Los textiles, junto con el aluminio, generan la mayor cantidad de gases de efecto invernadero por unidad de material. De hecho, la industria de la moda es responsable del 10% de las emisiones mundiales. No solo eso, los impactos de la industria textil -sobre todo aquella relacionada a la “moda rápida”- se traducen en más de 92 millones de toneladas de desechos producidos por año y 1,5 billones de litros de agua consumidos.

Así lo evidenciaron investigadores de Finlandia, Suecia, Reino Unido, Estados Unidos y Australia en un estudio publicado recientemente en la revista científica Nature Reviews Earth & Environment.

Esa abultada huella ambiental responde a un crecimiento de la producción textil en respuesta al consumo que devino de la aparición de la moda rápida, la cual apuesta a un modelo de negocio que ofrece una novedad en forma de productos de bajo costo y calidad.

“La moda rápida se basa en el consumo recurrente y en la compra por impulso, lo que infunde un sentido de urgencia en la compra”, señalaron los investigadores.

Como resultado, las marcas de ropa están produciendo el doble de colecciones en comparación a las realizadas en el año 2000. Se calcula que el aumento general de la demanda de producción es del 2% anual.

Según el estudio, la producción mundial de textiles per capita ha pasado de 5,9 kilogramos a 13 kilogramos por año en el período 1975-2018.

Asimismo, el consumo mundial ha aumentado a unos 62 millones de toneladas de productos textiles por año y los investigadores prevén que llegue a 102 millones de toneladas en 2030.

Huella de carbono

La elevada huella de carbono de la industria textil se debe al alto uso de energía y las fuentes energéticas que emplea. Por ejemplo, la fabricación de textiles en China depende del carbón y, por esa razón, tiene una huella de carbono 40% mayor que los textiles fabricados en Turquía o Europa.

“Las altas demandas de energía y las emisiones de dióxido de carbono están asociadas a la fabricación de textiles y al uso de los consumidores (es decir, al lavado), así como al transporte cuando se utiliza el flete aéreo. Sin embargo, en el ciclo de vida de las prendas, el uso de energía y la emisión de dióxido de carbono es mayor durante la extracción inicial de la fibra, especialmente en el caso de las fibras sintéticas, como los acrílicos, ya que se originan a partir de combustibles fósiles. La producción de poliamida, por ejemplo, utiliza 160 kilowatt hora (kWh) por kilogramo de fibra”, se lee en el estudio.

Igualmente, el método de producción influye en el uso energético. En el caso del cultivo del algodón convencional, según los investigadores, este puede emitir 3,5 veces más dióxido de carbono que el cultivo de algodón orgánico.

“Como las fibras naturales tienen una huella de carbono más baja que las fibras sintéticas, la mejor manera de disminuir las emisiones de carbono asociadas a la producción de fibras sería sustituir el uso del poliéster por el de fibras naturales. Además, las fibras de origen vegetal secuestran el carbono atmosférico y actúan como un sumidero”, indicaron los investigadores.

Por ejemplo, una tonelada de yute seco secuestra 2,4 toneladas de carbono. La producción de lino y cáñamo también tiene bajas emisiones de carbono.

“Sin embargo, la menor huella de carbono de las fibras naturales durante la producción puede ser compensada durante la fase de uso debido a los altos requerimientos de energía para el lavado, el secado y el planchado en comparación con los sintéticos”, advirtieron los expertos.

Otros hallazgos

El estudio detalló otros hallazgos relativos a consumo de agua, contaminación y desechos: 

  • La industria textil y de la moda tiene una larga y compleja cadena de suministro que va desde la agricultura y la producción petroquímica (para la producción de fibras) hasta la fabricación, la logística de distribución, la comercialización y el consumo.
  • Además, las largas cadenas de suministro hacen que las prendas puedan haber dado la vuelta al mundo una o incluso varias veces durante las numerosas etapas de fabricación para convertir el cultivo de fibras crudas en un conjunto listo para su uso.
  • Cada paso de la producción tiene un impacto ambiental debido al uso de agua, materiales, productos químicos y energía.
  • Se calcula que la producción de una tonelada de textil utiliza, en promedio, 200 toneladas de agua. Además, esta industria es responsable del 20% de la contaminación del agua industrial por el tratamiento y el teñido de los textiles.
  • La industria textil emplea más de 15.000 productos químicos durante el proceso de fabricación, empezando por la producción de fibras. Muchos de ellos son perjudiciales para el ambiente, los trabajadores de las fábricas y los consumidores.
  • El otro gran impacto se relaciona con los desechos. El 15% de la tela utilizada en la fabricación de prendas se desperdicia en el proceso de producción. A eso se suman los desechos de post producción, que comprenden las prendas desechadas por los consumidores, los cuales representaron el 60% de los 150.000 millones de prendas producidas mundialmente en 2012.
  • Las actuales prácticas de consumo de la moda dan lugar a grandes cantidades de desechos textiles, la mayoría se incinera, se deposita en vertederos o se exporta a países en desarrollo. Solo el 15% de los desechos textiles post consumo se recuperó con fines de reciclaje en el 2015. De estos, menos del 1% (0,5 millones de toneladas) de la producción total se recicló en circuito cerrado, es decir, volvieron a ser materia prima para aplicaciones de la misma o similar calidad.

Los investigadores también alertaron sobre el traslape de estos impactos a través de la larga y compleja cadena de producción.

“La globalización del sistema textil y de la moda ha dado lugar a una distribución desigual de esas consecuencias ambientales, y los países en desarrollo (que producen en gran medida los textiles y las prendas de vestir) soportan la carga de los países desarrollados (que consumen en gran medida los productos). Así pues, los países occidentales importan los efectos (por ejemplo, el agua a través del crecimiento del algodón y las emisiones de carbono asociadas a la producción de poliéster) cuando importan prendas de vestir. Sin embargo, la creciente globalización y fragmentación de la fabricación de prendas de vestir también ha hecho que sea difícil evaluar con precisión esos efectos ambientales, por ejemplo, debido a la incertidumbre en el abastecimiento y la elaboración de las materias primas”, subrayaron.