Faltan unos 90 días para la 26° Cumbre del Clima de Naciones Unidas (COP26). 90 días, menos de tres meses, y un sinfín de cuestiones por definir. El evento quedó trunco en 2020 por COVID-19 e incluso se dudaba si podría realizarse este año. Pero, el Reino Unido —que lo presidirá en la ciudad de Glasgow, Escocia— insiste en que se hará, a pesar de que la pandemia continúa y la vacunación no es una realidad accesible para la mayoría de los más de 190 países que deberían enviar delegaciones.

Por lo general, en estas cumbres participan unas 20.000 personas o más. Todas en un mismo predio, agolpadas en sus diferentes salas y navegando pasillos interminables. Al realizarse en noviembre en un punto tan al norte del mapa, debido al frío, a priori se descartan los espacios al aire libre. Por lo que las preguntas se imponen: ¿están la presidencia británica de la COP y Naciones Unidas preparadas para garantizar la salud de todos los asistentes? ¿Qué sucederá si hay un brote masivo de COVID-19 durante el evento? ¿Se hará la organización cargo de los costos sanitarios y de logística que ello supondrá?

En tanto, el proceso de acreditación ya está en marcha. Negociadores, representantes de la sociedad civil y periodistas están aplicando, pero con la incertidumbre de si podrán ir o de si el evento realmente sucederá. Todo está sujeto a cambios que incluso podrían ocurrir a último momento, con los costos hundidos que ello implicaría.

Reglas para la COP26

En este contexto, las naciones menos desarrolladas son las que ven su participación más difícil, principalmente debido a la disponibilidad de vacunas.

El Reino Unido aseguró que tiene previsto un programa para facilitar vacunas para aquellos acreditados a la COP26 que no tengan acceso a ellas en sus lugares de procedencia. Sin embargo, a menos de 90 días del evento, no hay información al respecto.

En cuanto a los protocolos sanitarios, oficiales de la COP26 -en declaraciones dadas a la prensa esta semana-  manifestaron que los delegados provenientes de países que estuvieran en la “lista roja” de Reino Unido tendrán que cumplir un aislamiento de, por lo menos, cinco días en su punto de ingreso que -para muchos- será Londres. Esto en el caso de los los participantes que estén totalmente vacunados. Los que no estén vacunados tendrán que permanecer en cuarentena por 10 días.

La mayoría de los países latinoamericanos se encuentran en esta “lista roja“, entre ellos: Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador y República Dominicana. Aparte de Turquía y algunos territorios franceses de ultramar, todas las naciones listadas son países en desarrollo.

La otra interrogante que esta situación plantea es si habrá facilidades económicas o de hospedaje para los delegados en aislamiento. Después de todo, permanecer 5-10 días más de lo previsto en el Reino Unido no es un plan viable para muchos de los participantes, dados los altos costos y la inversión de tiempo que requiere.

Queda pendiente de saber es si la regla aplicará a quienes solo cuenten con una sola dosis de la vacuna. Lo que sí está claro es que se reconocerá todas las vacunas, incluidas aquellas que no han sido aprobados para su uso en el Reino Unido.

Por su parte, los delegados procedentes de países ubicados en la “lista verde” o la “lista ámbar“, no tendrán que cumplir aislamiento a su llegada, independientemente de que estén vacunados.

Brecha de vacunación

Así las cosas, hay un riesgo real de que la inequidad que hoy existe en la distribución de vacunas en el mundo, inequidad que no hace más que reflejar las brechas crecientes que siempre existieron entre los países más ricos y los más vulnerables, se traslade también a la COP26.

En la actualidad, el 29,9% de la población global está vacunada. Pero, las diferencias entre las naciones de altos y bajos ingresos es dramática: mientras que las primeras ya han podido inocular al 55,9%, en las segundas la proporción es sólo del 1,1%. En el medio, están los países de renta media alta, con el 38,2%, y los de renta media baja, con el 19,3%. Así, en tanto la Unión Europea ya vacunó a más del 60% de sus habitantes y planea una tercera dosis para los más vulnerables, en el continente africano sólo se llegó al 3,8%.

