Madrid, España. De poco sirvió la presión de la sociedad civil en el cierre de las negociaciones de cambio climático de la ONU (COP25). Tampoco las multitudinarias marchas a lo ancho del mundo este último año. El desenlace, más bien, dejó negociaciones inconclusas y pocos compromisos concretos. 

“En los últimos 25 años nunca había visto esta casi total desconexión entre lo que la ciencia y la gente en el mundo reclaman y lo que los negociadores climáticos están consensuando”, aseguró Alden Meyer, de la Unión de Científicos Preocupados, en un comunicado.

A pesar de que su publicidad la vendió como “la cumbre de la ambición”, la COP25 culminó el pasado 15 de diciembre sin un acuerdo en el tema central de las discusiones: una regulación para el mercado global de carbono.

Las recientes advertencias científicas tampoco fueron suficiente presión para los delegados. Los últimos informes del grupo científico de la ONU alertan que, si el planeta en los siguientes ocho años no reduce drásticamente sus emisiones, fallaría en alcanzar la meta ideal del Acuerdo de París (1.5ºC de calentamiento desde la segunda mitad del siglo XIX). 

El tiempo extra tampoco ayudó: la COP25 terminó 40 horas después de lo planeado. En vez de cerrar el viernes 13 de diciembre, las negociaciones continuaron hasta el domino 15.

En varios de los textos previos se conseguían acuerdos pero menos ambiciosos. El plenario de cierre se aplazaba hora tras hora, hasta llegar al domingo por la mañana en el que muchos ya no pudieron estar. 

De hecho, algunos países se quejaron de la falta de transparencia y la falta de inclusión en las negociaciones del último momento del 90% de los países. Mientras, las grandes economías del mundo se miraban a los ojos.

Nadie dijo que esta cumbre fuera fácil. De hecho, algunas de las tareas que se estuvieron discutiendo en Madrid, venían rebotadas de la cumbre anterior, la COP24 en Katowice. 

En concreto, el tema más picante de la cumbre, una regulación para el mercado global de carbono, tampoco logró un acuerdo en esta COP25 y los gobiernos aplazaron nuevamente el tema para la siguiente edición en Glasgow. 

A pesar de todo, para Andrea Meza, jefa de la delegación de Costa Rica, esto no es del todo negativo. “Es mejor seguir trabajando y dejar un buen acuerdo, antes que adoptar algo por la simple formalidad de adoptar algo y que no sea suficientemente robusto”, dijo.

En la COP26, ahora, deberán completarse las negociaciones sobre los mercados. Además, los países deberán actualizar sus compromisos climáticos para hacer reducciones de emisiones más drásticas.

Esta combinación de temas sería perjudicial para las negociaciones, según dijo el Ministro de Ambiente de Costa Rica, Carlos Manuel Rodríguez, en una entrevista previa a la COP25 con varios periodistas de Latinoamérica.

Mercados de carbono: el principal fallo

La COP25 cerró con más desacuerdos que acuerdos en los temas importantes. Uno de los más dramáticos fue el aplazamiento de la discusión entorno a los mercados de carbono. 

Básicamente, este mecanismo permitiría a los países vender y comprar reducciones de emisiones (bonos de carbono) entre ellos. 

Por ejemplo, si un país reduce más emisiones de las que se comprometió, podría vender ese excedente. Los países que no lograron cumplir sus objetivos podrían simplemente comprar las reducciones. La idea, en papel, sería crear un incentivo económico para que los países superen sus compromisos y vendan excedentes.

Sin embargo, el riesgo es que una serie de tecnicismos permitiría a los países crear “reducciones falsas”. Esto, lejos de fortalecer el Acuerdo de París, acabaría por debilitarlo.

Uno de los problemas era evitar el doble conteo de las emisiones. Es decir, que tanto el país comprador como el vendedor se acreditaran esas reducciones en sus reportes a la ONU. 

Al final, la reducción solo sucede una vez, por lo que solo se puede contar en un país. Brasil, sin embargo, no quería que se aplicara esa regla.

Activistas se manifestaron en la COP25 para exigir más compromisos y menos pérdida de tiempo en tecnicismos.

(Créditos: Allan Jay Quesada)

Otros de los problemas era si los bonos de carbono del anterior mercado pasarían al Acuerdo de París. Esta posición fue sostenida principalmente por Brasil, India y China, que fueron algunos de los países que más invirtieron en estos bonos. 

Esta posibilidad fue duramente criticada por países como Costa Rica o México, no sólo porque no supondría una reducción real de las emisiones actualizada sino también porque podría poner en peligro los precios del nuevo mercado que comenzaría en 2020.  

Las negociaciones avanzaban y retrocedían día tras día. Ante el miedo de que la cumbre llegara a un “acuerdo débil”, 30 países —liderados por Costa Rica— presentaron los “Principios de San José” para pedir a la presidencia de la COP25 que no permitiera un “acuerdo poco robusto” en la regulación de estos mercados. 

