Tras una vida útil de 20 años, los autobuses salen de circulación y se desechan como chatarra, aunque su estructura esté en buenas condiciones. ¿Qué tal si se convirtieran en viviendas funcionales para una o dos personas?

Esa inquietud se volvió proyecto en las manos del arquitecto y artista visual Francesco Bracci, quien diseñó una casa de 38 metros cuadrados de estilo minimalista, de bajo costo y con mínimo impacto ambiental. Incluso ideó los muebles para que estos fueran a la medida y cumplieran múltiples funciones.

Para ello, Bracci contó con la complicidad de su amigo Alex Catona. Juntos forman MicroMacro, una empresa nacida en medio de la pandemia como respuesta a una serie de cuestionamientos sobre economía, sostenibilidad, creatividad y estilo de vida.

“En vista de la crisis económica que viene como resultado de la pandemia, queríamos ofrecer una alternativa a las hipotecas a largo plazo, ya que enredarse con un banco a 30 años en esta incertidumbre que vivimos pues no es una opción para muchas personas”, dijo Catona.

Por eso, el objetivo de Bracci y Catona es ofrecer una solución de vivienda de bajo costo, llave en mano, que ofrezca una oportunidad de independencia a corto plazo y cuyo tiempo de entrega fuera corto.

Además, MicroMacro quería sumarse a las soluciones post-pandemia con un proyecto eco-sostenible que promoviera el minimalismo en Costa Rica. “Queríamos una solución consciente y sostenible que fuera acorde a nuestra visión del futuro y nuestros objetivos a largo plazo de ser parte de la solución y no del problema ambiental del país”, destacó Catona.

El primer modelo se conoce como Cazadora El Cacique. Consta de 38 metros cuadrados: 30 corresponden al espacio interior y los restantes ocho a la terraza. (Foto: Micro Macro)

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Los buses-casa se enmarcan en el movimiento mundial de las tinyhouses, minicasas o microcasas. Estos son espacios constructivos de pequeño tamaño para uso habitacional o profesional, cuya consigna es aprovechar al máximo el área de construcción logrando a su vez un alto nivel de confort.

De hecho, estas microcasas buscan que el espacio sea multiuso al igual que el mobiliario. El diseño incluso recurre a la optimización de la verticalidad para este fin.

Arquitectos de renombre, como Renzo Piano, han diseñado microcasas. En Europa y Estados Unidos, estas viviendas compactas se han convertido en la piedra angular de un movimiento que promueve un estilo de vida más simple. En Costa Rica, si bien algunas personas han optado por esta solución habitacional, este tipo de casas y oficinas aún no llegan a ser una tendencia generalizada.

Origen de las microcasas

En Estados Unidos, el espacio promedio de construcción de viviendas unifamiliares pasó de 165 metros cuadrados en 1978 a 230 metros cuadrados en 2007. Ese incremento del espacio constructivo estaba asociado a una mayor solvencia económica y, por tanto, las casas adquirían un valor simbólico asociado a estilo de vida.

En 1998, la arquitecta Sarah Susanka publicó el libro The not so big house, en el cual defendía al diseño como herramienta para construir mejor y no necesariamente más grande. “Más hogares de alta calidad con carácter, perfectamente adaptados a la vida de sus habitantes”, destaca Susanka en su sitio web.

También en la década de los 90, en Japón, nacieron las kyosho jutaku. Estas casas de 30 metros cuadrados emergieron en respuesta a la carencia de terrenos donde vivir en la ciudad dada la alta densidad poblacional que se vivía (y aún se vive) en Tokio, esto aunado a los altos precios que eran imposibles de pagar para gran parte de la población. Entonces, las personas recurrieron al diseño arquitectónico para transformar espacios pequeños en sitios habitables.

El techo de la terraza es, a la vez, el portón de la casa. (Foto: Miriet Abrego Zúñiga)

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En el 2002, las microcasas se convirtieron en movimiento cuando Jay Shafer, Shay Salomon, Nigel Valdez y Gregory Paul Johnson crearon la Small House Society, cuya misión es “apoyar la investigación, el desarrollo y el uso de espacios vitales más pequeños que fomenten la vida sostenible de las personas, las familias y las comunidades de todo el mundo”.

