, según los resultados del Peoples’ Climate Vote, la mayor encuesta mundial de opinión pública sobre el cambio climático a la fecha. Liderada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Universidad de Oxford, esta encuesta abarca 50 países, el 56% de la población mundial.

Se les preguntó a los participantes si el cambio climático era una emergencia mundial y si apoyaban 18 políticas climáticas claves en seis ámbitos de acción: economía, energía, transporte, alimentos y agro, naturaleza y protección de las personas.

Los resultados, sistematizados por la Universidad de Oxford con márgenes de error de apenas 1-2%, fueron contundentes: los ciudadanos suelen querer políticas climáticas más amplias que las actuales.

En ocho de los 10 países con las mayores emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en el sector eléctrico, por ejemplo, la mayoría de las personas apoyaban más a las energías renovables. En casi todos los países del G20 se evidenció un apoyo mayoritario a la inversión en empresas y empleos verdes.

En cuatro de los cinco países con mayores emisiones por el cambio de uso del suelo y con suficientes datos sobre las preferencias políticas, se vio un apoyo mayoritario a la conservación de los bosques y la tierra; mientras que nueve de cada 10 de los países con las poblaciones más urbanizadas apoyaron un mayor uso de carros y autobuses eléctricos que fueran limpios, así como el uso de bicicletas.

“Los resultados de la encuesta ilustran claramente que la acción climática urgente cuenta con un amplio apoyo entre la gente de todo el mundo, sin distinción de nacionalidades, edad, género o nivel educativo”, declaró Achim Steiner, administrador del PNUD, en un comunicado.

“Pero, además, la encuesta revela cómo quiere la gente que sus responsables políticos aborden la crisis. Desde la agricultura respetuosa con el clima hasta la protección de la naturaleza y la inversión en una recuperación verde post-COVID, la encuesta pone la voz de la gente en primera línea del debate climático. Señala las formas en que los países pueden avanzar con el apoyo de la población mientras trabajamos juntos para hacer frente a este enorme desafío”, continuó.

Si bien las encuestas como esta son medios por los cuales las personas dan a conocer sus opiniones, no son las únicas. La gente está recurriendo a diversidad de alternativas para hacerse escuchar y participar.

Las actividades de voluntariado son otra forma de participación ciudadana. Organizaciones de la sociedad civil suelen convocar a jornadas de recolección de basura, siembra de árboles, labores de mantenimiento en parques nacionales, etc. (Foto: Michelle Soto).

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Hacerse escuchar

Las acciones climáticas son políticas, medidas o programas orientados a reducir emisiones, construir resiliencia y financiar esos objetivos. En este sentido, la gente no solo exige más acción climática a sus gobiernos, sino que también sienten la necesidad de sumarse a esta y, de hecho, su involucramiento puede catalizar los cambios necesarios para la mitigación.

En el 2018, la Universidad de Massachusetts Lowell recurrió a un juego de rol sobre las negociaciones climáticas de Naciones Unidas para conocer el sentir de las personas con respecto al cambio climático. Participaron más de 2.000 personas de ocho países y cuatro continentes, desde estudiantes de secundaria hasta directores ejecutivos.

El resultado del ejercicio, documentado en un estudio publicado en Plos One, evidenció que el 81% de los participantes mostraron una mayor motivación para actuar ante el cambio climático.

Los investigadores observaron que, cuanto más aprendían a través del juego, más aumentaba su sensación de urgencia. Esto fue particularmente revelador en el caso de personas ajenas al grupo de los convencidos, incluidos quienes se identificaron previamente como partidarios del libre mercado, y personas que antes se preocupaban poco por el tema.

Uno de los coautores, Eduardo Fracassi, aplicó el juego de rol en países de Sudamérica y observó cómo muchos participantes, tras jugar, adoptaron proyectos para reducir emisiones de GEI en el mundo real.

“Nuestras conclusiones pueden ser útiles para cualquier persona que quiera involucrar a otros en la acción climática. Sugiere tres ingredientes claves: información basada en ciencia sólida, una experiencia que ayude a la gente a sentir por sí misma, en sus propios términos, y la interacción social que surge de la conversación con sus compañeros”, resumió Andrew Jones, coautor y uno de los fundadores de Climate Interactive.

Más recientemente, un estudio realizado por la Universidad de East Anglia y el Centro de Investigación Energética del Reino Unido (UKERC, por sus siglas en inglés), publicado en Nature Energy, se dio a la tarea de averiguar cómo el grado de involucramiento de los ciudadanos era determinante para realizar los cambios necesarios para reducir emisiones.

Usualmente, el compromiso ciudadano se mide en términos de concienciación pública, explorando el apoyo a las políticas y a las tecnologías de baja emisión de carbono. “Mediante el desarrollo de una forma más abierta de ver el problema de la participación, demostramos nuevas formas en que las personas se involucran”, destacó Jason Chilvers, autor principal del estudio y codirector de UKERC.

“Descubrimos que la gente tiene mucho más que decir y hacer para reducir las emisiones de carbono de lo que se pensaba. Descubrimos que la gente participa de muchas maneras diferentes: desde asambleas de ciudadanos, activismo y protestas, hasta la participación en línea, con tecnologías inteligentes en el hogar, en planes energéticos comunitarios de base y en espacios de creación”, agregó.

De hecho, UKERC está utilizando este enfoque para mapear y monitorear la participación pública y el compromiso de la ciudadanía en temas de energía y cambio climático, esto con el objetivo de recolectar evidencia para mejorar la toma decisiones.

“Nuestros resultados revelan que los ciudadanos apoyan un futuro energético bajo en carbono más distribuido y socialmente inclusivo”, dijo Chilvers.

