El crecimiento de las ciudades y la expansión de la urbanización inherente plantean una serie de desafíos para quienes pretenden conservar la biodiversidad urbana, básicamente porque para alcanzar metas de conservación se debe lidiar con varios problemas logísticos.

En primer lugar, las zonas urbanas tienen limitaciones de espacio disponible. El precio de la tierra varía dependiendo de su ubicación, que en muchos casos las hace  muy costosas; hay muchos propietarios con múltiples intereses diferentes; algunos de los cuales contradicen una o más de las motivaciones para la conservación de la biodiversidad urbana.

En segundo lugar, el medio ambiente urbano difiere de las zonas silvestres en sus procesos ecológicos y en los desafíos que la flora y fauna enfrentan en los procesos de sobrevivencia y reproducción. Por ejemplo la contaminación acústica y lumínica pueden causar que la fauna cambie sus patrones de actividad, los contaminantes urbanos pueden causan estrés fisiológico y la pérdida de los depredadores superiores puede causar un desbalance en la poblaciones que se pueden convertir luego en plagas en la ciudad.

En tercer lugar, las zonas urbanas no pueden dar cabida a todos los instrumentos de gestión y prácticas utilizados en entornos rurales tradicionales. Esto último lo debemos tener claro para lo cual se deben crear nuevos instrumentos y prácticas que consideren la realidad de la vida urbana y la interacción con la biodiversidad.

Tomando el contexto anterior, conservar la biodiversidad urbana demanda la toma de medidas estudiadas y cuidadosas. Lo primero que debemos hacer es demostrar porque la biodiversidad urbana debe ser conservada, cuáles son sus funciones para el bienestar de los habitantes de la ciudad y cuales especies pueden contribuir a las funciones del ecosistema urbano y a la satisfacción de los habitantes.

Teniendo en mente  los desafíos descritos, consideramos siete motivaciones para la conservación de la biodiversidad urbana:

1. Conservación de una biodiversidad reducida y única.

La mayoría de la población costarricense habita principalmente en una franja altitudinal con buenas condiciones climáticas, al menos hasta ahora, para la agricultura y el asentamiento humano. Esta franja altitudinal resguarda lo que se ha conocido como el Bosque Húmedo Premontano (BHP), el cual -después del bosque tropical seco- es el tipo de bosque más alterado y reducido en Costa Rica. Hace 24 años se reportaba que este tipo de bosque estaba representado por tan solo el 1,75% (9.000 ha) de su cobertura original y con alta tendencia hacia su fragmentación.

Esta destrucción casi total del bosque original pone de relevancia lo reducido y único que puede estar la biodiversidad y plantea la necesidad de tratar de regenerar al menos alguna parte de la misma para recuperar su aporte a los beneficios ambientales que podría ofrecer.

2. Construir redes para la vinculación natural.

El ecosistema urbano se caracteriza porque no contiene bloques de hábitat lo suficientemente grandes para sostener poblaciones viables de la mayoría de fauna y flora, lo que obliga a diseñar estrategias de conservación no tradicionales.

En este sentido es difícil hablar en las ciudades de corredores biológicos porque son difíciles de encajar en las limitaciones del paisaje urbano, lo que sugiere que los diseños deben estar centrados en redes de conectividad basados en la diversidad de parches que aún se mantienen donde los grandes parques urbanos y los reductos de parches grandes ofrecen una clave como nodos y para ello las aves son grandes indicadores de esa conectividad a través de su movimiento en la matriz urbana.

Este desafío de regenerar la biodiversidad en las ciudades puede dar muchas lecciones para la conservación de la biodiversidad hacia el futuro en diversos ambientes dominados por la especie humana.

3. Resiliencia en la ciudad.

La permanencia de espacios verdes en la ciudad contribuye con los procesos naturales del ciclo del agua evitando inundaciones no deseadas y sobre todo produciendo efectos de enfriamiento de la ciudad causados por el exceso de infraestructura gris y asfalto, convirtiéndose así en una de las medidas más económicas y con mayor cantidad de co-beneficios en un mundo cada vez más cálido.

Además, las poblaciones naturales tendrán que adaptarse a la futura urbanización. La protección de las áreas naturales dentro de la matriz urbana puede ayudar a suavizar esta transición y proporcionar una oportunidad para saber más sobre las respuestas desconocidas de la biodiversidad a una serie de regímenes de gestión.

En un sentido más amplio, los ecosistemas urbanos pueden servir como modelos para comprender y mitigar los efectos del inminente cambio ambiental en zonas no urbanas, así el estudio del ecosistema urbano puede ayudar a los conservacionistas a anticipar y mitigar los efectos del cambio climático. Además, la conservación de las zonas urbanas en la actualidad puede proporcionar un refugio para especies o genotipos únicos que se adapten mejor al estado futuro de los entornos no urbanos actuales.

4. Conectar a la gente con la naturaleza.

El futuro de la conservación de la biodiversidad se decide en las ciudades, donde se concentran los poderes políticos y económicos que no están regularmente expuestos a los ecosistemas naturales. Además, las zonas urbanas ofrecen una oportunidad para sensibilizar y educar a grandes cantidades de personas, incluyendo aquellas que carecen de los medios o la motivación para  viajar a zonas no urbanas, donde la exposición basada en la educación sobre conservación de la biodiversidad se ha ubicado tradicionalmente.

