Mensajería, seguridad y limpieza. Esos eran los tres servicios que -en un esquema de outsourcing– ofrecía Servicios de Consultoría de Occidente S.A. (SCOSA) cuando inició operaciones a finales de los 90.

Con el tiempo, la empresa -fundada por Carlos Araya y Silvia Chaves- se enfocó en la limpieza. Aparte de oficinas y centros de trabajo, SCOSA se especializó en el sector industrial y en el manejo de cuartos limpios. “Al enfocarnos en el tema de limpieza, se empezó a dar empleo a personas que coincidentemente reunían tres características: niveles socioeconómicos bajos, niveles académicos limitados y una gran mayoría eran mujeres”, comentó Chaves.

“Estas personas empezaron a presentar problemas de salud. Teníamos una excesiva rotación de personal, demasiadas incapacidades y fue cuando dijimos: ‘aquí está pasando algo más’”, agregó la vicepresidenta de la empresa.

En ese entonces, SCOSA compraba los productos de limpieza en el mercado nacional e internacional. Su personal estaba expuesto a químicos y, por ello, intentaron hacer un manejo a nivel de salud ocupacional: equiparon a sus empleados con guantes, mascarillas y demás, también se les capacitó en seguridad. “Aunque logramos alguna incidencia, su exposición a los químicos no dejaba de ser directa tanto en piel como en respiración”, señaló Chaves.

Investigaron más a fondo las razones detrás de las incapacidades. Pidieron ayuda a médicos especializados en toxicología y empezaron a indagar en la composición química de los productos que estaban adquiriendo. Algunos de estos, ante la exposición constante, provocaban rinitis, asma y alergias de piel, también agudizaban otras enfermedades ya existentes en las personas.

Los resultados de esa pesquisa terminaron de convencer a Chaves y Araya. Ahora se abocarían a desarrollar sus propios productos de limpieza y, como no existe salud humana sin salud ambiental, la formulación debía ser obligatoriamente amigable con el planeta.

Florex nació en el 2003, en San Ramón de Alajuela.

(Foto: Nina Cordero).

(Créditos: Nina Cordero)

Fórmulas de bajo impacto ambiental

A la hora de buscar empleo como laboratorista química, Yaudicia Vargas puso su mirada en Florex. “Me daba la posibilidad de aplicar la química de una manera diferente”, justificó.

A Vargas le sorprendió que, siendo una empresa pequeña, se apostara por Investigación y Desarrollo (I&D), incluso se invirtiera en laboratorios propios para crear nuevas formulaciones, investigar materias primas y estandarizar procesos.

Lo primero que hizo I&D fue identificar proveedores de materias primas que fueran responsables con las personas y el medio ambiente. Superando ese primer paso, y con los materiales sobre la mesa, se idearon mezclas que tuvieran el menor impacto y el mayor rendimiento posible.

Todos los productos de Florex son biodegradables, es decir, se degradan en periodos no mayores de 28 días al entrar en contacto con el entorno. Además, son libres de componentes tóxicos tanto para la salud humana como para otros organismos y tampoco contaminan.

Otra de las funciones del laboratorio se centra en comprobar la efectividad de las formulaciones, también se hace control de calidad así como monitoreo ambiental. Todas las afirmaciones sobre reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), consumo de recursos naturales y ciclo de vida son validadas por informes químicos.

Sin embargo, se aspiraba a tener sus propias materias primas. “Es interesante que la empresa no se queda solo con la tradicional parte química, sino que también ha desarrollado la parte biotecnológica. Es parte de lo que aprendemos los que trabajamos aquí: no quedarnos en lo que estudiamos sino también ver otras ramas”, comentó Vargas.

Para ello, Florex se alió a centros de investigación de universidades. Es más, y desde 2017, se unió al consorcio CR-BIOMED, una iniciativa que integra a científicos, académicos, emprendedores y representantes del sector público y privado en pro de soluciones basadas en biotecnología y ciencias de la vida.

El objetivo de las alianzas yace en la búsqueda de microorganismos y enzimas que puedan emplearse en la eliminación de moléculas de suciedad y malos olores, sin que esto sea perjudicial para el ambiente.

