La industria de la moda es responsable del 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Si la situación no cambia para el año 2050, esta industria consumirá una cuarta parte del presupuesto mundial de carbono.

Desde este mismo campo han surgido diferentes conceptos con el fin de reducir el impacto que tiene la industria sobre el planeta. En Costa Rica, por ejemplo, el producir ropa y accesorios de una manera más sostenible ha llamado la atención de diferentes diseñadores y diseñadoras: Oscar Ruiz está produciendo ropa sin generar desechos, Stefani De la O utiliza materiales certificados, mientras que Ingrid Cordero y Ana Gutiérrez reciclan materiales.

De hecho, en el país, la moda sostenible ha tomado fuerza desde hace unos años. Para Gutiérrez, los diseñadores costarricenses traen en el corazón el amor por la naturaleza y son más verdes en el tema del impacto socioambiental. “Nuestra moda es más sostenible porque incluso nuestra legislación así lo es”, comentó.

Por su parte, Cordero consideró que “Costa Rica tiene un potencial enorme para convertirse en un ejemplo de industria sostenible. Admiro el trabajo de muchas marcas con prácticas sostenibles y el usuario cada vez entiende más el mensaje. La moda sostenible, lejos de perfilarse como una competencia, debería de optar por el trabajo colectivo y el bien común, que es, finalmente, la razón que nos mueve a hacer las cosas diferentes”.

Aunque han habido avances, la moda sostenible no está exenta de desafíos. Para Ruiz, el problema es que no hay quien regule qué tan sostenible es una empresa.

“Para mí, hay un contradiscurso cuando se dice que se es sostenible y no se trabaja con fibras naturales exclusivamente o no hay una posición de por qué trabajar o no con fibras naturales”, dijo.

Asimismo, para lograr un cambio real en la industria, se deben realizar acciones desde distintas áreas. En relación con esto, Cordero manifestó que “el cambio radical está en la implementación de nuevas políticas que regulen la extracción de recursos, la explotación de las tierras, el transporte y, por supuesto, las condiciones bajo las que se trabaja en las fábricas”.

Para entender los conceptos de moda sostenible, Ojo al Clima recurrió a los cuatros diseñadores y diseñadoras para ejemplificarlos a partir de sus propuestas. Veamos:

“Moda sostenible no es un look y no es solo un discurso”, comentó Oscar Ruiz (a la derecha) de Obra Gris. (Foto: Oscar Ruiz).

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Cero desperdicio

El término zero waste o cero desperdicio es una metodología que se utiliza para que, desde que se diseña una prenda, no se generen residuos, es decir, que el material sea utilizado en su mayoría.

Desde su primer semestre de universidad, Oscar Ruiz —director creativo de Obra Gris— decidió seguir esta metodología en sus diseños. Para la creación de sus prendas, el diseñador utiliza exclusivamente fibras naturales (lino, algodón, bambú, cáñamo y seda), las cuales debe importar, ya que en Costa Rica no se producen.

“Asumimos una huella de carbono por el transporte. Debido a esto, en Costa Rica, ser productor de ropa tiene que ser bajo las condiciones del cero desperdicio. Significa pensar maneras diferentes de cortar las piezas”, añadió.

Al crear sus prendas, Ruiz primero piensa en cómo hacerlas zero waste y luego las corta. Si se genera algún desperdicio, busca la manera de incluirlo en otro diseño. “Cuando el desperdicio no está bien resuelto, no hay diseño bien hecho. Los problemas de medio ambiente son problemas de diseño”, manifestó.

Obra Gris crea diseños unitalla, unisex, multiprenda y atemporales, lo cual es una medida que contrarresta el fast fashion. (Foto: Oscar Ruiz).

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Obra Gris es cero desperdicios en todos sus procesos. “Mi compromiso es no agregar más desecho textil a los rellenos sanitarios. De mi empresa no van a salir desechos en ese sentido”, comentó.

Otro punto importante es que las prendas, al ser creadas con fibras naturales, si se entierran, se degradarán en aproximadamente tres meses, ya que son totalmente compostables.

La disposición final de la ropa es un tema que aún se debe trabajar en la industria, porque en el mundo se desecha el equivalente a un camión de basura cada segundo, se tiran los textiles a vertederos o se queman.

Muchas de las piezas creadas por Obra Gris son unisex, multiprenda y atemporales, lo que también minimiza el  impacto ambiental.

“El punto es que se compren menos cosas y que las prendas que tengás sean más inteligentes, porque se adaptan a más formas”, manifestó Ruiz.

El amor y admiración por su abuela —quien sacó a su familia adelante gracias a la costura— fue lo que llevó a Stefani De la O a interesarse por la moda. Ella diseña bolsos en cuero. (Foto: Stefani De la O).

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Materiales certificados

El tipo de materiales que se utilizan para crear prendas o accesorios es esencial en términos del impacto ambiental. Por ejemplo, las prendas de poliéster —al ser lavadas— liberan microplásticos que llegan a los cuerpos de agua y los contaminan. Aproximadamente, el 9% de los microplásticos presentes en el océano vienen de los textiles y el 20% del agua residual es generada por la industria de la moda.

