Cuando la gente me pregunta que cómo hago para trabajar en un sector “tan complicado” como el transporte me surgen varias respuestas. Llevo aproximadamente cinco años trabajando en esta materia,  siempre del lado de los cooperantes internacionales, ya sea la GIZ (cooperación alemana) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y no es una respuesta sencilla.

¿Veo los toros desde la barrera? No lo pondría así. Trabajo de cerca los diferentes actores del sector y realmente busco que se implementen los planes que se elaboran, pero sí me libero de las responsabilidades que tiene algún funcionario público.

La razón principal por la cual sigo luchando en un sector caracterizado por su evidente ineficiencia y no en un start-up de logística urbana con paneles solares en Berlín (para poner un ejemplo de las miles de posibilidades que hay en un país industrializado) es que aún veo las oportunidades aquí. Como casi no se ha hecho nada, hay mucho que hacer.

Actualmente mi trabajo principal consiste en un control de calidad estricto de los productos que generan firmas consultoras para llevar apoyar al país en su camino hacia una movilidad baja en emisiones. Las decisiones al final, las toman otros. He visto buenos estudios ser engavetados y malos estudios que sirven como base de discusión. No he visto ningún préstamo en el departamento de transportes del BID que sea para infraestructura de transporte público – en otras palabras, no he visto proyectos de pre-inversión. Se requiere paciencia y una dosis de entusiasmo por el tema en sí.

Me parece fascinante, que a pesar de que en el GAM la mayoría de las paradas no estén bien demarcadas aun así las personas sepan cuál bus es el que pasa y dónde las dejará (en algún lugar en San José centro por supuesto), que la avenida Central en horas picos se convierte en un corredor peatonal de ciudadanos que deben ir de una parada a la otra y que hayan cada vez más personas abriéndose camino en la bicicleta – eso en el sentido positivo.

La necesidad de moverse crece en todo el mundo. Es algo que va de la mano del mayor poder adquisitivo de la población. La falta de acciones para garantizar que estos traslados generen la menor cantidad de emisiones posible significa altos niveles de contaminación local, aumentos en la temperatura global y al diario congestionamiento vial. ¿Cómo podemos enfrentar esto? Mes a mes voy a escribir sobre ideas buenas e ideas malas, experimentos, planes que sirven fuera del país y en Costa Rica.

Cuando acepté mi última propuesta laboral pensé “Si se te presenta este reto y no lo asumís, ¡no tenés derecho de quejarte de las presas nunca más!”. Siete años después de haber regresado de estudiar en Alemania sigo en San José, pero debo ser sincera: no ando en bicicleta, viajo en un automóvil, preferiblemente fuera de horas pico, y ocasionalmente en bus. He trabajado con funcionarios públicos excelentes, un sector privado interesado y una sociedad civil activa y me he topado con barreras y más barreras. Pero cuando se tiene la oportunidad de cambiar las cosas, por más complicadas que sean, se sigue trabajando en este sector – con mucha paciencia.

El derecho a moverse de forma segura y eficiente es fundamental. En épocas donde en otros países se habla sobre una revolución en la forma moverse, en Costa Rica esta necesidad básica parece más bien dificultarse cada vez más. Pero las posibilidades son infinitas. Por eso sigo trabajando en este “sector complicado”.