Los buenos resultados obtenidos en el desarrollo de productos y la buena aceptación por parte de los clientes del servicio de limpieza, les motivó a sacarlos al mercadeo para consumo masivo. Así fue como se fundó la comercializadora en el 2011, la cual distribuye en Costa Rica, Guatemala, Panamá y El Salvador.

En el mezanine se hacen las mezclas y estas bajan, por gravedad, al primer piso donde se embotellan. (Foto: Nina Cordero).

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Enfoque en ciclo de vida

Ahora bien, la fabricación de productos de limpieza requería la existencia de una planta. Para Chaves y Araya era primordial que el diseño de la misma fuera coherente con el espíritu de la empresa.

“La única forma de ser amigable con el ambiente es retomando el tema del ciclo de vida. El producto o servicio tiene que ser diseñado pensando en el impacto que va a tener hasta el final”, explicó Chaves.

En el 2009 se inauguró la Eco-Planta, un espacio industrial que utiliza la fuerza de gravedad y la hidráulica para impulsar la cadena de producción. Cuenta con un mezanine donde se colocan las mezclas, las cuales bajan a las máquinas de llenado por acción de la gravedad. Esto evita el empleo de motores de trasiego y esto, a su vez, rehuye el consumo energético.

El techo también se aprovecha al máximo. Allí se encuentran los 104 paneles policristalinos que captan rayos ultravioleta. Gracias al empleo de inversores, la fábrica goza de autonomía eléctrica.

“El hecho de contar con energía solar, no nos eximió de pensar en el diseño de la planta. Siempre hay que pensar en la eficiencia y en el buen uso del recurso natural”, enfatizó Araya. Se recurrió al diseño pasivo para aprovechar al máximo la luz solar tanto en términos de iluminación como calefacción, así como las corrientes de aire natural para fines de climatización.

También se cuenta con infraestructura para la cosecha de agua llovida, la cual se emplea en la limpieza de las instalaciones y el lavado de la flota vehicular. La fábrica posee su propia planta de tratamiento de aguas residuales, cuyo líquido resultante se utiliza en labores de riego.

La innovación también alcanza a los envases. Para disminuir la huella hídrica en sus formulaciones, Florex distribuye presentaciones concentradas de sus productos. Esto, además, reduce el uso de plástico en el envasado y la generación de emisiones GEI resultantes del transporte.

“Solo en plástico son 149 gramos menos”, dijo Araya. El espacio que antes ocupaba un galón de producto ahora lo ocupan 22 envases de concentrado. Es más fácil de transportar y también más sencillo de almacenar.

Ese cambio conllevó campañas de concientización, ya que se requería que el consumidor leyera la etiqueta para así agregar agua al producto concentrado. “Había que romper esas barreras, les estábamos pidiendo ir un paso más allá para al asumir su propia responsabilidad como consumidor”, destacó Chaves.

Asimismo, y en pro de la coherencia, la empresa promueve la recuperación de envases.

“Al principio no nos entendían el por qué queríamos recuperar los envases. Tuvimos que hacer toda una eco-capacitación a los clientes para sensibilizar sobre el por qué era importante reutilizar”, comentó Araya y continuó: “nos tomó tiempo, pero ya logramos que las personas no solo nos den los envases sino también que vengan en las condiciones adecuadas. Al final se ha generado toda una cultura y ahora tenemos clientes que recuperan más del 90% de los envases”.

Esa política de recuperación también implicó trabajar en procesos para el lavado, esto con el fin de garantizar la calidad del producto. El agua de ese lavado se emplea en la limpieza de la Eco-Planta y las oficinas administrativas.

La empresa tiene un programa de reciclaje y reutilización de envases. (Foto: Nina Cordero).

(Créditos: Nina Cordero)

Un envase puede reutilizarse hasta 50 veces. “Nosotros solo mandamos a re-procesar cuando un envase está completamente deteriorado”, explicó Araya y agregó: “se envía a empresas certificadas para que ese plástico se utilice en la confección de basureros o madera plástica”.

