Los bosques tropicales lluviosos centroamericanos, que aportan agua, turismo y riqueza de biodiversidad al istmo, podrían podrían perder vitalidad en un clima más caliente donde los cambios en el clima global se mantengan durante el siglo XXI.

Esto porque, de acuerdo con un nuevo estudio científico que utiliza modelos para proyectar cómo se vería el futuro (también llamado escenarios climáticos), los bosques tropicales de la región no soportarían las altas temperaturas o la escasez de lluvias que vendrían como consecuencia del cambio climático global.

¿Qué pasaría después? De mantenerse el ritmo actual de emisiones, un área importante de la cobertura forestal actual podría convertirse en pastizales, según un reciente estudio publicado en la revista académica Climatic Change.

Otros estudios, por su parte, señalan hacia el aumento del bosque seco, pero casi todos coinciden en condiciones más calientes para el istmo.

La cobertura forestal de la región es de 40%, mayor que la media mundial. No obstante, entre 2000 y 2012 disminuyó en todos los países, salvo en Costa Rica, según el Estado de la Región 2016.

Así se ve la degradación que, según el modelo, podemos esperar en los bosques tropicales de la región para el final del siglo. Esto es en un escenario en el que reducimos globalmente nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y llegamos a un punto máximo de la contaminación cerca de 2060:

El cuadro “a” representa la vegetación inicial de la región y el cuadro “b” los efectos del cambio climático en ella, aun en un escenario optimista de mitigación de emisiones.

El cuadro “a” representa la vegetación inicial de la región y el cuadro “b” los efectos del cambio climático en ella.

(Créditos: André Lyra, Pablo Imbach, Daniel Rodríguez)

En un escenario no tan favorable en el que continuamos con el mismo ritmo de emisiones el daño es mucho mayor, e incluso aparecen más zonas desérticas:

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Ambos escenarios son más pesimistas que el planteado por los países del mundo en el Acuerdo de París, que espera que lleguemos a un punto máximo de emisiones antes del 2050 para después empezar a bajar y llegar a carbono neutralidad global en la segunda mitad del siglo XXI.

En este estudio, investigadores del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) y el brasileño National Institute For Space Research (INPE) hallaron que la potencial magnitud de los efectos del cambio climático en estos bosques es enorme.

Sin embargo, otro estudio publicado en 2012 orienta el futuro de la vegetación de la región hacia el bosque seco, similar al presente en Guanacaste. Esta discrepancia se da por la complejidad del modelaje y el nivel de incertidumbre causado por los diferentes escenarios de emisiones posibles.

“El gran problema que tiene Centroamérica es que la región va hacia un clima más seco. Eso significa que los ecosistemas que se ven favorecidos son los que hoy tenemos en los climas secos”, explicó Lenin Corrales, ecólogo y coautor de dicho estudio. Imbach también trabajó en esa investigación.

Propuestas.

Ambos científicos coinciden en que el clima será más seco y, por eso, los países de la región necesitan estudiar y conocer mejor las especies que viven en las zonas que actualmente tienen estas condiciones y que están mejor preparadas para ese futuro.

En Costa Rica y en el istmo, eso significa entender y conservar mejor la flora y fauna de Guanacaste y el Corredor Seco Centroamericano.

“Es como decir que el Pacífico se va moviendo hacia el Caribe”, dijo Imbach a Ojo al Clima en agosto.

La mejor manera de reducir este cambio es cambiar nuestro estilo de vida y limitar las emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el planeta, dice el investigador del CATIE Pablo Imbach.

Sin embargo, esa ruta debe asumirse a nivel global pues Costa Rica apenas representa 0.06% de las emisiones mundiales.

“En Costa Rica creo que es importante hacer esfuerzos de monitorear los cambios en los ecosistemas” comentó Imbach, coautor de la investigación.

Esta pérdida de ecosistemas forestales –como la que advierte el estudio– es nociva para la atmósfera por dos motivos: un bosque vivo captura carbono del aire para crecer, pero también la deforestación es responsable por generar 20% de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero a nivel mundial, según datos de la ONG Greenpeace.

El bosque tropical lluvioso en particular se caracteriza por condiciones sumamente aptas para la vida. Aunque este tipo de bosque cubra solo alrededor de 2% del territorio mundial, se estima que alberga un 50% o más de toda la vida terrestre del planeta según el sitio web de ciencias ambientales Mongabay.

