El deterioro ambiental causado por la actividad humana y el cambio climático provocan la disminución del 23% de la productividad del suelo en toda la superficie terrestre. Esto también ocasiona el aumento en la probabilidad de sequías, poniendo en riesgo la producción de alimentos y el acceso al recurso hídrico en todo el mundo.

De acuerdo con datos de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), para el año 2025, 1.800 millones de personas experimentarán una escasez de agua absoluta y dos tercios del planeta vivirán en condiciones de insuficiencia de este líquido. 

De hecho, la degradación del suelo arriesga más de $577.000 millones de cultivos mundiales al año y provoca un incremento en los precios de los alimentos. Se prevé que, en el 2050, habrá una caída en el rendimiento de los cultivos agrícolas de hasta 10% a nivel global y 50% en algunos casos extremos.

Por esta razón, más países están intensificando sus estrategias para alinear esfuerzos de protección de suelos con una rápida recuperación de la pandemia y así garantizar la supervivencia, a largo plazo, de las personas y el planeta.

Entre ellos está Costa Rica, que será el anfitrión de la conmemoración del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía (17 de junio). Esta es una celebración realizada por la CNULD. 

“A través del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE), Costa Rica liderará esfuerzos globales para alentar a las comunidades, el sector privado y los países a mejorar su relación con la naturaleza”, se lee en un comunicado. 

Este año, las acciones del CNULD se enfocan en la recuperación de las tierras degradadas a partir de la inversión inteligente y sostenible de los fondos de recuperación post COVID, ya que la protección de los ecosistemas y los suelos contribuye a una recuperación sostenible, pero también evita pandemias futuras. 

“La restauración de las tierras degradadas contribuye a la resiliencia económica, a la creación de empleo, al aumento de los ingresos y a una mayor seguridad alimentaria; ayuda a recuperar la biodiversidad y permite capturar el carbono atmosférico que calienta la Tierra, disminuyendo así el efecto del cambio climático. Nos enorgullece trabajar con socios globales en esta tarea tan urgente”, declaró la ministra de Ambiente y Energía, Andrea Meza, en un comunicado.