También estos países insistieron hasta el último momento en que se integrara en el texto final los derechos humanos de las poblaciones indígenas y de las comunidades.

Al final, no hubo acuerdo y los países optaron por aplazar todavía más esta negociación. Este es el último tema pendiente para completar el libro de reglas del Acuerdo de París, el cual comenzaría su implementación a partir del 2020.

Pérdidas y daños: un acuerdo tímido

Otro de los temas polémicos de esta cumbre fue la revisión del Mecanismo Internacional de Varsovia para las Pérdidas y Daños causadas por el cambio climático. En este caso, sí se llegó a un acuerdo pero no muy sustantivo. 

Según el principal negociador de Costa Rica de esta medida, Pascal Girot, “se llegó a un acuerdo pero con poca concreción en temas de financiamiento”. Es decir, ¿quién paga por compensar a los países más afectados por el cambio climático?

Esta medida es de especial importancia para la región latinoamericana, en concreto Centroamérica, así como para África y Asia. 

Los países discutían si crear nuevos financiamientos para que los estados más vulnerables pudieran enfrentar desastres naturales, huracanes, sequías, así como pérdidas de patrimonio o humanas. 

Este dinero lo tendrían que facilitar los países desarrollados, algo que no gustó a EEUU o Australia. Ambos países estuvieron reticentes a la creación de nuevas instituciones o nuevos mecanismos de financiación. 

El único paso positivo en esta herramienta fue la creación de la Red de Santiago para liderar más trabajo sobre la implementación y así ayudar a los países vulnerables a paliar los efectos de la crisis climática. 

Compromisos para reducir emisiones: tensión previa al 2020

“La cumbre de la ambición” (una de las frases publicitarias de la COP25) dejó, irónicamente, un sabor a poca ambición por reducir emisiones. 

Tan sólo 70 países de los casi 200 que se reunieron en Madrid se comprometieron a mejorar sus planes climáticos durante el 2020. 

La Unión Europea fue una de las regiones que más se movió y lanzó el Green New Deal que pretende alcanzar la neutralidad de carbono para 2050. Si bien la UE tuvo una posición de mediación en varios de los temas, algunos de los países en vías de desarrollo y observadores criticaron la posición tibia que tomó sobre todo en cuestiones de financiamiento. 

La senadora estadounidense, Nancy Pelosi, dio un discurso inaugural ante la delegación de Estados Unidos en la COP25.

(Créditos: AFP)

En el 2020, para la COP26, todos los 197 países tendrían que actualizar sus compromisos de reducción de emisiones y hacer recortes todavía más drásticos, según manda el Acuerdo de París.

Chile, presidencia de las negociaciones, anunció que presentaría, de manera anticipada, su actualización de compromisos. Al final, sin embargo, el país sudamericano echó para atrás. 

Pequeños avances: género y ecosistemas

Parece que una de las pocas alegrías que dejó la COP25 fue la aprobación del Plan de Acción de Género que estará en vigor cinco años. Algunos grupos lo calificaron como “insuficiente”, pero hubo consenso en que es de los pocos temas con avances

Esta medida permitiría integrar la perspectiva de género en algunos de los asuntos climáticos y ayudaría a la redistribución de cargos equitativos en las instituciones que se creen bajo el Acuerdo de París. 

También recoge la salvaguarda de los derechos de las poblaciones indígenas y reconoce la importancia de una transición justa. 

Aparte de este plan, también se logró incluir la cuestión de los océanos en la agenda, para estudiar cómo fortalecer las medidas de mitigación y adaptación en este tema, algo muy importante para la presidencia de esta cumbre.

COP25: “resultados insuficientes”

Ante los pocos avances, algunas organizaciones sociales y organismos internacionales calificaron los resultados como insuficientes y llaman a la autocrítica para posibilitar un 2020 con más ambición climática. 

Según Jennifer Morgan, Greenpeace Internacional, “los responsables de la toma de decisiones tienen que volver a casa, reagruparse y pensar en cómo avanzar en el camino hacia un 2020 crítico”. “El resultado de la COP25 es totalmente inaceptable”, dijo. 

La postergación de los temas más controvertidos para la COP26 en Glasgow (Escocia) no parecen ser una buena noticia para nadie. Según Fernando Tudela, miembro de la delegación española, las posiciones no cambiarían dentro de un año, por lo que posponer las negociaciones sería de poca utilidad.

Además, la COP está programada para iniciar seis días después de las elecciones en Estados Unidos (3 de noviembre). Se espera también cierta inestabilidad política en el país anfitrión, Reino Unido, cuya salida de la Unión Europea parece precipitarse tras la victoria del conservador Boris Johnson en las elecciones de este diciembre. 

Algunos de los ejecutivos que pusieron más trabas como Brasil o Australia parecen no tener ningún recambio para 2020.