“El tamaño es relativo, y principalmente promovemos la discusión sobre el costo ecológico, económico y psicológico que el exceso de vivienda tiene en nuestras vidas, y lo que algunos de nosotros estamos haciendo para vivir mejor”, argumentan los propulsores del movimiento.

“Las personas que viven en espacios más pequeños generalmente tienen menos posesiones, consumen menos y tienen facturas de servicios públicos más bajas. Las casas más pequeñas requieren menos materiales de construcción y un menor uso de la tierra, por lo que cuesta mucho menos comprarlas, mantenerlas y vivir en ellas. En la construcción de viviendas más pequeñas se pueden utilizar materiales más eficientes, naturales, saludables y de alta calidad que tal vez no sean asequibles en una vivienda más grande. Todos estos beneficios se traducen en una vida más sana, más rentable y un mejor medio ambiente”, se lee en el sitio web de la Small House Society.

El movimiento sumó más seguidores tras la crisis financiera de 2008-2009. Muchas personas encontraron que las microcasas les ofrecían una solución de vivienda sin necesariamente incurrir en un crédito bancario.

Para los impulsores del movimiento, las microcasas tienen un impacto en la forma de pensar de sus habitantes. Por ejemplo: estas viviendas u oficinas permiten ser más conscientes sobre las decisiones de consumo, ya que cada objeto debe ser necesario y cumplir múltiples usos. Se huye al acumulamiento y se opta por la simpleza del minimalismo.

Asimismo, como se consume menos, también se contamina menos. Se busca la eficiencia tanto en la utilización del espacio como en la iluminación y la climatización, lo cual deriva en un menor impacto en el entorno y en mayores ahorros económicos.

“Es un movimiento muy ecologista donde la consigna es construir menos y vivir más”, resaltó Catona.

El bus-casa

Si bien en este bus-casa pueden dormir hasta cuatro personas, lo ideal es que el espacio sea habitado por dos en pro de la comodidad. (Foto: Miriet Abrego Zúñiga).

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Desde hace diez años, Bracci venía coqueteando con la idea de las tinyhouses. Experimentó con su propia casa, adaptando el diseño a las características del lote, maximizando el uso del espacio y empleando materiales alternativos que fueran sostenibles.

Ya había trabajado con contenedores en un proyecto anterior, pero estos no le terminaron de convencer como materia prima debido a que impermeabilizarlos representa un reto. Además, según Catona, al contenedor hay que quitarle 70% del material para hacerlo viable para la ventilación y la iluminación.

“Lo más importante: no hay manera de garantizar la trazabilidad de lo que ese contenedor transportó en su vida útil”, comentó Catona.

Los buses, por su parte, son diseñados para albergar personas desde su génesis. Ya cuentan con ventanas que favorecen la iluminación natural y la ventilación; también son impermeables.

“Los buses son muy prácticos para este tipo de proyectos. Lo primero es su capacidad estructural. Los buses están diseñados para contener 50-60 personas, eso quiere decir que la estructura de soporte es como la de un edificio de tres pisos”, explicó Bracci.

“Luego está su adaptabilidad climática. Como están pensados para personas y no para almacenar productos, el cielorraso y las paredes tienen aislamiento térmico, los laterales tienen ventanas que pueden abrirse, lo que permite la ventilación cruzada y mejora el confort en el interior. Nosotros también estamos mejorando la adaptabilidad climática al poner aleros en las ventanas para proteger de la lluvia y la radiación, pero también permitir un ambiente más fresco”, continuó el arquitecto.

“Yo no sabía hasta que empecé en esto. Lo que se puede reciclar de un bus, tras su vida útil como medio de transporte, es apenas un 15%. El resto se comprime y se bota. En cambio, nosotros estamos proponiendo darle una nueva vida”, dijo Catona y agregó: “solo estamos usando buses que se emplearon para el transporte escolar. Muchos, como estaban pensados para niños, traen elementos de seguridad extra”.