En este sentido, Araya subrayó el papel que desempeñan las políticas de Compras Verdes del Estado, porque -desde los carteles de licitación- se promueven cambios culturales en pro de soluciones más amigables con el ambiente.

De hecho, y según Gerson Martínez de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los Estados pueden hacer aún más. “La política pública juega un rol en la construcción de sociedades y economías ambientalmente sostenibles”, dijo y añadió: “si bien las empresas son claves como actor en el mundo del trabajo, ninguno de los cambios estructurales pueden darse en el vacío, se requiere un conjunto de políticas que permitan generar un ambiente propicio para el desarrollo de emprendimientos y negocios sostenibles”.

El especialista de la OIT se refiere a la generación de un marco de políticas que favorezca la creación y accionar de las empresas, que a su vez incidirán en la creación de empleos verdes e inversiones sostenibles. Pero, también debe existir coherencia entre estas políticas.

Actualmente, muchas transformaciones son producto de los esfuerzos voluntarios de las mismas empresas, que los hacen a través de los programas de responsabilidad social corporativa. Para que esta transición hacia empresas más sostenibles deje de ser la excepción y se convierta en la norma, los Estados deben tomar acciones.

“Aún hay un vacío en el marco de políticas y en el marco regulatorio, en incentivos fiscales, en la formación técnico – profesional, los servicios de empleo que acompañen estas prácticas empresariales responsables con el medio ambiente y que no sea una cuestión de voluntad sino que sea una política de Estado la promoción de este tipo de prácticas”, señaló Martínez.

Tampoco es una cuestión necesariamente de dinero. Para el especialista de la OIT, los Estados pueden recurrir a diversos mecanismos. “No solo se apoya descontando impuestos o dando subsidios, también hay mecanismos de promoción y reconocimiento así como políticas sectoriales e industriales que permitan identificar nuevos mercados, también contar con mecanismos que permitan acompañar a las empresas para que se sumen a esta transformación hacia economías bajas en carbono y sustentantes. Si bien no necesariamente tienen plata, los gobiernos sí pueden generar marcos regulatorios que faciliten la creación de empresas bajo una lógica sustentable”, destacó.

Algunos ejemplos son: facilitar los trámites, brindar servicios para el desarrollo de empresas, la formación de personal, vinculación a la cadena de valor, la promoción del trabajo decente, inversiones sostenibles, inteligencia de mercado, etc.

“Hay que aprovechar el aparato institucional para generar políticas dirigidas a transitar hacia una recuperación económica más verde tras COVID-19. Si bien en las empresas el carácter de las decisiones es privado, se puede motivar para transitar a estas nuevas formas de producción a través de un marco regulatorio, políticas e incentivos”, comentó Martínez.

Transición justa

Tras desempeñarse como laboratorista química en Florex, Vargas fue involucrándose en el tema de los sistemas de gestión. “La química la sigo ejerciendo porque me ayuda mucho en lo que estoy haciendo, pero prácticamente hice carrera ambiental en la empresa”, manifestó quien hoy ostenta el cargo de coordinadora de sostenibilidad.

Se involucró en el proceso para declarar a la empresa como carbono neutral, siendo Florex una de las primeras en obtener este sello otorgado por el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE). “Me tocó introducirme en el tema de normalización de lleno y me gustó mucho. Fue interesante empezar con esa certificación porque es muy técnica y la formación en química me ayudó a entender el proceso de por qué se emite y la logística detrás de aplicar la norma y hacer los cálculos de emisiones”, comentó.

Por sus labores, Vargas y su compañero Mario Salas conocen la empresa en profundidad: “hemos logrado ver como los procesos operativos se pueden cada vez mejorar en cuanto a impacto ambiental”.

A la fecha, la empresa está certificada con las normas INTE ISO 9001 – Sistema de Gestión de la Calidad, la norma INTE ISO 14001 – Sistema de Gestión Ambiental e INTE B5 – Sistema de Gestión para demostrar la Carbono Neutralidad.

