Los domingos suelen moverse lento. La gente, por lo general, empieza su día más tarde. La mayoría no trabaja y más bien procura mantenerse en un ambiente más hogareño. Debido a este comportamiento, en el sétimo día de la semana, la demanda de energía suele bajar.

A causa del COVID-19, la demanda mundial de energía –que incluye electricidad, calefacción y transporte– se redujo 3,8% en el primer trimestre de 2020 en comparación con el mismo período del 2019, según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés).

Particularmente, la demanda de electricidad se redujo considerablemente como resultado de las medidas sanitarias tomadas por los países ante la pandemia. IEA calculó una reducción del 20% en este subsector energético durante los meses de cuarentena y distanciamiento social. Además, la demanda residencial creció en comparación a la comercial e industrial, tal cual sucede los domingos.

“Durante semanas, la forma de la demanda se asemejó a la de un domingo prolongado”, destacó IEA en su informe Global Energy Review 2020.

De hecho, la agencia prevé que el resto del año se comporte como cualquier domingo previo a la pandemia. Es más, se proyecta que la demanda de electricidad disminuya un 5% en 2020, lo que sería la mayor caída desde la Gran Depresión.

“Los cierres totales han reducido la demanda diaria de electricidad en, al menos, 15% en Francia, India, Italia, España, el Reino Unido y el noroeste de Estados Unidos. Los mayores impactos se han sentido en las economías que aplicaron medidas estrictas y en aquellas en las que los servicios constituyen la parte más importante de la economía”, reflejaron los datos de IEA.

La ralentización de la actividad económica mundial causada por la pandemia redujo la demanda de algunas fuentes energéticas mucho más que otras. Mientras las fuentes fósiles como carbón, gas y petróleo cayeron, la participación de las renovables en el suministro eléctrico creció. Esto debido a que su producción no se ve afectada por la demanda.

“Después de superar al carbón por primera vez en 2019, se prevé que las fuentes bajas en carbono amplíen su ventaja este año. La generación de electricidad a partir de la energía eólica y solar fotovoltaica sigue aumentando en 2020, impulsada por nuevos proyectos que se completaron en 2019 y a principios de 2020”, detalló IEA.

La caída de los fósiles

El recurso energético que dio cabida a la Revolución Industrial, el carbón, seguía gozando de su poderío hasta el primer trimestre del 2020, cuando la demanda mundial disminuyó cerca del 8% en comparación con el mismo periodo del 2019 y se prevé que siga cayendo aún más por lo que resta del año (10%).

La caída del carbón se debe a que China –cuya economía se basa en este recurso y ostentó el 24% de la demanda energética mundial en 2019- fue el primer país afectado por COVID-19.

A esto se suma que se abarató el gas y crecieron las energías renovables. También, y según IEA, condiciones meteorológicas favorables limitaron el uso de este combustible fósil para fines de calefacción.

“No todos los descensos de la demanda en el primer trimestre de 2020 fueron resultado de la respuesta al COVID-19. La continuación de condiciones climáticas más suaves que el promedio en la mayor parte del invierno del Hemisferio Norte también empujó a la baja en la demanda. El impacto del clima fue particularmente fuerte en los Estados Unidos, donde la mayor parte de la disminución del 18% en el consumo de gas residencial y comercial puede atribuirse a un invierno más suave que el vivido en 2019”, reportó IEA.

La demanda de petróleo, por su parte, se redujo casi 5% en el primer trimestre de 2020, principalmente a causa de la restricción en la movilidad y la aviación (ambos representan el 60% de la demanda mundial de este combustible fósil). A finales de marzo, el transporte terrestre estaba 50% por debajo de la media de 2019 y la aviación, 60%.

Como resultado de la pandemia y de las medidas de contención adoptadas en todo el mundo que han hecho que los viajes y el transporte casi se detengan, el consumo de petróleo está disminuyendo drásticamente. Se estima que en abril la demanda mundial de petróleo se redujo en 29 millones de barriles diarios en comparación con el año anterior, nivel que no se registraba desde 1995. Como resultado, se espera que la demanda de petróleo caiga en un récord de 9,3 millones de barriles diarios este año, borrando casi una década de crecimiento”, señaló IEA en el Oil Market Report – April 2020.

En cuanto al gas, el impacto de la pandemia fue más moderado, ya que apenas se registró una caída del 2% en el primer trimestre de 2020. Eso sí, se prevé que disminuya 5% al terminar este año, lo que constituiría la mayor caída interanual registrada después de tener 10 años de crecimiento ininterrumpido.