Más allá de estas cuestiones de educación ambiental básica, las zonas urbanas también pueden ofrecer oportunidades para una participación más activa en la regeneración ecológica y la vigilancia del deterioro ambiental. Aparte de esta necesidad de educación, las experiencias personales darán forma a los valores, y los valores darán forma a las decisiones políticas. Por lo tanto, los responsables de las políticas deben tener una visión positiva directa a partir de sus experiencias con la biodiversidad de la ciudad, lo que puede llevar a una retroalimentación positiva basada en la experiencia y practicada en la política.

5. Servicios ecosistémicos.

Los residentes urbanos obtienen muchos beneficios de los ecosistemas tanto naturales como los gestionados dentro de los límites urbanos. Los servicios de los ecosistemas son de varios tipos: uno de ellos es conocido como servicios de provisión, en los cuales se incluye los alimentos, el agua y materias primas. Aunque la mayoría de los alimentos que se consumen en la ciudad son importados, algunos son producidos en tierras agrícolas dentro de la ciudad o, por ejemplo, el agua que es consumida en la ciudad y que proviene en muchos casos de cuencas locales.

Un segundo tipo son los servicios de regulación, que son muy importantes para mantener la vida y mantener un ambiente equilibrado. La vegetación ayuda a hacerle  frente al calentamiento urbano y al riesgo de inundación. Además, sirve como barrera para controlar la dispersión de la contaminación y el ruido producido por el intenso tráfico. Otro ejemplo surge con los pequeños humedales que pueden mejorar la hidrología urbana absorbiendo los contaminantes o amortiguando las inundaciones.

Un tercer tipo de servicios del ecosistema apoya el funcionamiento de la polinización y el reciclaje de nutrientes en el ecosistema. Algunos insectos y aves de la ciudad pueden ser claves como polinizadores, dado el creciente interés en la promoción de la agricultura urbana a pequeña escala.

Por último están los servicios culturales, que comprenden una combinación de beneficios incluyendo el bienestar mental y físico, la educación y el patrimonio cultural. Así, por ejemplo, los parques públicos son un espacio importante para la recreación y relajación, proporcionando oportunidades para numerosas actividades recreativas. Diversos estudios han demostrado que el uso de los espacios verdes en la ciudad trae consigo importantes beneficios para la salud. 

6. Espacios verdes para los habitantes.

Cada vez hay más evidencia científica de que los espacios verdes urbanos son importantes para el bienestar físico y mental de las personas. En parte por esta razón, las autoridades municipales deberían hacer grandes inversiones en el mantenimiento de estos espacios y en su mejoramiento, a la vez que se deberían proponer y construir más en la ciudad.

La gente usa los espacios verdes de la ciudad para una amplia variedad de actividades, incluyendo la relajación, las excursiones familiares, el arte, la fotografía y el ejercicio físico. Esto significa que las preferencias por determinados tipos de espacios verdes están fuertemente influenciadas por los intereses y necesidades individuales, esto conlleva a que su mejoramiento o diseño debe contar con la participación de los usuarios.

El uso recreativo de los espacios verdes es una consideración importante al planificar los espacios verdes en la ciudad, pero también deben considerarse otros tipos de valor y uso. Entre ellos figuran el valor para la conservación (por ejemplo, la biodiversidad, el patrimonio cultural), la conectividad de la red (por ejemplo, para el transporte, la ecología, la hidrología, el turismo) y la calidad estética.

A menudo hay que hacer concesiones entre estos diversos usos, por lo que el diseño y establecimientos de estos deben considerar estudios técnicos que ayuden a los planificadores y diseñadores a tomar mejores decisiones.

7. Cumplir con las responsabilidades éticas.

Tenemos una obligación ética de convivencia con todos los seres vivos que comparten este planeta con nosotros, por lo que debe ser una razón directa la conservación de la biodiversidad. En muchas tradiciones filosóficas, religiosas y seculares, hay una responsabilidad de ser buenos administradores del planeta. La conservación de la biodiversidad en las zonas urbanas podría facilitar el cumplimiento de estas obligaciones morales porque las oportunidades de conservación están localizadas cerca de nuestros barrios y viviendas.

Esta proximidad geográfica nos permite experimentar más fácilmente nuestros mandatos éticos o religiosos. Para los habitantes que aún no tienen conciencia de esta responsabilidad ambiental, la exposición a la biodiversidad urbana (en particular a través de programas educativos) puede ayudar a inculcar una conservación ética.

Finalmente, los problemas de la conservación de la biodiversidad urbana no son insuperables, pero el éxito requiere de una planificación cuidadosa y basada en ciencia. Debemos partir de la pregunta del por qué la biodiversidad urbana debe ser conservada y qué especies o funciones del ecosistema son los que deseamos mantener y qué podemos lograr de nuestro entorno urbano.

Sin una meta de partida, la implantación de las acciones no serán efectivas y los limitados recursos destinados para la conservación de la biodiversidad urbana pueden ser desperdiciados.