Los datos se traducen en una imagen que no deja de repetirse: las barreras de acceso son más altas para quienes menos tienen. En el caso de la COP26, participar es más difícil para quienes más necesitan estar ahí; porque son los más vulnerables a los impactos del cambio climático, quienes menos han contribuido a sus causas y los que más requieren de financiamiento (ese postergado compromiso de los países desarrollados que nunca se cumple) para mitigación y adaptación.

Si el mapa de distribución de vacunas se convierte en el mapa de participación de la COP26, ¿qué sucederá con la transparencia del proceso? ¿Cómo se hará para que las voces del mundo subdesarrollado y en vías de desarrollo estén debidamente representadas? ¿Se podrá evitar que esta sea una cumbre sólo del Norte Global?

Más desarrollo, menos ambición

Mientras las interrogantes se suman y las respuestas no llegan, los países siguen dejando en evidencia que no están a la altura del desafío al que enfrenta el planeta.

El último reporte del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), publicado este lunes, advierte que el calentamiento global alcanzará 1,5°C (la meta más ambiciosa del Acuerdo de París) en los próximos años y esto es inevitable. Lo que sí es evitable es que este siga escalando más allá. Pero, para ello, se necesitan profundas reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI, causantes del cambio climático) hasta llegar a un nivel de cero neto en torno a 2050.

En caso contrario, el siglo podría concluir con un aumento de la temperatura media mundial superior a los 3°C respecto de los niveles preindustriales, un nivel que la superficie de la Tierra no experimenta desde hace más de 3 millones de años.

En este contexto, y de cara a la COP26, los países debían presentar nuevos objetivos de reducción de emisiones antes del 31 de julio. El 58% (110 de  191) lo hizo, pero muchos presentaron compromisos que no son más ambiciosos que los anteriores. Australia, Brasil y Rusia están entre los peores, con planes que se asocian a un calentamiento mayor a los 5°C para 2100. En tanto, China, India, Arabia Saudita y Sudáfrica directamente no presentaron nada.

En todos los casos, se trata de naciones del G20. Es decir, las que más han contribuido al cambio climático (representan alrededor del 80% de las emisiones de GEI a nivel global), las que más tienen que hacer y las que menos están haciendo.

Una mirada al Paris Equity Check, que da seguimiento a los compromisos climáticos, da cuenta de que ninguna de ellas presentó planes con objetivos tendientes a un calentamiento igual o inferior a 1,5°C hacia fin de siglo. Reino Unido es el que más se acercó (1,6°C), seguido por la Unión Europea (2,3°C). El resto, todos por encima de los 3°C (con la Argentina y Corea superando, incluso, los 4°C).

En una reunión reciente en Nápoles (Italia), el G20 reconoció la necesidad de mantener el calentamiento global por debajo de 1,5°C y acordó presentar nuevos planes mejorados para la COP26. Hasta que se cumplan, no son más que palabras, sobre todo considerando que, en muchos puntos del comunicado que surgió del encuentro, se mantiene el apoyo a la expansión y subvención de los combustibles fósiles.

Queda claro, entonces, que una de las prioridades de la COP26 será reforzar la ambición climática, sobre todo la de los países desarrollados. En ello serán esenciales las medidas de recuperación post-COVID que tiendan a la transición hacia una economía baja en emisiones.

Sumado a ello, se espera que se negocie un paquete de recuperación y financiación que comprenda no sólo la adaptación al cambio climático, sino también las pérdidas y los daños asociados a este (un elemento vital para las naciones más vulnerables).

Eso no será todo, por supuesto. Entre otros puntos en agenda se incluyen: acuerdos sobre los mercados de carbono, informes corporativos y nacionales sobre el progreso climático, protección de los bosques, recortes de metano, y fechas de finalización de la exploración de petróleo y gas, así como de eliminación de los vehículos a gasolina y diésel.