Un día después de las elecciones, y mientras aún se cuentan los votos para definir quien gobernará por los próximos cuatro años, Estados Unidos oficialmente se retira del Acuerdo de París tras cumplirse el año de preaviso.

De esta forma, el país norteamericano se convierte en el primero en abandonar el tratado internacional que establece un nuevo régimen climático para impedir que el incremento de la temperatura media del planeta sobrepase el umbral de los 2 ºC e idealmente ni siquiera supere el 1,5 ºC.

Estados Unidos abrazó el Acuerdo de París en el 2015, durante la administración Obama. De hecho, en ese entonces, el liderazgo de los presidentes estadounidense y chino fue clave para lograr el consenso necesario para concretar un instrumento que sustituyera al Protocolo de Kioto.

El Acuerdo de París entró en vigor en el 2016. Cualquier país que deseara retirarse de este debía esperar a que el tratado cumpliera cuatro años de vigencia y dar un año de preaviso con respecto a su retirada.

En junio de 2017, el presidente Donald Trump anunció su intención de retirada en conferencia de prensa, aduciendo que el tratado internacional no era justo para Estados Unidos. “No puedo apoyar un acuerdo que castiga a los Estados Unidos”, dijo y agregó: “(El Acuerdo de París) no impone obligaciones mínimas a los más grandes contaminantes”. Sobre esto último, el presidente estadounidense hizo alusión explícita a China, India y Europa. 

El 4 de noviembre de 2019, Estados Unidos notificó a Naciones Unidas su retirada y empezó a correr el año de preaviso.

Un año más tarde, se cumplió el plazo en medio de una contienda electoral que enfrenta a Trump (candidato republicano) y Joe Biden (candidato demócrata y exvicepresidente en la administración Obama).

La permanencia o retirada del Acuerdo de París no escapa al clima electoral. Biden anunció que revocaría la retirada si ganase las elecciones, mientras que si Trump renueva su mandato pues la salida sería permanente.

Biden versus Trump

Para la organización 350.org, los próximos cuatro años juegan un papel fundamental en la mitigación y adaptación al cambio climático. “Los Estados Unidos son el segundo mayor emisor del mundo y sus prometidas reducciones de emisiones representan alrededor del 20% de las reducciones globales. Los Estados Unidos subvencionan directamente a la industria de los combustibles fósiles aproximadamente $20.000 millones al año”, se lee en un comunicado.

En campaña, Biden prometió reincorporar a Estados Unidos al tratado internacional si gana la presidencia. Es más, el candidato demócrata propuso un plan valorado en $1,7 billones para que el país llegue a neutralizar sus emisiones en el año 2050.

Para Niklas Hohne, científico climático de la Universidad de Wageningen en Holanda y miembro de Climate Action Tracker, el plan de Biden por sí solo podría reducir el aumento de temperatura en el orden de 0,1 °C. “Esta elección podría ser un punto de quiebre para la política climática internacional. Cada décimo de grado cuenta“, escribió en Twitter.

Por otro lado, si Trump permanece en la presidencia por cuatro años más, no solo la retirada sería permanente sino que los esfuerzos globales por frenar el calentamiento global tendrían que continuar sin una de ellas mayores economías del mundo.

“La retirada de Estados Unidos tiene enormes implicaciones para el resto del mundo en términos de abordar la crisis climática. Su salida del Acuerdo de París demuestra lo que está en juego en esta elección. Lo que necesitamos ahora es que todos se pongan manos a la obra para el liderazgo climático mundial”, dijo May Boeve, directora ejecutiva de 350.org.

Según el grupo America’s Pledge, si Trump logra la reelección, la acción climática recae en los estados, ciudades y empresas, cuyas iniciativas -aún sin el apoyo de Washington- podrían permitir una reducción del 37% de las emisiones al 2030.

“Sea cual sea el resultado final de las elecciones, no cuenten con los Estados Unidos. A pesar de que el gobierno federal ha abandonado oficialmente el Acuerdo de París, hay millones de estadounidenses que rechazan esta regresión, están comprometidos con la justicia climática y exigen que los Estados Unidos en su conjunto -incluidas las ciudades, los estados y los bancos- mantengan los objetivos del Acuerdo de París y vayan más allá. Debemos redoblar nuestros esfuerzos y centrarnos en derribar los pilares de apoyo de la economía de los combustibles fósiles en los Estados Unidos y en el mundo y luchar por nuestro derecho a un futuro limpio, seguro, abundante y justo”, enfatizó Boeve.