Bosques más secos

Los investigadores plantean en su estudio dos escenarios climáticos (entre muchos probables) para el final de este siglo, de los cuales el primero es nocivo pero el segundo es insostenible para los bosques tropicales lluviosos:

  1. Reducimos nuestras emisiones de gases de efecto invernadero (llegando a un punto máximo cerca del año 2060) y mantenemos un aumento del clima cerca de hasta 3°C
  2. Continuamos nuestras emisiones sin ninguna medida de mitigación y acercamos el aumento entre 5° y 7°C
Los escenarios climáticos planteados por el estudio muestran un aumento de alrededor de 3°C en un escenario más favorable (a) y de 7°C en un escenario de emisión continua de gases de efecto invernadero (b).

Los escenarios climáticos planteados por el estudio muestran un aumento de alrededor de 3°C en un escenario más favorable (a) y de 7°C en un escenario de emisión continua de gases de efecto invernadero (b).

(Créditos: André Lyra, Pablo Imbach, Daniel Rodríguez)

La lluvia, por su parte, disminuiría en la región en un rango de 3 a 6 mm al día, dependiendo del escenario de emisión de gases de efecto invernadero previsto.

En el estudio, sin embargo, no hay escenarios planteados para el futuro en el que la cantidad de caída de lluvia no reduzca y la temperatura no aumente; la pregutna no es si lo hará, sino cuánto.

Las condiciones de temperatura y de caída de lluvia reduciría el agua disponible para la vegetación, lo que tendría un impacto en el crecimiento de la flora tropical lluviosa.

“Con una menor disponibilidad de agua se podría tener un menor desarrollo de la capa arbórea, reduciendo la cobertura de las copas de los árboles y dando espacio para que la luz penetre hacia los estratos más bajos del bosque (que llegue hasta el suelo) y permita que los pastos crezcan.” explicó Imbach.

El incremento de matorrales se haría más visible en países como Nicaragua, Honduras y Guatemala, cuya cantidad de caída de lluvia al año es menor que la de países como Costa Rica y Panamá. En estos últimos, la pérdida de cobertura boscosa sería menor gracias a su mayor cantidad de caída lluviosa.

Consecuencias

Perder cobertura boscosa es perjudicial de varias maneras.

Por un lado, los árboles transforman el CO2 en oxígeno, a través del proceso de fotosíntesis. Los bosques tropicales lluviosos son responsables por 20% del total de oxígeno del planeta de acuerdo a la Rainforest Foundation de los Estados Unidos.

Por otro, el CO2 atrapado por los árboles del bosque es liberado al perder cobertura forestal, por lo que podría actuar como un círculo vicioso: los gases de efecto invernadero causan pérdida de cobertura boscosa y esta, a su vez, añade más dióxido de carbono a la atmósfera.

Los bosques capturan el dióxido de carbono que perjudica la atmósfera. Al perder cobertura boscosa este compuesto se libera al aire.

Los bosques capturan el dióxido de carbono que perjudica la atmósfera. Al perder cobertura boscosa este compuesto se libera al aire.

(Créditos: Center for Global Development)

De manera más ilustrativa: la deforestación por actividades económicas añade más CO2 a la atmósfera (15% del total de emisiones anuales) que todos los carros y camiones del planeta juntos (14% del total de emisiones anuales), de acuerdo al World Carfree Network (WCN, en inglés).

También, la abundancia en las especies de este ecosistema los hace cumplir un importante papel como corredores biológicos, los cuales, a su vez, disminuyen el impacto del cambio climático en especies de flora y fauna.

Estos bosques, además de agentes biológicos, también proveen madera de alta calidad para su extracción sostenible. Una gestión adecuada del manejo de bosques también proveería aprovechamiento de las aguas y los suelos.

Además, son destinos turísticos atractivos para las casi dos millones de personas que visitan un área silvestre protegida de acuerdo a datos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT).

Investigación nacional

Es por estas razones que en el país se comienzan a realizar esfuerzos por entender el impacto del cambio climático en nuestros bosques tropicales y no solo en los de toda la región.

Un ejemplo de estos esfuerzos es el estudio que desarrollan investigadores del Instituto Tecnológico de Costa Rica y la Universidad de Göttingen de Alemania para modelar la reacción de varios tipos de árboles como el cedro, el laurel y el ceibo a variaciones en el clima.

“Una de las hipótesis más importantes es que hay una relación muy estrecha entre la densidad de la madera y la vulnerabilidad a la sequía en árboles del bosque seco” explicó Dagoberto Arias, director de la investigación.

Sin embargo, este estudio aún sigue en proceso y se espera que sus resultados estén listos para el 2017.