Es innegable que los bosques urbanos son cruciales para dar respuesta a los desafíos esenciales actuales como el calentamiento global, el cambio climático, la degradación del ambiente y la pandemia COVID-19. Lo anterior ha provocado que en los últimos años se esté adquiriendo mayor conciencia de la importancia de los árboles urbanos en el bienestar de los habitantes de la ciudad y, por otra parte, la pandemia ha provocado un despertar sobre la importancia de los espacios verdes. De hecho, numerosos estudios en todo el mundo han demostrado el aumento del uso de la naturaleza urbana durante la pandemia.

Pero, la meta de arborizar la ciudad debe pasar por directrices claras y específicas, más si consideramos que en nuestro medio se busca no solo obtener beneficios directos como el enfriamiento de la ciudad sino contar con una mayor biodiversidad urbana, por lo que se hace necesario establecer algunas reglas básicas para desarrollar un programa forestal urbano exitoso, considerando que cada ciudad es diferente, lo que hace que sea difícil establecer objetivos transferibles entre ellas a través de varios contextos y configuraciones.

La regla de biodiversidad urbana 10-20-30

Los esfuerzos que se hacen en el país conllevan a preguntarse si la arborización, que actualmente se lleva a cabo, contribuye efectivamente a aumentar la biodiversidad de la ciudad o solo estamos llenando la ciudad de árboles sin consideraciones de tipo estructural, de composición y riqueza de especies.

Desde hace varias décadas, el ecólogo forestal urbano Frank Santamour propuso la regla 10-20-30 para garantizar la diversidad de especies en el bosque urbano. La norma establece que ninguna especie arbórea debe componer más del 10% del bosque urbano de un municipio, ningún género debe tener una cuota superior al 20%, y ninguna familia debe componer más del 30% del bosque urbano. Aunque esta regla ha sido debatida a lo largo de los años, se ha hecho ampliamente conocida y adoptada, lo que muy probablemente ha tenido un efecto positivo en la estructura y diversidad de los bosques urbanos. Una regla importante de valorar en las ciudades de un país tan diverso en términos de biodiversidad como el nuestro.

La regla anterior está enfocada en lograr la promoción y el mantenimiento de una biodiversidad arbórea razonable, sin embargo, probablemente debido a que su formulación ocurrió en la década de los 90, no tenía un enfoque que considerara los bienes y servicios proporcionados por la arborización urbana, pero que sí ha contribuido a mantener en contexto la biodiversidad en la ciudad. Actualmente se nos han añadido otras urgencias en los ámbitos de cambios en el clima y la salud pública por lo que han surgido nuevas propuestas de reglas que conduzcan a garantizar que los residentes de las ciudades tengan acceso a los árboles, espacios verdes y beneficios que estos proporcionan en el bienestar humano.

Tomando en consideración lo anterior, recientemente en un artículo publicado en Biophilic Cities Journal ,el ecólogo forestal urbano Cedes Konijnendijken propone la incorporación en las ciudades de una regla complementaria a la de Santamour: la  3-30-300; basándose en numerosas investigaciones relacionadas con los vínculos entre los bosques urbanos y la salud, el bienestar, el cambio climático y el trabajo de organizaciones mundiales influyentes como la Organización Mundial de la Salud.

Sus principales argumentos parten de lograr una meta de llevar los árboles y la naturaleza hasta los barrios de las personas, las calles y las puertas de sus residencias para capitalizar sus muchos beneficios. Es claro considerar que, por el estado de desarrollo de las ciudades, esto no se logre distribuir uniformemente, más si consideramos que las poblaciones más marginadas de la ciudad generalmente son las menos favorecidas de presencia de árboles y espacios verdes, pero que lo que debemos hacer es buscar las oportunidades para mejorar y aumentar esos espacios necesarios donde sea posible.

Además, debemos tomar en cuenta que promover grandes espacios verdes en la ciudad a través de parques como La Sabana, el Parque del Este o el Parque de la Paz son solo segmentos de lo que debemos hacer porque realmente lo que debemos buscar es integrar la infraestructura verde en todos los rincones donde vivimos, trabajamos y nos recreamos para que la naturaleza este a la vista y de fácil acceso de todos sus habitantes.

La regla de los espacios verdes 3-30-300

  • 3 árboles por cada hogar

El primer elemento de la regla es que cada ciudadano debe ser capaz de ver al menos tres árboles (de un tamaño decente) desde su casa.

