El primer ministro de Fiyi recordará al mundo en la conferencia de Bonn sobre el clima la dura realidad sufrida por su país: el cambio climático existe, sus efectos son devastadores y es necesaria una acción urgente.

Alemania acoge a partir del lunes la 23ª conferencia de la ONU sobre el clima (COP23) y Frank Bainimarama presidirá los debates. El jefe de gobierno del minúsculo archipiélago del Pacífico de casi un millón de habitantes está bien situado para explicar cómo afecta el calentamiento global a los Estados insulares del Pacífico.

En previsión de su importante papel en la COP23, Bainimarama recorrió el planeta en los últimos meses para sensibilizarlo sobre los problemas de los habitantes de estas micronaciones.

“La subida del nivel del mar, los fenómenos climatológicos extremos o los cambios en la agricultura (…) amenazan nuestro modo de vida y en algunos casos incluso nuestra existencia”, dice. “Somos los más vulnerables y como tales, debemos ser escuchados”.

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Los científicos advierten que algunas naciones insulares de baja altitud corren el riesgo de desaparecer bajo el mar.

Las sequías e inundaciones son ahora frecuentes en toda la región, que pasa de un extremo meteorológico a otro.

El agua de mar ha contaminado cultivos y fuentes de agua potable. En las Islas Marshall se han perdido incluso cementerios, tragados por las aguas.

“Espantosamente real”

Bainimarama recuerda que su país, con una población de casi un millón de personas, fue devastado en febrero de 2016 por el ciclón Winston, la mayor tormenta registrada hasta la fecha en el Pacífico Sur, con ráfagas de hasta 325 km/h.

El desastre causó 44 muertos, arrasó 40.000 viviendas y destruyó un tercio de la economía del archipiélago.

Antaño solo había un superciclón cada 10 años. Pero apenas un año antes de Winston, Pam dejó 11 muertos en el vecino Vanuatu.

Fiyi vive hoy con el temor de que alguna de estas tormentas “surgidas de ninguna parte” golpee “en cualquier momento”, cuenta Bainimarama.

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“Hacemos frente a una situación en la que un solo fenómeno que golpeara directamente Fiyi podría aniquilar años de desarrollo y llevarnos varias décadas atrás”, agrega.

La experiencia de Fiyi y otros países muestra, según él, la realidad del calentamiento global. “No es un invento, es espantosamente real”, afirma a los periodistas.

“Las pruebas son mundiales, ya sea el fin del hielo ártico en 40 años, la pérdida de ciudades como Miami en 50 años o en el Pacífico la pérdida de tres países enteros en un plazo similar, Kiribati, Tuvalu y las Islas Marshall”.

“Un año después de la entrada en vigor del acuerdo del clima de París, estamos lejos de hacer lo necesario para impedir una vida de miseria a cientos de millones de personas” – Erik Solheim, Director del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Objetivo 1,5 °C

En Bonn, su principal prioridad será “forjar una gran coalición formada por los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado” para aplicar el Acuerdo de París sobre el cambio climático de 2015. Más de 190 países se comprometieron entonces a mantener el calentamiento por debajo de los 2 ºC.

Y eso cuando Erik Solheim, director del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUE), acaba de denunciar la diferencia “catastrófica” entre las promesas nacionales de limitación de las emisiones de gases de efecto invernadero y las medidas que habría que tomar para lograr ese objetivo.

“Un año después de la entrada en vigor del acuerdo del clima de París, estamos lejos de hacer lo necesario para impedir una vida de miseria a cientos de millones de personas”, dijo esta semana.

Fiyi y otros Estados insulares esperan convencer a los grandes contaminadores para que vayan más lejos y limiten el calentamiento a 1,5 °C respecto al promedio previo a la era industrial.

Para Bainimarama, se trata del mayor desafío que ha tenido que afrontar jamás la humanidad. “La gente tendrá que movilizarse y comprometerse como para ir a la guerra”, estima.

Pero también es optimista y apuesta a que Estados Unidos no se retirará del Acuerdo de París, pese a lo que prometió Donald Trump.

Los hechos son demasiado tozudos, dice. “El tema está asentado y las consecuencias son evidentes, la humanidad ignora estos hechos por su cuenta y riesgo”.