En cambio, las energías renovables fueron la única fuente que registró un crecimiento de la demanda, la cual se vio impulsada por una mayor capacidad instalada y porque las energías renovables se despachan generalmente antes que otras fuentes de electricidad.

La resiliencia de las renovables

Durante el COVID-19, las energías renovables demostraron ser las más resilientes ya que no se vieron impactadas por la crisis sanitaria. En el primer trimestre de 2020, el uso mundial de energía renovable aumentó 1,5% en relación con el 2019.

Tomando en cuenta solo la generación eléctrica, las fuentes renovables aumentaron casi 3%. Este crecimiento fue posible por los más de 100 gigavatios (GW) de energía fotovoltaica solar y unos 60 GW de proyectos de energía eólica que se instalaron en 2019. A eso se suma que, en este primer trimestre del 2020, la disponibilidad de energía eólica fue alta en Europa y Estados Unidos.

Usualmente, las energías renovables tienen prioridad en la red debido a sus bajos costos de operación y a las reglamentaciones que las privilegian, tampoco se les pide que ajusten su producción para que coincida con la demanda.

“A pesar de las interrupciones en la cadena de suministro que han detenido o retrasado la actividad en varias regiones clave, se espera que la expansión de la energía solar, eólica e hidráulica ayude a que la generación de electricidad renovable aumente en casi un 5% en 2020”, destacó IEA.

“Sin embargo, este crecimiento es menor que el previsto antes de la crisis de COVID-19. Una recuperación más rápida tendría un impacto mínimo en la producción de energía renovable, aunque permitiría completar más proyectos nuevos basados en las energías renovables. Si la recuperación es más lenta, la energía renovable seguiría aumentando, lo que haría de las energías renovables la fuente de energía más resistente a la crisis actual”, añadió la agencia.

Asimismo, y según IEA, las energías renovables son las que están en mejor capacidad de responder a la demanda ante una eventual segunda ola de la pandemia.

Proyecciones

La Agencia Internacional de Energía basó sus proyecciones en el supuesto de que los cierres –cuarentenas y aislamientos sociales– se irán flexibilizando progresivamente en la mayoría de los países en los próximos meses, lo cual vendrá acompañado de una recuperación económica gradual.

Bajo este supuesto, y conforme al Global Energy Review 2020, se prevé que la demanda energética caerá 6% en 2020. Los efectos de la crisis sanitaria en la demanda dependerán de la duración y rigor de las medidas de contención de la pandemia.

“El impacto del COVID-19 en la demanda de energía en 2020 sería más de siete veces mayor que el impacto de la crisis financiera de 2009 en la demanda mundial de energía”, subrayó IEA.

Por ejemplo, la demanda de petróleo podría disminuir 9%, lo que equipararía el consumo del 2020 con el vivido en el 2012.

En cuanto al carbón, su demanda podría reducirse 7,7% debido –en gran parte– a que la demanda eléctrica será casi 5% más baja en el transcurso del año. Eso sí, según IEA, “la recuperación de la demanda de carbón para la industria y la generación de electricidad en China podría compensar las mayores disminuciones en otros lugares”.

La demanda de gas podría disminuir mucho más en lo que falta del año que durante el primer trimestre del 2020, con una demanda reducida en las aplicaciones de energía e industria.

Se proyecta que las renovables aumenten su demanda a causa de los bajos costos de operación y acceso preferencial a los sistemas de energía. Algunos proyectos que entrarán en funcionamiento en 2020, también impulsarán la generación.

Lo cierto es que, en ausencia de vacuna, las cuarentenas y el distanciamiento social siguen siendo las medidas más efectivas para frenar la propagación del virus causante de COVID-19. Por lo que resta del año, la humanidad vivirá como si fuera domingo.


Debido a COVID-19

Caída energética vivida por país

  1. China: fue el primer país en enfrentar la crisis sanitaria, la cual le llevó a cerrar por ocho semanas durante el primer trimestre de 2020. Como resultado, este país tuvo la caída más significativa en la demanda total de energía, la cual cayó más del 7% en comparación con el primer trimestre de 2019.
  2. Unión Europea: segundo epicentro de la pandemia. La demanda energética disminuyó más del 5% en relación con el primer trimestre de 2019. El mayor impacto se concentró en marzo, después de que se pusieran en marcha los cierres.
  3. Estados Unidos: actual epicentro de la pandemia Su demanda energética cayó 6% en comparación con el primer trimestre de 2019. Si bien la respuesta al COVID-19 afectó la demanda en marzo, gran parte de la caída trimestral puede atribuirse a un invierno más leve.

FUENTE: IEA 2020.