La pandemia, a través del teletrabajo, nos ha atado a nuestros hogares o barrios de manera directa, dando aún mayor importancia a los árboles cercanos y a otros espacios verdes como jardines y vegetación a lo largo de las calles. Ver el verde desde nuestras ventanas nos ayuda a mantenernos en contacto con la naturaleza y sus ritmos. Proporciona descansos importantes de nuestro trabajo y puede inspirarnos y hacernos más creativos.

A ello debemos de sumarle el hecho de que probablemente el teletrabajo, en alguna medida, continuará siendo parte de nuestra vida laboral. En este apartado debemos preguntarnos cuántos árboles quisiéramos ver desde nuestras casa o apartaments para solicitarle al municipio una política de arborización congruente con nuestras necesidades.

  • 30% de cubierta de dosel de árboles en cada barrio

Konijnendijken menciona que cada vez más estudios recientes han demostrado una asociación entre el dosel del bosque urbano y el enfriamiento de la ciudad (algo que también hemos demostrado en estudios en Costa Rica), mejores microclimas, salud mental y física y posiblemente también la reducción de la contaminación del aire y el ruido.

En Australia es donde se ha demostrado científicamente que el 30% es un umbral importante, un porcentaje de cobertura de dosel mínimum que asegura que los residentes se beneficien en términos de su salud y bienestar, lo que promueve una mejora en la salud social al sacar a la gente de sus casas a pasar más tiempo libre e interactuando con sus vecinos debido al clima agradable que provoca la sombra de los árboles en las calles y espacios verdes. Este porcentaje tendrá que acomodarse a la situación actual de las ciudades, pero se vuelve muy importante su consideración en los nuevos desarrollos o en aquellos lugares donde predomina el clima seco.

  • A 300 metros del parque o espacio verde más cercano

¿Qué tan cercano debe estar un espacio verde de mi residencia? Konijnendijken propone una distancia de 300 metros basado en resultados de investigaciones. Además, menciona -por ejemplo- que la Oficina Regional Europea de la Organización Mundial de la Salud recomienda que sea una distancia máxima de 500 metros hasta el espacio verde más cercano o que esté de 5 a 10 minutos de caminata segura.

La otra exigencia es que estos espacios verdes sean de alta calidad, un problema fundamental al menos en Costa Rica en estos momentos y abriendo la mente a que estos no necesariamente tienen que ser parques como los conocemos sino pueden ser también corredores para bicicletas o senderos para caminar que atraviesen o circunden la ciudad.

Idealmente, los espacios verdes públicos deben ser, según el autor de la regla, de 1 hectárea de tamaño, algo probablemente difícil de alcanzar en el estado actual de las ciudades, pero señala que entonces un tamaño decente debería ser de al menos 0,5 hectáreas. Aquí no debemos detenernos bajo el argumento de que ya no hay espacios en la ciudad para hacer esto, porque si somos capaces de eliminar escuelas o expropiar parte de barrios para construir una vía de circunvalación para la movilidad de automóviles deberíamos ser capaces de expropiar para crear nuevos espacios verdes en la ciudad.

Implementación de las reglas en ciudades de Costa Rica

Los valores presentados en los párrafos anteriores están basados en investigaciones realizadas en diversas partes del mundo, probablemente tengamos que discutir los valores para las ciudades de Costa Rica, por lo que deberíamos de promover la investigación en esta línea, ya que es claro que tener reglas de este tipo para las ciudades del país permitirá la evaluación comparativa ( a nivel nacional e internacional) así como el fácil seguimiento sobre el progreso de la conversión o creación de ciudades verdes, lo que ayudará a mejorar y expandir el bosque urbano y, con eso, promover la salud, el bienestar, la gestión del riesgo y la resiliencia ante el cambio climático.

Finalmente, no podemos hablar de ciudades verdes si la arborización de estas o la creación de otros espacios verdes no estén basados en reglas provenientes de la ciencia de la ecología urbana. Sembrar un árbol en la ciudad es un acto heroico y muy loable, pero debemos garantizar que, en el futuro, en sus etapas de madurez, estará contribuyendo con el mantenimiento de la biodiversidad de la ciudad y con la resiliencia de la ciudad y los cambios en el clima.