Es más, la gente dice mucho mediante las decisiones que toma como a cuál empleo aplicar o qué comprar. Esto resulta especialmente relevante para las personas de generaciones cuyas edades van de los 26 a los 41 años, según constató un estudio realizado por la Universidad de Hiroshima y publicado en Journal of Cleaner Production.

Los investigadores aplicaron dos encuestas para analizar el apoyo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La primera contó con una muestra de 12.098 adultos y evidenció que quienes tenían entre 18 y 30 años eran mucho más propensos a valorar y practicar comportamientos sostenibles, como pagar más por productos que fueran sostenibles.

“En 2030, la generación más joven será la fuerza de trabajo de la sociedad y se espera que haga verdaderos esfuerzos para crear un futuro sostenible y probablemente desempeñe un papel sustancial en la consecución de los ODS”, dijo Shinji Kaneko, coautor y profesor en la Universidad de Hiroshima.

Asimismo, los investigadores descubrieron que las generaciones más jóvenes están más preocupadas por encontrar un trabajo seguro y bien remunerado que las generaciones mayores. Sin embargo, y según se demostró en la segunda encuesta aplicada a 668 estudiantes, las generaciones más jóvenes están más dispuestas a recibir un salario menor con tal de trabajar en una empresa comprometida con los ODS.

“Combinados, los hallazgos sugieren que las generaciones más jóvenes podrían cambiar su comportamiento cuando se informen sobre la naturaleza inherente de los ODS, a pesar de que los hallazgos de la primera encuesta muestran que la generación más joven prefiere un mejor salario en comparación con las generaciones mayores”, declaró Tomomi Yamane, coautora del estudio e investigadora de la Universidad de Hiroshima.

“Nuestros resultados sugieren que la generación más joven de hoy puede ser la fuerza motriz para lograr los ODS”, enfatizó Yamane.

La comunidad de Dos Brazos de río Tigre, en conjunto con la organización Conservación Osa, recurrió al arte para construir mensajes que ayudarán a concientizar sobre la necesidad de proteger el medioambiente. Lo hicieron de forma participativa e involucrando tanto a adultos como jóvenes y niños. (Foto: Nina Cordero).

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Sumar a la gente

El Acuerdo de París, en su artículo 12, hace referencia al principio de la Acción para el Empoderamiento Climático (ACE, por sus siglas en inglés) que busca el involucramiento de todos los sectores -incluida la ciudadanía- mediante acciones en educación, formación, concientización, participación, acceso a la información y cooperación internacional.

“ACE es una propuesta transversal en las políticas públicas que busca generar y articular capacidades y compromisos que impulsen una acción transformadora frente al cambio climático. Para ello, es necesario el trabajo común entre todos los sectores, ámbitos e instituciones y a todas las escalas (desde lo global a lo local) con la ciudadanía”, explicó Yayo Herrero, experta en ACE para EUROCLIMA+, en el webinar titulado Empoderamiento climático: la educación para impulsar la ambición, el cual fue organizado por LEDS LAC, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo(PNUD), EUROCLIMA+ y Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el marco del evento regional Acción climática en tiempos de crisis.

Varios países latinoamericanos han incluido la ACE en la revisión de sus compromisos climáticos. Costa Rica es uno de esos países.

En la Contribución Nacionalmente Determinada (NDC, por sus siglas en inglés), presentada ante Naciones Unidas en diciembre de 2020, Costa Rica propone una estrategia nacional para el empoderamiento climático que incluirá a personas jóvenes, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y representantes de la sociedad civil que forman parte del Consejo Consultivo Ciudadano de Cambio Climático (conocido popularmente como 5C).

En educación, por ejemplo, el país se comprometió a revisar los currículos escolares de primer y segundo ciclo para incluir contenidos de cambio climático, transición justa y empleos verdes. También se llevará un proceso con universidades para incluir programas que permitan la formación de competencias para empleo verde.

En cuanto a capacitación, la NDC prevé desarrollar programas específicos dirigidos a mujeres, jóvenes, afrodescendientes, indígenas y otros grupos históricamente excluidos del sector laboral, “con el fin de facilitar el acceso a empleos verdes, incluyendo áreas como la de la energía renovable, la agricultura regenerativa y de precisión, la construcción sostenible y la recuperación de valorizables, en las que a menudo están subrepresentados”.

Asimismo, se implementarán acciones de comunicación, participación y empoderamiento de la ciudadanía para “promover la integración de las perspectivas de distintos grupos”. De hecho, a partir de este año, se desarrollarán espacios de diálogo y participación, tanto virtuales como presenciales, para grupos históricamente vulnerables.

Los jóvenes, de hecho, tendrán su Plan para la Integración de las Juventudes en la Acción Climática en el 2022 y, dos años más tarde, se prevé el establecimiento del Foro Anual para Juventudes en Acción Climática como parte del eje de acción climática de la Política Pública de la Persona Joven 2020-2024.

Todo estos esfuerzos en educación, capacitación y participación buscan que, para el 2030, el país cuente con personas en puestos de liderazgo gubernamental, comunal y juvenil que hayan fortalecido sus capacidades en mitigación y adaptación al cambio climático.

Para ese año también se espera haber incorporado “acciones de sensibilización y creación de capacidades para promover el desarrollo económico y social a través de la interacción del sector empresarial, el sector público y la academia”, ello con miras hacia una economía inclusiva, descarbonizada y resiliente.

“La participación pública fomenta que la sociedad civil no sólo acompañe estrategias, sino que se trate de una ciudadanía organizada que supervise los avances en los objetivos climáticos”, subrayó Herrero.