Con siete medidas orientadas a reducir emisiones en las operaciones de los establecimientos sanitarios, la cadena de suministros y la economía que circunda al sector, hospitales y centros de salud buscan descarbonizarse y, con ello, alinearse al objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura a 1,5 ºC hacia finales de este siglo.

La Hoja de ruta global para la descarbonización del sector de la salud, ideada por Salud sin Daño en colaboración con Arup, es la primera guía que traza un rumbo hacia cero emisiones en el sector de la salud para el año 2050.

A la fecha, 40 instituciones, que representan los intereses de más de 3.000 hospitales y centros sanitarios en 18 países, se sumaron a la Carrera hacia el cero a través de Salud sin Daño. De esta forma, se están comprometiendo a tomar medidas inmediatas para reducir el 50% de sus emisiones al 2030 y llegar a emisiones netas cero a 2050.

Estas mismas instituciones forman parte de un grupo más amplio de hospitales y sistemas de salud que participan en el Desafío de la salud por el clima, un programa que les apoya para que sean más resilientes y reduzcan progresivamente sus emisiones.

La hoja de ruta para la descarbonización viene a convertirse en una herramienta que viene a ayudar en estos procesos. De hecho, cumplir con el Acuerdo de París puede reducir el crecimiento proyectado de las emisiones del sector salud en un 70%.

En este sentido, las siete acciones que propone la hoja de ruta son: (1) abastecer al sector salud con energía eléctrica limpia y renovable en un 100 %; (2) invertir en infraestructura y edificios con cero emisiones; e (3) iniciar una transición hacia medios de transporte y traslado sostenibles con cero emisiones.

Otra medida es (4) proporcionar alimentos saludables cultivados en forma sostenible; (5) incentivar la fabricación de productos farmacéuticos con bajas emisiones de carbono; (6) implementar atención circular en salud y gestión sostenible de residuos sanitarios; y (7) establecer sistemas de salud más eficientes.

“El sector de la salud tiene un importante papel en la mitigación del cambio climático, ayudando a reducir las emisiones totales de los países y contribuyendo, con su importante ejemplo, para la construcción de una sociedad baja en carbono. La hoja de ruta presenta un plan de acción con recomendaciones que pueden aplicarse en todos los niveles de los sistemas de la salud”, dijo Vital Ribeiro, presidente del Consejo Directivo de Proyecto Hospitales Saludables (PHS), socio estratégico de Salud sin Daño en Brasil.

¿Por qué descarbonizar?

El sector salud contribuye con el 4,4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. En otras palabras, si todo el sistema sanitario fuese un país, pues sería el quinto mayor emisor.

En un escenario sin cambios, esas emisiones podrían triplicarse para 2050, alcanzando 6 gigatoneladas por año. La quema de combustibles fósiles, con fines eléctricos y transporte, es la principal fuente de emisión (responsable del 84% de la huella del sector).

Las medidas propuestas en la hoja de ruta posibilitarían una reducción acumulativa equivalente a 44,8 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente en el período 2014-2050. Esa cantidad equivale a dejar más de 2.700 millones de barriles de petróleo al año sin extraer durante 36 años.

La transición hacia energías limpias, renovables y saludables se vislumbra como la solución. Esta transición debe abarcar tanto a los establecimientos sanitarios, sus operaciones y los servicios que prestan, pero también a las cadenas de suministros del sector.

Las acciones van desde las decisiones de compra y selección de proveedores hasta la huella que implica el transporte de los suministros. Esto porque tanto la cadena de suministro y la prestación de servicios del sector salud depende de otras industrias que proveen energía, sustancias químicas, materiales de construcción, envases, infraestructura, transporte y alimentos, entre otros.

Una directriz enfocada hacia las compras verdes puede catalizar la descarbonización. “Los sistemas de salud pueden hacer uso de sus decisiones de compra para exigir la descarbonización de su propia cadena de suministro y aprovechar el poder de compra colectivo del sector mediante la demanda agregada de productos y servicios a lo largo y ancho de cada país y más allá de las fronteras. Paralelamente, las compañías fabricantes y los proveedores de productos y servicios sanitarios deben tomar medidas inmediatas para avanzar hacia la meta de cero emisiones”, se indica en la hoja de ruta.

Las soluciones climáticas también resultan más económicas en función de los costos actuales, ya que permiten optimizar los sistemas en pro de la eficiencia y eso se traduce en ahorros. Pero, no solo eso. “Las soluciones climáticamente inteligentes pueden reducir los costos operativos de los sistemas de salud y los costos sanitarios nacionales al disminuir la carga de morbilidad producto de la contaminación”, se lee en el reporte.

“Estamos experimentando la emergencia climática y la emergencia de salud como una sola cosa, con un aumento de las enfermedades respiratorias derivadas de la contaminación producida por los combustibles fósiles y las enfermedades causadas por impactos climáticos nefastos, como los incendios forestales. El sector de la salud es el más afectado por estas dos crisis y al mismo tiempo, irónicamente, contribuye con sus propias emisiones. Es imperativo que las y los profesionales de la salud lideren con el ejemplo y actúen ahora para alcanzar cero emisiones para el 2050. La hoja de ruta traza un rumbo en esa dirección ”, dijo Josh Karliner, director  global de programas y estrategias en Salud sin Daño y coautor del documento.

Aún se requieren explorar otras alternativas en pro de la mitigación. Por ejemplo, se requiere invertir más en investigación y crear centros de innovación en materia de clima y salud, a fin de intensificar la reducción de las emisiones en todo el sector.

También maximizar la telemedicina e integrar infraestructura y servicios sanitarios climáticamente inteligentes en la respuesta ante emergencias y la preparación para pandemias.

Karliner destacó la relevancia de abordar los determinantes sociales y ambientales de la salud, considerando la prevención de enfermedades como prevención del cambio climático, y viceversa, así como reinventar los sistemas de financiación para apoyar el movimiento por personas saludables en un planeta saludable e idear soluciones para la gestión de las emisiones residuales del sector salud.

Resiliencia

Al descabonizarse, el sector también está generando resiliencia. Con el aumento de la temperatura, derivado de la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, se esperan mayores impactos en la salud humana como olas de calor, enfermedades transmitidas por vectores, relativas a la escasez de agua y otras que vienen tras inundaciones, entre otros.

Asimismo, los hospitales y centros de salud no están exentos al embate de los desastres, por lo que también se requiere que trabajen en prevención y atención bajo estos escenarios, los cuales serán más frecuentes y devastadores.

“Una agenda de salud orientada a la meta de cero emisiones debe evolucionar de la mano de un esfuerzo del sector por fortalecer la resiliencia de la infraestructura, los sistemas y las comunidades a fin de resistir los impactos derivados de la crisis climática”, se señala en la hoja de ruta.

Asimismo, la descarbonización y la resiliencia están relacionadas a la consecución de una mayor equidad en el sector salud. “Una agenda de salud climáticamente inteligente debe contemplar los diversos niveles de desarrollo sanitario y acceso a la salud de cada país y de las regiones que los integran, de modo que también contribuya a lograr mayor equidad y alcanzar objetivos globales, como la cobertura sanitaria universal (CSU)”, se lee en el reporte.