La ciencia del cambio climático es cada vez más severa.

El año pasado, el grupo de científicos de la ONU advirtió que, incluso logrando la meta principal del Acuerdo de París, tendremos extinciones masivas y desastres. Ahora, advierte sobre el océano.

El océano y las zonas congeladas (territorio conocido como criosfera), están cambiando a un ritmo cada vez más acelerado, señala el último informe científico del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

Aún más importante, señala el informe, es que las decisiones tomadas en este momento definirán la salud del océano por muchos años. Esto es especialmente preocupante para comunidades costeras y de alta montaña, que dependen del océano y los glaciares.

“Si reducimos las emisiones drásticamente, las consecuencias para las personas y sus medios de subsistencia todavía serán todo un desafío. Pero puede que sea más fácil de gestionar”, dijo Hoesung Lee, Presidente del IPCC, en un comunicado.

El informe, lanzado a finales de setiembre, recopiló más de 7.000 publicaciones científicas de todo el mundo. Además, recoge información desde varias disciplinas, como la química, biología, cultura y economía del ecosistema.

Pero este último informe, como ya acostumbra el IPCC, trae noticias cada vez más preocupantes: el ecosistema está llegando a un punto de quiebre.

Estos son algunos de los datos más importantes que arroja el informe y que muestran la devastación del cambio climático en el mar.

 

El calentamiento del mar

Esponja de calor: los océanos absorbieron una cuarta parte de los gases de efecto invernadero emitidos por la humanidad y más del 90% del calor provocado por el cambio climático. El resultado es que los mares del planeta son más cálidos, más ácidos y menos salados.

Según el informe, desde la década de 1950, el océano ha venido capturando, por segundo, una cantidad de energía equivalente a dos bombas atómicas de Hiroshima.

Olas de calor marinas: La frecuencia, la intensidad y la extensión de las olas de calor marinas, como las que devastaron la Gran Barrera de Coral, están aumentado. Este fenómeno ya es dos veces más frecuente hoy de lo que era en la década de 1980.

El Niño: Los fenómenos de El Niño extremos –que alientan incendios, ciclones y epidemias– serán probablemente dos veces más frecuentes, incluso si se reducen las emisiones de CO2.

Uno de los El Niño más fuertes, en el 2016, causó blanqueamiento en 93% de los corales de la Gran Barrera de Coral, en Australia. Esta es un área de coral blanqueado equivalente a seis veces Costa Rica.

Pesca a la baja: Si no se hace nada por reducir emisiones, para final del siglo el potencial máximo de pesca podría bajar hasta un 20% en relación con el periodo 1896-2005.

Solo en Estados Unidos, este sector genera más de $200.000 millones, según la Administración Nacional Océanica y Atmosférica de ese país.

Huracanes más intensos: Si bien históricamente ha habido mucha incertidumbre sobre cómo se comportarían los huracanes en un planeta más caliente, el último informe del IPCC asegura que las dos categorías más fuertes (4 y 5) de huracanes serán más frecuentes.

Sin embargo, el IPCC asegura que es difícil decir en cuánto aumentarán, ya que, en su totalidad, la cantidad de tormentas tropicales (cuando se toma en cuenta también las menos intensas) sería la misma o menor.

Océano más ácido: Cuando el mar absorbe CO2, esto genera una reacción química que vuelve el agua más ácida. El agua más ácida es dañina para estructuras de calcio como los corales y los animales con concha.

Desde finales de 1800 hasta el momento, el pH del océano ya se ha vuelto 25% más ácido. Si cumplimos con el Acuerdo de París, el informe indica que el aumento en acidificación será de 40%. En el peor escenario, ese aumento será de 150%.

 

La subida del mar

Nivel del mar: Si la temperatura sube +2°C, el nivel de los océanos aumentaría 43 centímetros de aquí a 2100, aproximadamente, comparado con el periodo 1980-2000. Pero si aumenta +3°C o + 4°C –como apunta la tendencia actual– la subida sería de 84 centímetros.

Luego del 2100, el ritmo de subida del nivel de los mares del planeta podría ser cien veces más rápido y pasar de los 3,6 milímetros anuales actuales a “varios centímetros” . En 2300 podría incluso alcanzar varios metros anuales si no se reducen las emisiones.

Uno de los gráficos del informe muestra, en metros, las proyecciones de aumento del mar promedio en todo el mundo. La barra azul muestra un escenario favorable de reducción de emisiones. La barra roja muestra un escenario en el que no hacemos reducciones significativas.

Adaptación: construir protecciones frente a la subida de las aguas podría reducir entre cien y mil veces el riesgo de inundaciones, pero requeriría invertir “entre decenas y centenares de miles de millones de dólares al año”.

 

El mar se muere

Oxígeno: La concentración de oxígeno en los hábitats marinos ya se redujo un 2% en 60 años y debería perder un 3% o un 4% más si no se reducen las emisiones de CO2.

Zonas muertas: La pérdida de oxígeno en el mar ya está provocando la expansión de “zonas muertas”, donde el oxígeno disponible es tan poco que impide la vida marina. Una zona muerta tiene menos de 2 miligramos de oxígeno por litro.

La cantidad de estas zonas se ha cuadruplicado, pasando de 50 zonas muertas en 1950 a, por lo menos, 500 en 2018. Las “zonas con mínimo oxígeno”, donde la vida también escasea, han crecido desde 1950 en un tamaño equivalente al territorio de la Unión Europea.

Corales: los arrecifes coralinos, de los que 500 millones de personas dependen para alimentarse, sufrirán importantes pérdidas o en algunos casos se extinguirán, incluso con un calentamiento limitado a +1,5°C en relación a la era preindustrial.

La Gran Barrera de Coral, en Australia, está fuertemente amenazada por el calentamiento de los océanos y su acidificación.

(Créditos: AFP)

El hielo se derrite

Casquete glaciar: los dos casquetes glaciares del planeta, en el Antártico y en Groenlandia, perdieron de media 430.000 millones de toneladas anuales desde 2006, lo que los convierte en la principal fuente de aumento del nivel de los océanos.

Glaciares: los glaciares, de los dependen más de 2.000 millones de personas para acceder al agua dulce, también están retrocediendo. Los de baja altitud en los Alpes, el Cáucaso o Escandinavia podrían perder el 80% de su volumen hasta 2100.

Nieve: las montañas deberían perder una parte importante de su cobertura de nieve, con impactos importantes en la agricultura, el turismo y el suministro en energía.

 

El suelo se derrite

Permafrost: El permafrost –la capa de suelo permanentemente congelado– podría sufrir un derretimiento “importante”, dice el informe. Eso provocaría la emisión de miles de millones de toneladas de gas de efecto invernadero (y algunos virus atrapados en el hielo).

Si logramos cumplir con el Acuerdo de París, el informe señala que el derretimiento alcanzaría un 25% del permafrost actual para final de siglo. En el peor escenario, ese derretimiento podría alcanzar hasta un 70% del permafrost actual.

Una calle en Alaska destruida por el derretimiento del permafrost en el suelo.

(Créditos: AFP)

Un estudio del 2018 publicado en la revista Nature señaló que un tercio de la infraestructura construida sobre permafrost, en el Ártico, está sobre tierra inestable y bajo riesgo de daños severos. Esto incluye 45% de los campos de extracción de hidrocarburos de Rusia.