En Costa Rica todos sabemos que cuando uno va a la playa es mejor llevar ropa blanca que negra. Sin necesidad de tener un doctorado en física, intuitivamente entendemos que vestidos de colores claros nos sentimos frescos, pero de negro, ¡nos sofocamos! Esto ocurre porque los colores claros reflejan la luz y el calor, en cambio los oscuros los absorben. Algo similar ocurre con la Tierra.

Este principio básico se llama efecto albedo, una palabra que proviene del latín “albus” y significa “que emite luz clara”. Si te suena ligeramente conocida es porque además ¡es el nombre del poderoso mago del mundo de Harry Potter, Albus Dumbledore! Poderoso es también el impacto del albedo en nuestro planeta, especialmente en los ambientes extremos de las muy altas latitudes.

Normalmente, tanto en el Polo Norte como en el Polo Sur, una gran parte de la luz irradiada por el sol “rebota en lo blanco” de las grandes extensiones de hielo y se refleja de vuelta hacia la atmósfera. Esto convierte al Ártico y la Antártida en una especie de radiadores gigantescos de la Tierra, críticos para mantener el equilibrio atmosférico del planeta que la humanidad ha conocido y disfrutado.

Uno de los impactos mas serios del cambio climático es precisamente interrumpir esa delicada armonía. 

Entre más se derriten los cascos polares, más se reduce “el área de ropas claras” del planeta, que reflejan luz. Así va quedando descubierta la superficie del mar que, al ser oscura, absorbe una mayor proporción del calor solar.

A su vez, esto hace que la temperatura del entorno se eleve todavía más rápidamente, acelerando el derretimiento del hielo, ahora no solo desde arriba sino que también desde abajo, porque las aguas están más calientes. Los científicos llamamos a este fenómeno “amplificación polar” y explica por qué los polos están experimentando tasas de calentamiento de más del doble que el resto del planeta.

El volumen de hielo marino viene en descenso desde la década de 1950.

El volumen de hielo marino viene en descenso desde la década de 1950 en directa relación con la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera.

(Créditos: NSIDC)

¿Pero estando Costa Rica tan lejos, tiene importancia para nosotros que desaparezcan los polos? ¡Lamentablemente sí, y mucha! La Tierra es un sistema cerrado donde todo se interrelaciona.

Dado que el calor migra del Trópico hacia las zonas más frías, que haya polos más calientes significa que más calor se quedará atrapado en los trópicos, alimentando eventos meteorológicos más extremos y frecuentes, como sequías, huracanes o fenómenos El Niño, que afectan la salud, economía y calidad de vida que todos valoramos.

El reciente impacto del Huracán Otto –sin estar directamente relacionado al cambio climático– ya visibilizó la vulnerabilidad de Costa Rica ante el clima y el alto costo, humano y monetario, de ignorar la urgencia de prepararnos y mitigar ante el cambio

Esta Navidad, mientras muchos niños del mundo sueñan con la visita de un Santa Claus llegando a sus casas en trineo desde el helado Polo Norte, dediquemos un tiempo a apreciar lo que ese lugar remoto y extremo nos regala a todos: el privilegio de un planeta acogedor y saludable. ¡Iniciemos un 2017 con la sabiduría y compromiso de cuidar nuestro pedacito de tierra tropical y el hielo lejano que lo mantiene así!


La autora es oceanógrafa y trabaja en el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad de Washington.