Siete de cada diez costarricenses ya vivimos en zonas urbanas por lo que cada vez más habitantes del país pierden vínculos estrechos con la naturaleza, pero la naturaleza sigue conformando la sociedad, la economía y la identidad de Costa Rica.

A medida que la pandemia de COVID-19 ha ido limitando nuestra posibilidad de movernos por la necesidad de estar confinados, ya sea por causas obligatorias o simplemente porque sentimos temor al contagio, y con ello a limitar nuestra interacción con el aire libre, la necesidad de conectarnos con la naturaleza se ha hecho cada vez más evidente, lo que demuestra el papel fundamental que podría desempeñar un parque en la ciudad.

La medida ha sido cerrarlos, probablemente porque en los centros urbanos estos son demasiado pequeños para limitar o evitar el contagio y porque los tres parques más grandes que tiene la Gran Área Metropolitana (GAM) me imagino se verían abarrotados de ciudadanos deseosos de cambiar su estado de confinamiento al menos por unas pocas horas.

Los parques son esenciales para aumentar el hábitat natural en las ciudades, proporcionando espacio para la recreación y conexión social, y mejorar nuestro bienestar mental y físico, ya que  le dan a la gente el espacio para respirar, moverse, relajarse y conectarse con la naturaleza y con los demás.

Nunca antes ha sido tan clara la interconexión entre las cuestiones sanitarias, sociales, económicas y ambientales mostradas por el desarrollo de esta pandemia de COVID-19. Por esta razón, debemos abordar la pandemia de una manera holística donde podamos equilibrar la gestión comunitaria urgente inmediata, como la atención de la salud y la seguridad alimentaria, con una visión de largo plazo y considerar el papel de los espacios verdes en la resiliencia de las ciudades.

En una visión más compleja, que se añade a la situación del daño causado por la pandemia, está el tema de las situaciones de hacinamiento comunitario y el de la desigualdad verde en las ciudades, porque no en todos los barrios existen espacios verdes de calidad y de un tamaño adecuado que pudieran ayudar a la relajación y llevar con mayor aceptación el confinamiento como mínimo de barrio.

Los parques históricamente han servido para aquellos ciudadanos de ingresos bajos que no necesariamente tienen los recursos para escapar a la naturaleza fuera de la ciudades, es por ello que, para hacer frente a esta desigualdad entre los habitantes de la ciudad, debemos ponerle atención y revitalizar los parques en todos los barrios y porque no plantearse la necesidad de que la GAM cuente con grandes parques urbanos.

Los beneficios de los parques urbanos van más allá de la recreación, ya que ayudan a gestionar el riesgo de inundaciones, secuestran el carbono de la atmósfera, reducen la contaminación del aire y ayudan a mitigar una de las amenazas en mayor crecimiento dentro de las ciudades, su calentamiento. Pero además, pueden ser importantes revitalizadores del sector cultural y de innovación para atender necesidades sociales, económicas y de salud que surgirán o quedarán como facturas de esta crisis pandémica.

No debemos olvidar nuestro problema a más largo plazo como sociedad: el cambio climático. Los parques y los espacios abiertos son elementos vitales para mejorar el entorno urbano y mitigar el cambio climático.

A medida que las temperaturas aumentan en las ciudades, la selección adecuada del material vegetal se vuelve vital, ya que la vegetación es importante para regular la temperatura del aire. El efecto de isla de calor urbano, el fenómeno de temperaturas más altas en las zonas urbanas debido a la absorción de la radiación solar por los edificios y las superficies pavimentadas, se acentúa al dedicarse más área a las superficies pavimentadas que a las zonas con vegetación y a las masas de agua y es aquí nuevamente donde los espacios verdes juegan también rol de resiliencia de las ciudades.

Estamos frente a una oportunidad en la cual las ciudades deben adoptar un enfoque de planificación más ecológica, el cual incorpore un diseño basado en la naturaleza para hacer las urbes más habitables y resistentes. También significa gestionar las ciudades como ecosistemas y comenzar hacer ajustes graduales y emprender revisiones radicales para mejorar sus espacios verdes. Esto implica que cuando nos referimos a la restauración de ecosistemas, hablamos del tamaño, la calidad de los parches, los corredores y las matrices de espacios verdes con capacidad de sustentar la biodiversidad. Sumado a ello esto podría generar administración comunitaria y empleos  a través de una propuesta de reactivación económica basada en el mejoramiento y aumento de los espacios verdes de la ciudad.

Cuando pasemos esta dura experiencia, deberíamos cambiar nuestra forma de pensar sobre los parques de la ciudad y verlos como infraestructura esencial que garantiza la protección y la inversión para acomodar mejor a nuestras crecientes poblaciones urbanas y reflexionar cuanto nos hubiera servido tener grandes parques urbanos para hacer más llevadero el confinamiento porque la mayoría de ciudadanos urbanos no tienen posibilidades económicas para visitar un parque nacional.