“Las certificaciones son una manera muy fácil de ordenarse, estandarizarse para hacer las cosas siempre de la misma forma y eso evita la posibilidad de cometer errores, garantiza que los productos sean de calidad y se es mucho más eficiente en el proceso. Desde el punto de vista ambiental, no solo se trata de producir sino que plantea qué se va a hacer con los residuos y qué tratamiento se les dará para evitar un impacto negativo en el ambiente. Se trata de cerrar el ciclo, que no quede nada suelto”, explicó Juan Gabriel Rodríguez, quien es gerente de planta.

Las certificaciones no solo son utilizadas para cumplir con estándares internacionales, sino también como herramienta para establecer indicadores de desempeño.

En este sentido, y desde 2017, Florex se certificó como Empresa B. Este es un movimiento internacional que insta a las empresas a ir más allá de sus necesidades de rentabilidad y busca que asuman compromisos en pro de la sostenibilidad, considerando a los consumidores, trabajadores, la comunidad, a los proveedores y al medio ambiente a la hora de tomar decisiones. Las Empresas B resumen su filosofía en “ya no ser la mejor empresa del mundo, sino ser la mejor empresa para el mundo”.

Florex también utiliza las certificaciones como una forma de comunicación con sus clientes, lo mismo pasa con sus reportes anuales de sostenibilidad, los cuales son de libre acceso. De esta forma se ejerce la transparencia.

Mediante estos sistemas de gestión en sostenibilidad, Florex ha podido transitar hacia una estructura económica baja en emisiones de carbono, resiliente y respetuosa con el medio ambiente, conceptos propios de la transición justa que OIT promueve a través de la Conducta Empresarial Responsable (CER).

De hecho, el informe El empleo en un futuro de cero emisiones netas en América Latina y el Caribe -elaborado por OIT y el Banco Interamericano de Desarrollo en 2020- define la transición justa como “las medidas de transición justa se refieren a las intervenciones de políticas que tienen como objetivo cambiar la estructura económica por una con bajas emisiones de carbono y respetuosa con el medio ambiente”.

En este sentido, las acciones pensadas desde la transición justa impactan las agendas climática, económica y social, a la vez que respetan los derechos humanos más allá del cumplimiento de la ley. En el caso de Florex, todo su accionar es guiado por 10 principios del Pacto Global de las Naciones Unidas.

Carlos Araya Arias, presidente de Florex, muestra los paneles solares que brindan energía a la Eco-Planta. (Foto: Nina Cordero).

(Créditos: Nina Cordero)

Trabajo decente, trabajo satisfactorio

“Si no existiera Florex, me hubiera tocado ir a San José a buscar trabajo”, declaró Vargas y continuó: “San Ramón es una ciudad dormitorio, la mayoría de la gente viaja para trabajar”.

Cuando se nace en la periferia de la Gran Área Metropolitana y se tiene la oportunidad de estudiar a nivel universitario, la migración se vuelve certeza. En poblados más lejanos a la capital, las personas salen definitivamente de su lugar de origen, porque este no les ofrece opciones para volver. En los casos donde se vive a una o dos horas de la ciudad, pues se viaja.

El 90% de las personas que trabajan en Florex son oriundos de la zona de Occidente: San Ramón, Naranjo, Palmares y Zarcero. Para Araya, la posibilidad de emplear a personas en su zona de origen y en la periferia de la GAM permite dinamizar la economía. “Eso genera prosperidad en el entorno”, manifestó el presidente de la empresa.

“También es coherente con nuestras políticas de carbono neutro. Nuestros colaboradores no pasan de dos a tres horas en carretera, emitiendo gases a la atmósfera, para venir a trabajar o devolverse a sus casas”, continuó y agregó: “se genera prosperidad cuando hacemos que mucha de esta gente dedique esas horas, que hubieran perdido en ir y venir a San José, en estudiar y especializarse aún más, pero también pueden estar con sus familias y hacer vida social”.

La empresa también cuenta con políticas para garantizar la participación del personal femenino en puestos que conllevan toma de decisiones. Actualmente, ese porcentaje de participación asciende actualmente al 50%. También se han ejecutado acciones concretas para retener el talento femenino que van desde educación hasta temas de salud e incidir en la red de cuido. Estos avances en el tema de género fueron reconocidos por el Instituto Nacional de la Mujer (INAMU) como parte de su Programa de Gestión de Equidad de Género.

