Las consecuencias de la pandemia del COVID-19 y la disminución en la actividad turística sacudieron fuertemente el bienestar integral de la provincia de Guanacaste durante este 2020 y 2021. 

“La respuesta de todo el conglomerado social de la región de Guanacaste fue el incremento de la pobreza en, al menos, 10 puntos respecto al año pasado. Eso nos habla entonces de una inequidad, de una desintegración, de una carencia de tejido social y de una desvinculación del paisaje”, manifestó Edgar Mora, co-director del Proyecto Gobernanza Local para la Bioinnovación de Costa Rica Regenerativa (CRR), durante su ponencia en el foro “Co-Creando el Futuro que Queremos”, organizado por la Universidad para la Cooperación Internacional (UCI) en el marco de la celebración del Día del Medio Ambiente. 

Con apoyo de CRR, Guanacaste trabaja en su recuperación, apostando por un nuevo paradigma de desarrollo regenerativo. Este consiste en un modelo basado en la naturaleza, aprovechando los flujos de energía y la funcionalidad de un territorio de manera holística. También propone restaurar el equilibrio y la integridad de los ecosistemas que proveen servicios esenciales para sostener la vida en el planeta. 

“Hemos fijado el rumbo hacia cinco áreas de trabajo en las que hemos determinado algunos resultados esperados. La primera tiene que ver con algo básico que es la experiencia del agua y la experiencia del suelo en Guanacaste”, añadió Mora.  

Las cuatro áreas o subregiones de interés son el Golfo de Nicoya e isla Chira, junto con otras dos divisiones denominadas la zona azul y la costa dorada. 

Agricultura Regenerativa en Guanacaste

“Junto con la agricultura regenerativa, tendríamos la capacidad -en menos de tres décadas- de llevar el carbono en la atmósfera a niveles pre-industriales”, declaró Edward Müller, presidente, rector y fundador de la UCI.

Una forma de hacerlo es restaurando y aprovechando el suelo a través de la agricultura regenerativa, ya que -como lo mencionó Müller- estos métodos permiten fijar más carbono en los suelos, generando así un efecto positivo en la lucha contra el cambio climático.

Además, la protección y restauración del suelo aporta a su capacidad de gestión y retención de agua, la resiliencia ante la inestabilidad climática y el riesgo de plagas. 

Según Felix Cañet, director técnico de agricultura regenerativa de CRR, ya Guanacaste exhibe casos de lugares donde se aplica la agricultura regenerativa. 

El programa CRR implementó huertas comunitarias, en las cuales participaron 30 familias por hectárea, beneficiando a aproximadamente 120 personas. Las comunidades recibieron apoyo, capacitación técnica, apoyo psicosocial y las herramientas necesarias para el desarrollo de emprendimientos, su formalización y acceso al mercado.

La metodología de CRR para la regeneración considera fundamental la sinergia entre el conocimiento local y el global, por lo cual se busca rescatar el conocimiento cultural y de herencia indígena. (Foto: Costa Rica Regenerativa).

(Créditos: Costa Rica Regenerativa)

Cañet explicó que el programa aplicó soluciones basadas en la naturaleza con el fin de regenerar los procesos naturales del suelo, ya que estos se ven afectados por el uso contínuo de agroquímicos y monocultivos.   

“Lo primero que hicimos fue una aplicación para sanear y restaurar la vida en el suelo, combinada con el laboreo mínimo, el cultivo en camas altas y el desarrollo de curvas de nivel”, dijo Cañet. 

El director técnico expresó que la fertilización de la tierra se gestionó de una manera holística, en la cual se utilizaron fertilizantes naturales como el compost, en lugar de fertilizantes químicos y sintéticos. 

El compost puede ser aplicado como una solución basada en la naturaleza debido a que sus componentes químicos nutricionales favorecen a la recuperación y el aprovechamiento del suelo. Entre estos componentes destaca la materia orgánica, el calcio, el boro, el zinc, el cobre, el azufre y el carbono. 

También, y según Cañet, se incorporó un sistema de policultivo con más de 30 especies, pertenecientes a 15 familias botánicas. Esto favoreció a que, después de cuatro meses, aumentara considerablemente la salud del suelo y resurgiera la biodiversidad de artrópodos e insectos polinizadores benéficos de más de 70 especies. 

Economía de la dona 

El patrón de consumo del ser humano agota, en solamente un año, la cantidad de recursos que el planeta genera de manera natural durante un período de casi dos años. De esta manera, los ecosistemas no consiguen regenerar orgánicamente los recursos que el ser humano agota. 

Por lo tanto, la capacidad de la Tierra para sostener la demanda de recursos se excede, y los esfuerzos para la sostenibilidad y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero se vuelven inoperantes. 

En esta línea, CRR considera relevante utilizar el “método de la dona”: una herramienta de medición del desarrollo que no se basa en el crecimiento económico, sino que evalúa el progreso de un país a partir de su capacidad de sostener un estándar básico de seguridad social para la población dentro de un marco que respete los límites de los recursos naturales. 

Müller aclaró que uno de los retos principales de CRR es determinar de qué manera se conseguiría revertir esos límites planetarios e incrementar el desarrollo social para transitar hacia una ‘dona ideal’. 

“En el caso particular de Costa Rica, la dona nos podría ayudar a alinear dos elementos que están desalineados: por un lado, altísima riqueza natural en zonas rurales, y por otro lado, altísimos niveles de pobreza de las comunidades que habitan, dependen y cuidan de ese capital natural”, mencionó Álvaro Cedeño, co-director del Proyecto Gobernanza Local para la Bioinnovación de CRR.  

Siguiendo el marco de medición de desarrollo territorial basado en la economía de la dona, CRR apoyó a que las comunidades de Guanacaste tuvieran las herramientas para producir sus propios alimentos en respuesta a la situación ocasionada por la pandemia del nuevo coronavirus. 

Este proceso inició con la recuperación de la biodiversidad de la tierra, ya que estaba degradada, con falta de agua y erosionada. Para ello fue necesaria la eliminación de fertilizantes y recuperar carbono para regenerar la vida del suelo a través de distintos mecanismos como la agricultura regenerativa.