Los meses de sequía en Hojancha, Guanacaste, eran una amenaza cada vez más fuerte para el ganado de Manuel Rojas, un productor lechero de la zona. Sin embargo, la solución a este problema le terminó cayendo del cielo.

Con ayuda de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, en inglés), Rojas instaló en su finca uno de los pocos Sistemas de Captación de Agua de Lluvia (SCALL) de Costa Rica, con lo que ahora puede hacerle frente a los veranos cada vez más intensos, según aseguró.

“Antes, en estos días ya las vacas estaban desesperadas por salir a buscar agua. Ahora ya la tienen ahí. La fe es que se pueda mantener esa producción constante todo el año y no solo en los meses de lluvia”, señaló Rojas.

Representantes de la FAO y del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) inauguraron oficialmente el sistema SCALL de Rojas el pasado 12 de abril, con la intención de promover el uso de esta tecnología y fortalecer las fincas de la región frente al cambio climático.

“Queremos promover una replicación responsable en la búsqueda de mejorar las condiciones de producción de los productores agropecuarios”, aseguró a través de un comunicado Octavio Ramírez, Coordinador Residente de la FAO en Costa Rica.

Según el asistente de programas de la FAO, Diego Fallas, el sistema SCALL le daría a los productores una reserva para suplir parcial o totalmente las necesidades hídricas de su finca durante tiempos de sequía crítica.

La investigadora en Hidrología de la Universidad de Costa Rica (UCR), Alejandra Rojas, coincidió en que estos sistemas ayudarían a los productores a resistir los efectos del cambio climático e, incluso, beneficiaría a sus vecinos, ya que su instalación permite que se recarguen los pozos aledaños.

A pesar de sus ventajas, la cosecha de lluvia aún es poco practicada en Costa Rica según explicó el director de la región Chorotega del MAG, Óscar Vásquez. “Aunque somos una provincia con condiciones secas, no existe la cultura productiva bajo esa tecnología”, señaló.

Según Vásquez, esto se debe más que todo al desconocimiento de la población, por lo que hay pocos incentivos económicos y poca claridad en cuanto a sus regulaciones legales.

“Lo cierto es que Guanacaste es sumamente vulnerable al cambio climático, ya que forma parte del Corredor Seco Centroamericano”, señaló Fallas. Según la FAO, esta es una de las regiones donde la sequía más amenaza a la producción agrícola.

“Yo no veo otra salida (a emplear la cosecha de agua de lluvia). Aquí en Hojancha, por ejemplo, no hay un río para abastecer las fincas. El agua solo viene del cielo” indicó Vásquez.

Las vacas de Manuel Rojas ya tienen agua disponible incluso en época seca en Hojancha, Guanacaste.

(Créditos: Sebastián Rodríguez)

Capturar y guardar agua

Tanto Rojas como Fallas coincidieron en que la cosecha de agua podría ser una buena herramienta de adaptación al cambio climático en Guanacaste, ya que la provincia es sumamente vulnerable a sus efectos.

“Por ejemplo, imagínese lo útil que es tener en su casa un tanque de agua si el agua se le va hasta por varias semanas. Ya puede usted cumplir las labores cotidianas y evitar perder su producción”, aseguró la investigadora de la UCR.

El sistema SCALL de Manuel Rojas, por ejemplo, tiene la capacidad de almacenar 500 mil litros de agua, lo cual alcanza para cuatro meses en su finca si se usa racionalmente.

A través de un sistema de canoas, el SCALL capta la lluvia del techo y luego pasa a una caja de registro principal. En esa caja se juntan todas las aguas de precipitación y pasan a una tubería que lleva al reservorio, el cual tiene un tamaño de 100 metros cúbicos y es capaz de resistir la evaporación.

“Este reservorio está diseñado para abastecer el abrevadero (bebedero) del ganado, lavado del corral y el riego del pasto. Una vez que el agua llega ahí, solo se extrae la cantidad que se necesita a través de un sistema de bombeo”, explicó Fallas.

Además de las sequías estacionales, Guanacaste es sumamente vulnerable a eventos extremos como El Niño y, según explicó la investigadora, se necesitaría más que solo los sistemas SCALL para hacerles frente.

“Lo que pasa mucho es que el sistema entra en una sequía hidrológica. O sea, hay un descenso en todos los volúmenes de agua tanto lluvia como embalses como acuíferos”, explicó Rojas.

Para hacerle frente a estos eventos, según explica la investigadora en hidrología, serían necesarias acciones integrales que incorporen  también ahorro de agua y riego por goteo.

El último fenómeno de El Niño que azotó Guanacaste y el Pacífico Central en 2015 dejó pérdidas de más de ¢28.500 millones en el sector agrícola y ganadero según datos del MAG.

Oficiales de la FAO y el MAG inauguraron uno de los primeros sistema de captación de agua de lluvia localizado en Hojancha, Guanacaste.

(Créditos: Sebastián Rodríguez)

Barreras por derribar

Si bien la cosecha de agua de lluvia sería una alternativa importante para adaptarse al cambio climático, lo cierto es que aún es difícil para los productores montar sus propios sistemas de captación.

En primer lugar, porque es caro. Según Fallas, un sistema como el que inauguraron en la finca de Rojas puede llegar a costar entre $10 y $12 mil. En segundo, porque la gente no lo conoce, lo cual hace más difícil su financiamiento.

“Es importante el acceso a financiamiento verde, por ejemplo. Estas son acciones que adaptan al productor al cambio climático y el financiamiento verde debería hacer más accesible este tipo de tecnologías para los productores”, indicó Fallas.

Otro de los retos para lograr difundir esos sistemas entre productores es que, según aseguran tanto Fallas como Vásquez, hay una gran falta de reglamentación clara.

“Es muy diferente captar agua de lluvia en techos a captar agua de lluvia ya escurrida, por ejemplo. El agua que no ha tocado suelo nacional todavía puede ser usada sin ningún permiso”, explicó Fallas.

Si la captación es compleja, el almacenamiento lo es aún más, según Fallas. “El almacenamiento es el talón de Aquiles porque casi no hay regulación”, dijo el ingeniero agrícola.

Un decreto ejecutivo de 2017 mencionó por primera vez el tema y llegó a regular la captura y almacenamiento de hasta 1000 metros cúbicos de agua de lluvia. El problema es que este decreto rige por solo dos años, después de eso todo vuelve a quedar incierto.

“Una de las soluciones es que las municipalidades tengan un plan regulador. Con ese plan, ya se podría tener claridad sobre los procedimientos que se requieren” indicó Patricia Quirós, gerente general del Servicio Nacional de Aguas Subterráneas Riego y Avenamiento (Senara).

“Hay que llevar los temas sobre la mesa y ponerse a trabajar en conjunto porque el que está sufriendo ahorita es el productor; en este caso, se está perjudicando al sector agropecuario” concluyó el ingeniero agrícola de la FAO.