En sus nueve años como empleada, Vargas siente que la empresa se preocupa por su bienestar más allá de proveerle un salario. En Florex, la coordinadora de sostenibilidad ha hecho carrera en temas ambientales, agradece la disposición de la empresa a escuchar sus ideas e involucrarla en los proyectos.

En la empresa hay mucha libertad para proponer e innovar. Hay todo un sistema para generar nuevas ideas e involucrarse en nuevos proyectos. Uno no se queda solo en las actividades diarias de ejercer la química como tal sino que también se involucra con otras áreas y hay todo un tema de retroalimentación”, manifestó.

“Eso impulsa mucho el tema de como presenta uno, como mujer STEM (siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), su trabajo, como logra los objetivos y como se visualiza a futuro en la organización, las oportunidades que hay”.

Para Vargas, lo que hace a diferente a Florex es la gente. “Hay una forma de trabajar muy particular. La gente es muy dispuesta. Hay procesos que se inician, hay cambios, siempre estamos haciendo algo nuevo y la gente siempre está dispuesta a asumir los retos”, dijo y continuó: “todos nos capacitamos, aprendemos, intercambiamos información. La gente está muy dispuesta a aprender y consciente que vienen cosas nuevas, que no estamos estáticos”.

Conducta Empresarial Responsable

Florex no está necesariamente consciente de ello, pero sus esfuerzos se enmarcan en la CER y es un ejemplo a seguir por su puesta en práctica. La CER, promocionada por OIT, busca que las empresas estén conscientes de sus impactos y actúen de manera responsable, esto incluye sus cadenas de suministros y relaciones comerciales. Todo con el fin de “contribuir al desarrollo sostenible de los países en los que operan”.

“En ese contexto, las empresas adquieren mayor importancia en la contribución a mejorar la calidad de vida de todos y también un rol dinámico de mayor apertura y transparencia. Esto implica para el sector empresario una mirada diferente respecto de las necesidades y expectativas de sus partes interesadas y de la sociedad en general”, se lee en la guía para empleadores titulada La dimensión laboral de la CER, elaborada por el proyecto Conducta Empresarial Responsable en América Latina y el Caribe (CERALC).

De esta manera, la CER impulsa a las empresas “a adoptar una nueva lógica de trabajo, en la cual adoptan una nueva manera de abordar los negocios, integrando el respeto a los derechos humanos, generando una mayor contribución al desarrollo sostenible, y respetando y aportando a las comunidades donde operan”.

En este sentido, Florex cumple con varios de los principios que promociona la CER como es el trabajo decente (salario mínimo, jornada laboral, seguridad social, etc.), la no discriminación, garantía de seguridad y salud en el entorno laboral, entre otros. Incluso, esas prácticas las hace extensivas a su cadena de valor.

Por ejemplo, la empresa ramonense cuenta con una política de elección de proveedores que detalla criterios ambientales (gestión de recursos, gestión de residuos, manejo y mitigación de GEI, etc.) y también sociales (gobernanza, prácticas laborales, participación activa y desarrollo de la comunidad), así como otros de índole empresarial como calidad y tiempo de entregas, precio, atención al cliente, plazo de crédito, entre otros.

Tampoco se queda en emitir una hoja de requisitos. La empresa realiza reuniones frecuentes con proveedores y se influye para que estos adopten tecnologías cada vez más verdes. En el 2020, por ejemplo, Florex logró reducir más de tres toneladas de resina virgen gracias al proyecto de resina reciclada que ejecutó en conjunto con dos proveedores.

“Fue todo un proceso de convencimiento y buena disposición de los proveedores, porque el proyecto implicó hacer modificaciones en sus procesos y en sus controles de calidad. Para un proveedor esto es un cambio enorme”, destacó Chaves.

Asimismo, la experiencia acumulada en sistemas de gestión le permite a la empresa asesorar y capacitar a sus proveedores, ya que su interés es impactar positivamente en toda la cadena de valor.