El primer modelo de bus-casa elaborado por MicroMacro es estático, se le extrajo el motor. Consta de un dormitorio, un baño, sala-comedor, cocina y una terraza.

“Estamos totalmente dispuestos a explorar creativamente el espacio para ofrecer diferentes opciones a las personas. Si quieren dos cuartos, entonces vemos cómo reacomodamos para hacerlo posible. Puede ser que la persona no quiera una cama tan grande y prefiera un escritorio para así trabajar desde casa. En fin, la idea es trabajar con base en las necesidades de la gente”, señaló Catona.

El 70% de los materiales empleados en estos buses-casa son reutilizados o reciclados. Las maderas provienen de plantaciones forestales y se empleó plástico reciclado para los exteriores, incluso para incorporar una huerta en donde antes estaba el bómper.

La máxima que buscaba Bracci era aprovechar al máximo el espacio interior. Por ello, al bus-casa se ingresa por el centro. “Eso nos permite no perder los espacios en circulación. Al entrar por la terraza, los laterales pueden aprovecharse en su máximo potencial tanto para el dormitorio como para la cocina”, explicó.

Ninguna ventana del bus se clausuró. Esto permitió optimizar la luz y la ventilación natural en detrimento de las luces artificiales y el aire acondicionado, lo cual deriva en una mayor eficiencia energética.

Se calcula que los sistemas de enfriamiento y aires acondicionados (EAA) son los responsables del 12% de las emisiones de dióxido de carbono en Costa Rica, según datos del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae).

“Otro principio que estamos aplicando en el proyecto es la multifuncionalidad. Hay varios elementos que tienen la capacidad de cambiar de forma y función”, dijo Bracci y añadió: “en este primer modelo, por ejemplo, tenemos en el cuarto una cama king size pero debajo de esta existe un espacio de almacenaje. El sofá se convierte en cama y también permite almacenar cosas en la parte inferior del mueble”.

Según Catona, estas microcasas pueden incorporar paneles solares o sistemas de recolección de agua de lluvia. “Nos hemos asociado con empresas para ofrecer paquetes de vivienda 100% eco-amigables, incluso fuera de la red eléctrica. Al modelo actual se le pueden instalar paneles solares y también estamos cotizando opciones de inodoros secos. Es decir, si la persona lo desea, podemos asesorarle en ese sentido”, aseguró.

Tanto para Bracci como para Catona, la interacción del espacio interno con el entorno es una prioridad. Por ello, este modelo de vivienda cuenta con una terraza techada de ocho metros cuadrados que extiende la casa hacia afuera.

Todos los muebles del bus-casa son diseñados a la medida por ebanistas locales y empleando maderas de plantaciones forestales. (Foto: Miriet Abrego Zúñiga).

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“Este diseño de terraza nos permite vivir adentro y afuera al mismo tiempo. No queríamos sentirnos encerrados. Por eso, al abrir el bus por el medio, se amplía la perspectiva e invita a lo que está afuera a interactuar con lo que está adentro y viceversa. Favorece ese intercambio de energías, en el sentido de abrir los brazos al entorno”, dijo Catona.

Por ello, y en pro de ese intercambio, el diseño rehuye a las rejas. Para solventar el tema de la seguridad, se ideó que el techo de la terraza fuera eléctrico y plegable. De esta forma, este puede cerrarse si la persona sale de casa o en las noches.

“Buscamos una solución estética y funcional que permitiera brindar seguridad a la vivienda. Entonces ideamos que el techo de la terraza se plegara como un portón eléctrico sobre las puertas corredizas. Además, las ventanas tienen aleros que se pliegan. Queremos creer en el amor al prójimo, pero no se puede negar la realidad que lamentablemente vivimos”, dijo Catona.

A futuro, MicroMacro prevé diseñar modelos con motor. De esta manera, las personas pueden mover su tinyhouse.