Stefani De la O, creadora de Nomadic Collector, considera que la moda sostenible debe procurar el menor impacto desde la extracción de la materia prima, la producción, el transporte, el uso y hasta el desecho de la pieza. Esto es lo que ella ha intentado hacer con los accesorios de lujo —bolsos de cuero y madera— que crea.

El cuero utilizado en Nomadic Collector, según De la O, es carbono neutro, ya que la tenería costarricense de la que proviene —Pirro— trabaja bajo estas condiciones.

La diseñadora comentó que el proceso para obtener cuero requiere de altas cantidades de agua y químicos (como el cromo), más que todo cuando se tiñe. De hecho, el teñido de textiles es el segundo mayor contaminante de agua en el mundo.

Nomadic Collector utiliza cuero carbono neutro en todos sus diseños. (Foto: Stefani De la O).

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De acuerdo con Stefani De la O, la Unión Europea cuenta con un proceso de 12 pasos para filtrar el agua antes de regresarla al entorno. La tenería con la que trabaja cuenta con un proceso de 14 pasos y asegura que el agua vuelve al río más limpia.

Por otra parte, todas las maderas utilizadas en Nomadic Collector son certificadas por el Ministerio del Ambiente y Energía (Minae). No provienen de bosques primarios, sino de plantaciones forestales.

Suprarreciclaje

El upcycling o suprarreciclaje consiste en aprovechar materiales reciclables que tienen un mayor valor que el que tenía el material original.

En Costa Rica, diferentes diseñadores y diseñadoras están aplicando este concepto en sus empresas y dos ejemplos de ello son Ingrid Cordero de Fraulamb y Ana Gutiérrez de Ana Gutiérrez Wearable Art.

Cordero aplica este concepto en su emprendimiento a través del reciclaje de materiales compuestos de algodón, sedas y algunas lanas livianas. De igual manera, utiliza deadstock,  que se refiere a prendas nuevas que no llegaron a venderse.

Para la líder de Fraulamb, la importancia del upcycling es “alargar la vida de materias primas que, de otra forma, se convertirían en desecho y creo que, indirectamente, también concientizar al consumidor del origen y valor de lo que llevan puesto”.

Sobre el impacto que pueden tener estas prácticas en el medio ambiente, Cordero compartió que “soy de las que piensa que cada esfuerzo contribuye positivamente en un plazo desconocido. Mi convicción es que el ejemplo inspire a otres y cada vez seamos más tomando decisiones que consideren nuestro entorno de forma integral y respetuosa”.

Ana Gutiérrez Wearable Art utiliza plata extraída de radiografías para crear sus piezas. (Foto: Ana Gutiérrez).

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Por otra parte, Gutiérrez comenzó diseñando joyería de plata en el año 2005. El metal que utiliza en sus piezas proviene de un proceso de reciclaje de radiografías.

“Hay un grupo de personas que se dedican a recoger todo el desecho de radiografías de los hospitales de Costa Rica y recuperan la plata. Esa es la que hemos utilizado en los últimos 15 años para hacer nuestra joyería”, comentó.

Recientemente, la diseñadora comenzó a hacer ropa y comenta que, en un inicio, no tomó en cuenta el tema de la sostenibilidad, pero en su nueva colección ha utilizado materiales 100% orgánicos, de origen conocido y certificados. De igual manera, manifestó que obtiene las telas en el color natural y las tiñe a mano, según sea la necesidad.

Según Gutiérrez, estas acciones a favor del planeta son sumamente relevantes. “Lo más importante es que lo que yo haga no contribuya a agrandar el problema, sino que colabore a hacerlo más pequeño”, dijo.

Los textiles utilizados en la nueva colección de Ana Gutiérrez Wearable Art cuentan con el certificado GOT, el cual certifica que la materia prima proviene de cultivos orgánicos y asegura que no se utilizan tintes ni sustancias químicas dañinas. (Foto: Ana Gutiérrez).

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El papel del consumidor

En la Carta de la Industria de la Moda de las Naciones Unidas para la Acción Climática se establece la misión de lograr emisiones netas de gases de efecto invernadero para el 2050, lo cual va en línea con el objetivo del Acuerdo de París de mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 grados Celsius.

Para lograr esto, no solo los diseñadores y diseñadoras deben hacer esfuerzos, el consumidor también juega un papel importante en la transformación de la industria.

Ana Gutiérrez, líder de Ana Gutiérrez Wearable Art, considera que el consumidor puede ejercer compras realmente conscientes, lo cual implica saber qué impacto tienen los patrones que sigue a la hora de obtener ropa.

Por su parte, Ingrid Cordero de Fraulamb manifestó: “considero que el futuro está también en otorgar autonomía al usuario, entre mayor capacidad de solucionar, más aprovechamiento de los recursos y menor dependencia de la industria”.

Una acción que pueden tomar los consumidores es elegir ropa con etiqueta ecológica. Existen varias etiquetas de algodón como la Better Cotton Initiative (BCI). Sin embargo, estas etiquetas solamente indican que el material se cultivó orgánicamente y no dicen nada sobre el resto del proceso de producción.

En este sentido, las exigencias de los consumidores pueden ayudar a la industria a optar por certificaciones que garanticen parámetros socioambientales en todas las fases del proceso productivo.