Una vez más, no se quedan ahí. Se tiene una política de puertas abiertas y esta ha resultado muy bienvenida por parte de los clientes corporativos como hoteles, restaurantes, industria alimentaria, oficientros, instituciones educativas, entre otros. Muchos, incluso, piden visitar la planta antes de iniciar el proceso de negociación.

“El cliente se ha vuelto cada vez más exigente. Busca conocer más en profundidad a las empresas con que hace negocio y eso es algo que da señales de que el mercado está cambiando. La gente se está haciendo responsable de sus compras y realmente quiere conocer a sus proveedores para hacerse una opinión antes de adquirir el producto”, comentó Vargas.

Florex tiene prácticas de empleabilidad para personas con capacidades especiales, esto lo hace en alianza con el Ministerio de Trabajo. Eso permite dar empleo a personas con capacidades especiales, quienes ocupan puestos administrativos pero también técnicos y en labores de limpieza. La empresa se abocó a sensibilizar a sus clientes para que aceptaran a estas personas en sus instalaciones y, con ello, erradicar comportamientos discriminatorios en espacios de trabajo. Por esta política, SCOSA fue reconocida por Naciones Unidas en el 2016.

Para Martínez, si bien el liderazgo de la CER lo están ejerciendo las transnacionales a nivel global, al volver la mirada a América Latina y el Caribe son las pequeñas y medianas empresas como Florex las que pueden generar grandes transformaciones.

“El tamaño de las pequeñas y medianas empresas les permite moverse más ágilmente en la transformación de procesos productivos, en la incorporación de políticas empresariales responsables con mayor celeridad”, comentó el especialista de políticas de empleo de la OIT.

En la región, y según OIT, las pequeñas y medianas empresas generan entre el 60% y 80% del empleo. “Esto podría tener un efecto transformador importante en las economías si existiera una visión coherente en los diferentes niveles. Las grandes empresas cumplen un rol clave porque traccionan la cadena de valor hacia atrás donde están precisamente las pequeñas y medianas empresas”, continuó Martínez.

Lamentablemente, los recursos para impulsar estos cambios no están fácilmente accesibles para empresas pequeñas y medianas. No solo se trata de recursos financieros sino también de recursos a nivel de conocimiento, herramientas técnicas, asesoría para la gestión de negocios, formación técnica, etc.

“Esos recursos que se necesitan para acompañar la buena voluntad de las pequeñas y medianas empresas no necesariamente están disponibles y muchos están limitados por su tamaño”, enfatizó el especialista de OIT y agregó: “este segmento de empresas sí requiere un foco particular en nuestros países, porque además son las más afectadas por el cambio climático. Son las que tienen menor capacidad de resiliencia para afrontar los desafíos”.

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Prueba de fuego: COVID-19

En el caso de Florex, su apuesta por la innovación y la sostenibilidad fue la que le permitió sobrellevar la pandemia provocada por COVID-19. Los números del 2020 lo demuestran: la empresa aumentó su producción en 12%, vendió más de 570.000 unidades, relanzó su tienda virtual con mejoras en el sistema de entrega y la plataforma de compra, lo que se tradujo en un crecimiento en ventas del 18%.

Según Chaves, la empresa pasó por tres etapas. La primera se dio al inicio de la pandemia donde imperaba la incertidumbre y se incrementó la demanda de productos de limpieza. “Escaseaba todo: las materias primas, el transporte… Fue un momento en que tener sistemas de gestión como los que teníamos y el trabajo tan disciplinado, nos ayudó muchísimo a resolver, a lograr acuerdos con proveedores. Todo eso gracias a la credibilidad y las buenas relaciones”, manifestó la vicepresidenta.

La segunda etapa se caracterizó por la adaptación al cambio y esa vocación hacia la innovación fue clave. “Nos pusimos a innovar en productos que estaba demandando el mercado, e igual, el contar con sistemas de innovación que miran siempre a la sostenibilidad nos ayudó a sacar seis productos nuevos”, dijo Chaves.

