El uso de la gasolina con plomo llegó a su fin en todo el mundo, evitando 1,2 millones de muertes prematuras y asegurando la calidad del aire.

Si bien la mayoría de los países de ingresos altos habían prohibido el uso de este combustible mezclado con plomo en la década de 1980, casi todos los países de ingresos medios y bajos seguían utilizándolo.

A partir 2002, la Alianza para combustibles y vehículos limpios (PCFV)  -liderada por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)- empezó a abogar por su erradicación. En ese momento, un total de 117 países adherían este metal pesado al combustible. A lo largo de 19 años, PCFV apoyó a 86 naciones en el proceso de transición. El último país en completar la eliminación fue Argelia, en julio de 2021.

“La aplicación exitosa de la prohibición de la gasolina con plomo es un gran hito para la salud mundial y para el medio ambiente”, dijo Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, y agregó: “después de un siglo de muertes y enfermedades que afectaron a cientos de millones de personas y degradaron el medio ambiente mundial, estamos determinados a enderezar la trayectoria de la humanidad con una transición acelerada hacia la movilidad eléctrica y el uso de vehículos limpios”. 

Un siglo de plomo

En 1921, el laboratorio de investigación de General Motors observó que la adición de tetraetilo de plomo a la gasolina permitía a los motores utilizar ratios de compresión más elevados, lo que los hacía más potentes.

A partir de 1922, se empezó a adherir tetraetilo de plomo a la gasolina en todo el mundo con el fin de mejorar el rendimiento de los motores.

Las primeras alertas sobre los efectos del plomo en la salud se empezaron a dar en 1924, tras el envenenamiento, hospitalización y muerte de varios trabajadores. Pero, no fue hasta la década de 1960, tras una amplia investigación científica, que se establecieron los perjudiciales efectos de la exposición a bajos niveles de plomo.

La gasolina con plomo causa enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y cáncer. También afecta el desarrollo del cerebro humano, especialmente de los niños. Asimismo, y según PNUMA, la exposición a este contaminante puede reducir el coeficiente intelectual (CI) entre 5 y 10 puntos.

El plomo no solo impacta la salud humana, este metal pesado también contamina el suelo, el agua potable y los cultivos alimentarios.  

En la década de 1970, casi toda la gasolina producida en el mundo contenía plomo. Fue a partir de 1975 que los países empezaron a adoptar legislación para restringir el uso de aditivos de plomo en el combustible destinado a automotores. Los avances en la ingeniería automotriz y la química del petróleo también dieron un impulso a la transición.

En 1980, el primer país en erradicar la gasolina con plomo fue Japón. Paulatinamente, y hasta el año 2000, le siguieron otros países de altos ingresos. En Costa Rica, desde 1996, se usa gasolina libre de plomo, lo que convierte a este país en uno de los primeros en Latinoamérica en hacerlo.

En 1990, tras la erradicación, los índices de delitos violentos empezaron a descender en Estados Unidos. La investigadora Jessica Reyes, en un estudio publicado en 2015, vinculó el 56% de este descenso a la disminución de la intoxicación cerebral de los niños con el descenso de los gases de la gasolina con plomo tras la aprobación de la legislación sobre aire limpio.

La erradicación de la gasolina con plomo también beneficia la economía. Un estudio, publicado en Journal of Environmental Health, calculó que la eliminación de la gasolina con plomo contribuye con el 4% del Producto Interno Bruto (PIB) a nivel global.

Los investigadores calcularon ese ahorro al medir los beneficios sociales derivados de la medida como el aumento de los niveles de coeficiente intelectual y la reducción de la criminalidad, así como el ahorro en afecciones sanitarias como las enfermedades cardiovasculares.

Este esfuerzo global por acabar con el uso de la gasolina con plomo también se traduce en 1,2 millones de muertes menos al año.

Ahora, si bien se eliminó la mayor fuente de contaminación por plomo, aún se deben tomar acciones para erradicar este metal de las pinturas, las baterías y los artículos domésticos que contienen este tóxico. 

Un paso, pero falta más

El PNUMA celebra la erradicación de la gasolina con plomo, pero también es consciente que este es un paso en el proceso por mejorar la calidad del aire. En este sentido, el organismo instó a los países a “acelerar el despliegue de vehículos de cero emisiones para mitigar aún más la contaminación del aire y el cambio climático”

El sector de transporte es responsable de casi una cuarta parte de las emisiones globales de gases de efecto de invernadero relacionados con la energía y se prevé que esta proporción aumente a un tercio para 2050. 

Si bien muchos países ya han comenzado la transición hacia la movilidad eléctrica, 1.200 millones de vehículos nuevos entrarán en las carreteras en las próximas décadas. Muchos de ellos utilizarán combustibles fósiles, especialmente en los países en desarrollo.

Asimismo, millones de vehículos usados de mala calidad podrían ser exportados desde Europa, Estados Unidos y Japón a países de ingresos medios y bajos. “Una práctica que contribuye al calentamiento del planeta y la contaminación del aire, y tiene vínculos con la incidencia de los accidentes de tránsito”, mencionó PNUMA en un comunicado.

“Instamos a las mismas partes interesadas a inspirarse en este enorme logro para garantizar que, ahora que tenemos combustibles más limpios, también adoptemos mejores estándares vehiculares a nivel mundial: la combinación de combustibles y vehículos más limpios puede reducir las emisiones en más de 80%”, dijo Andersen.