Bastó tan solo 1 °C de incremento en la temperatura media del planeta -desde la Revolución Industrial- para que se dieran los impactos vistos a la fecha en cuanto a desastres, incremento del nivel del mar e inseguridad alimentaria.

Para evitar que la temperatura siga aumentando y tratar de limitar su alza a 1,5°C sobre la media, se requiere reducir el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) previstas para 2030.

Sin embargo, las metas de mitigación contempladas en las nuevas y actualizadas Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC, por sus siglas en inglés) apenas reducirían el 7,5% de esas emisiones.

En otras palabras, “las últimas metas climáticas para 2030 sitúan al planeta en la senda de un aumento de la temperatura en este siglo de al menos 2,7°C”, concluye el Emissions Gap Report 2021: The Heat Is On, informe elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Según este informe, para tener alguna posibilidad de no sobrepasar ese límite, los países tienen apenas ocho años para recortar 28 gigatoneladas adicionales de dióxido de carbono equivalente (GtCO2e), además de lo prometido en las NDC actualizadas y otros compromisos para 2030. Actualmente, las emisiones anuales de GEI se acercan a las 60 GtCO2e. Eso quiere decir que es necesario reducir a la mitad esa cantidad de emisiones.

“Para tener una oportunidad de limitar el calentamiento global a 1,5 ºC, tenemos ocho años para reducir casi a la mitad las emisiones de GEI: ocho años para elaborar los planes, poner en marcha las políticas, aplicarlas y, en última instancia, realizar los recortes. El reloj avanza con rapidez”, declaró Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, en un comunicado.

No se trata solo de reducir el dióxido de carbono, el informe hace énfasis en ponerle límite al metano. Este es el segundo GEI que más contribuye al calentamiento global. De hecho, su potencial de calentamiento es 80 veces superior al del dióxido de carbono en un horizonte de 20 años.

Además, su vida en la atmósfera es más corta: 12 años versus los cientos de años del dióxido de carbono. “Por lo que las reducciones del metano limitarán el aumento de la temperatura más rápidamente que las del dióxido de carbono”, señala el informe.

Crédito: Pablo Omar Iglesias / PxP

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La carrera hacia el cero neto

Un total de 49 países, además de la Unión Europea, se comprometieron a reducir sus emisiones hasta alcanzar el cero neto. Si llegase a cumplirse en su totalidad, estos compromisos podrían limitar el aumento previsto de la temperatura a 2,2 ºC.

Lamentablemente, estas promesas de reducción a cero “siguen siendo vagas, incompletas en muchos casos e incoherentes con la mayoría de las NDC de 2030”.

“Muchos de los planes climáticos nacionales retrasan la acción hasta después de 2030, lo que hace dudar de que los compromisos de cero emisiones puedan cumplirse. Doce miembros del G20 han prometido un objetivo neto cero, pero siguen siendo muy ambiguos. También es necesario adelantar la acción para que esté en consonancia con los objetivos de 2030”, se lee en el informe.

“Los países deben concretar más sus promesas de cero emisiones netas, asegurándose de que estos compromisos se incluyan en las NDC y de que se adelanten las acciones”, comentó Andersen y agregó: “También es esencial proporcionar apoyo financiero y tecnológico a los países en desarrollo, para que puedan adaptarse a los impactos del cambio climático que ya están aquí y emprender una senda de crecimiento con bajas emisiones”.

Financiar la adaptación

De hecho, un segundo informe del PNUMA —titulado The Adaptation Gap Report 2021: The Gathering Stormevidenció que el financiamiento y la aplicación de políticas de adaptación siguen estando por debajo de lo necesario.

“Aunque una fuerte mitigación es la mejor manera de reducir los impactos y los costes a largo plazo, es fundamental aumentar la ambición en la adaptación, en particular en lo que respecta a la financiación y la aplicación, para evitar que se amplíen las brechas existentes”, señala el reporte.

Actualmente, los costos de adaptación en los países en desarrollo son 5-10 veces mayores que los actuales flujos de financiación pública para este rubro. Al 2030, estos costos podrían situarse entre $140.000 y $300.000 millones. Para 2050, la proyección apunta entre $280.000 y $500.000 millones.

“El mundo necesita aumentar la financiación pública de la adaptación mediante inversiones directas y superando los obstáculos a la participación del sector privado. Es necesario aumentar y reforzar la aplicación de las medidas de adaptación para evitar quedarse atrás en la gestión de los riesgos climáticos, especialmente en los países en desarrollo”, se lee en el informe.

Crédito: Pablo Omar Iglesias / PxP

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