Los productos que ya tenían diseñados para sector industrial, los adaptaron en su formulación y presentación para que pudieran ser consumidos por el público en general. También se agregó componentes antibacteriales a detergentes y lavaplatos.

Se aprovechó para sacar al mercado producto concentrado. “Tenía mucho más sentido que antes y nos encontramos con un consumidor más sensibilizado, entonces se evitó más emisiones de carbono por concepto de transporte así como desperdicio de agua”, comentó Chaves.

Ahora están trabajando en productos dirigidos al sector salud, como clínicas y hospitales, más sofisticados en su formulación. “Antes se debían importar de fuera y ahora, con las cadenas logísticas tan interrumpidas, podemos proveerlos desde Costa Rica”.

La tercera etapa está asociada a la crisis económica y la baja en las ventas debido a las restricciones. “Trabajar en sostenibilidad genera más que una simple relación comercial. Apoyamos a muchos clientes del sector hotelero y restaurantes, les ayudamos con sus sistemas de gestión y creo que también uno debe actuar en solidaridad. Esta visión de sostenibilidad lo lleva a uno a actuar en solidaridad en momentos de crisis”, manifestó la vicepresidenta.

La etapa que viene es la estabilización. Florex mantuvo su planilla, incluso ingresaron 10 personas a la empresa (dos en I&D). Se movieron hacia esquemas de teletrabajo y, ahora que están incursionando en labores presenciales, la empresa pide a sus empleados esquema completo de vacunación y garantiza el seguimiento de protocolos sanitarios: se intervino las instalaciones para asegurar el distanciamiento social, se establecieron puntos de limpieza y desinfección, entre otras medidas.

También se cambiaron las jornadas de trabajo para adaptarse a los horarios de las restricciones. Asimismo, se capacitó al personal en el tema COVID-19 y con los miembros de la cadena de valor se hicieron webinars para informar sobre productos y técnicas de limpieza para la atención de la emergencia sanitaria.

“En momentos de crisis es cuando más uno nota que esto funciona. Demuestra cuan preparado estás, cuantas fortalezas se tienen y la capacidad para implementar cambios a lo interno con fines de innovación”, destacó Chaves.

(Foto: Nina Cordero)

(Créditos: Nina Cordero)

Mirada al futuro

“El logro principal de Florex es haber llegado al mercado con una propuesta tan diferente, tan alternativa, siendo empresa privada”, declaró la vicepresidenta.

A fin de cuentas, el mercado es el que pone a prueba la propuesta y, en estos años, la empresa ha superado el examen. “Nos adelantamos 10-15 años”, destacó Araya y añadió: “las nuevas generaciones van a comprar de manera responsable porque el grado de conciencia va a ser muy alto. Cuando empiezan a aparecer estas cosas, nosotros ya las hemos implementado y hasta nos ha tocado mover el mercado”.

“El número de consumidores, tanto empresas como hogares, ha crecido, incluso están dispuestos a pagar un poquito más por un producto diferenciado”, complementó Chaves.

Por esta razón, y según Vargas, los planes están en medir impacto a nivel de producto. “Como organización tenemos procesos bastante robustos y estables, se ha trabajado mucho y se ha logrado equilibrio. Ahora la meta está en centrarnos en la comunicación con el cliente a nivel de producto, que también implica iniciar otro proceso de cambio en el mercado para que se empiece a apreciar más eso”, comentó.

La otra meta yace en impactar aún más la cadena de valor. “No quedarnos dentro de la organización, sino generar ese impacto afuera”, enfatizó Vargas.

En su camino por asegurarse un espacio en el mercado como empresa privada, Florex va dejando a su paso una serie de acciones que impactan positivamente su entorno; ejemplificando así que su apuesta por la innovación y la sostenibilidad realmente funciona.


Este artículo es producto del Taller de Empresas y Derechos Humanos para Periodistas, organizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el marco del Proyecto Conducta Empresarial Responsable en América Latina y el Caribe (CERALC). Se les pidió a los participantes analizar un caso de una empresa latinoamericana y Ojo al Clima seleccionó a Florex.