Las constantes sequías en Tierra Blanca de Cartago motivaron a Sonia Gómez a instalar un sistema de captación de agua de lluvia en su finca. Con esto, podría regar sus cosechas con mayor facilidad en época seca.

“La cosecha de agua significa que el mismo invernadero me da el agua que necesito para trabajar dentro de él. También había que poner un sistema de riego ideal, para reducir el gasto de agua”, dijo Gómez.

Esta obra la logró realizar con un “crédito verde”, proveniente de fondos extranjeros. Con este financiamiento ha logrado hacer su finca un poco más resistente a los impactos del cambio climático.

El programa Crédito a su Medida, que utiliza fondos de cooperación extranjera, ha movilizado más de ₡9.000 millones en créditos verdes para negocios que disminuyan sus emisiones y ayuden a resistir los impactos del cambio climático.

Un 68% de los beneficiarios son de zonas rurales, un 5% de territorios indígenas y otro 4% se ubica en islas como Chira o Venado.

Este programa nació en el 2006, con el propósito de financiar a los micro, pequeños y medianos emprendedores que cumplan con el requisito de tener productos o servicios en desarrollo sostenible.

Fundecooperación para el Desarrollo Sostenible, organización que gestiona los fondos donados por el gobierno de Holanda años atrás, ha financiado a más de 500 empresarios.

Los créditos van desde ¢500 mil hasta ¢75 millones y se utilizan para compra de equipo, vehículos y maquinaria más eficiente del que poseen. La idea de este financiamiento es mitigar el cambio climático desde sus distintos sectores.

El sector agropecuario ha sido el más beneficiado, ya que representa el 53% de los casos. Además, este fondo impulsa emprendedores en los sectores de encadenamientos productivos, tecnologías limpias, turismo sostenible, entre otros.

Una vez aprobado, diferentes asesores de crédito brindan consejos en temas financieros y ambientales, para asegurarse de que el plan de inversión vaya de acuerdo al desarrollo sostenible de la fundación.

Enfoque de desarrollo

Más del 35% de los proyectos están liderados por mujeres (este porcentaje no incluye los proyectos encabezados por una mujer y un hombre) y de ellas, el 28% son jefas de hogar.

Tiene preferencia de aprobación todo aquel proyecto liderado por una mujer empresaria y si tiene alguna debilidad por baja escolaridad o no está muy bien estructurado, nosotros le vamos a apoyar por tener ese componente de género incorporado”, mencionó Rojas.

Gómez es un ejemplo de este tipo de proyectos. Ella produce papas, cebollas, lechuga, chile y otras hortalizas que cultiva en un invernadero de 120 metros cuadrados en su finca en Tierra Blanca.

Además de su sistema de cosecha de agua, también construyó ese invernadero hace aproximadamente un año, nuevamente con fondos del programa Crédito a su Medida.

“En la zona que nosotros vivimos hay mucha erosión, porque hay muchas pendientes. Es un lugar donde ha habido deforestación y nos afecta la falta de agua, porque si llueve menos, la tierra cosecha menos”, dijo Gómez.

Otra práctica para resistir los impactos del cambio climático, recomendada por los asesores financieros, es el uso de barreras vivas o arbustos que protegen el área de sembrado de la finca de esta productora.

El programa le pide a cada beneficiario llevar el registro de los componentes utilizados en su empresa, para evidenciar que cumplen con el requisito de sostenibilidad.

Al impulsar el emprendedurismo de mujeres jefas de hogar, el programa de crédito genera que la brecha de pobreza se reduzca en algunas de esas familias.

“El beneficio que ha tenido el proyecto en la educación de los hijos, porque probablemente ellas no pudieron cursar la escuela, pero sus hijos sí. Eso reduce un poco la brecha de la pobreza”, explicó Rojas.

En Isla Chira, Jorge Medina es uno de los 22 pescadores a nivel nacional que decidió optar por este beneficio, con la intención de mejorar su bote y abastecerse de implementos necesarios para ofrecer el servicio de turismo sostenible.

“Nosotros cuidamos que no se rieguen combustibles en el mar, tampoco molestar el manglar y recoger los desechos que hayan en las costas”, expresó Medina, mientras explica las prácticas de pesca responsable que realiza y que le permitieron recibir el financiamiento.

Según Laura Monestel, emprendedora que recibió asesoría de este programa, después de que distintos bancos y cooperativas le hubiesen rechazado el crédito.

“En nuestro país cuesta mucho emprender si no es un producto para exportar. Algunas entidades me pedían tener seis meses de operar, pero yo apenas tenía dos meses y por eso no me financiaban”, comentó Laura Monestel, quien lidera una empresa de bolsas completamente compostables que se degradan en 180 días.