Las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), derivadas de las actividades humanas, son responsables de que la temperatura media del planeta se haya incrementado 1,1°C desde 1850-1900. Lo más probable es que, en los próximos 20 años, se alcance el umbral de los 1,5°C.

De hecho, la temperatura global de la superficie viene aumentando más rápido desde 1970, esto en comparación con cualquier otro periodo de 50 años en los últimos 2.000 años. Es más, las temperaturas de la década 2011-2020 superan a las temperaturas del período cálido anterior, el cual data de hace unos 6.500 años.

Los datos se desprenden del reporte Climate Change 2021: the Physical Science Basis, elaborado por el Grupo de Trabajo I del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) y aprobado por 195 gobiernos miembros.

Este informe constituye la primera entrega del Sexto Informe de Evaluación (AR6, por sus siglas en inglés) del IPCC, que consta de tres capítulos y se irán liberando paulatinamente hasta completar el ciclo en 2022. Este reporte, en particular, está centrado en analizar las bases científicas del cambio climático.

En comparación al AR5, este informe muestra una mejora significativa en las estimaciones basadas en observaciones e información procedente de los registros paleoclimáticos, así como en los estudios de atribución. También se amplió la cantidad de escenarios modelados (para un total de cinco) y se hizo un esfuerzo por tener más información regional.

“Las nuevas simulaciones de modelos climáticos, los nuevos análisis y los métodos que combinan múltiples líneas de evidencia conducen a una mejor comprensión de la influencia humana en una gama más amplia de variables climáticas, incluyendo el tiempo y los extremos climáticos”, destacaron los autores.

Acelerado ritmo de calentamiento

Como periodo de referencia, el IPCC utiliza el comprendido entre 1850 y 1900, ya que este representa el primer período de observaciones suficientemente completas para estimar la temperatura global de la superficie y, por ello, se utiliza como una aproximación a las condiciones pre-industriales.

Según la evidencia científica analizada por el Grupo de Trabajo I, cada una de las últimas cuatro décadas ha sido sucesivamente más cálida que cualquier década que la precediera desde 1850. En las dos primeras décadas del siglo XXI (2001-2020), la temperatura global en superficie fue 0,99 °C más alta que en 1850-1900.

Es más, la temperatura global en superficie fue 1,09 °C más alta en 2011-2020 que en 1850-1900, con mayores aumentos en tierra (1,59 °C) que en el océano (0,88 °C).

“Esta es una situación que no tiene precedentes en la historia de la especie humana. La última vez que la temperatura de la superficie de la Tierra superó los 2,5°C (en comparación con los niveles pre-industriales) fue hace más de tres millones de años”, dijo Werner Stolz, director del Instituto Meteorológico Nacional de Costa Rica (IMN).

El aumento en la temperatura global desde el AR5 se debe, principalmente, a un mayor calentamiento desde 2003-2012 (+0,19 °C). Además, “los avances metodológicos y los nuevos conjuntos de datos contribuyeron aproximadamente con 0,1ºC a la estimación actualizada del calentamiento en el AR6”.

Para Maisa Rojas, científica chilena y autora de este primer informe del AR6, se llegará a 1,5°C de incremento en la temperatura media en el siglo XXI. “Si se alcanzan las emisiones netas cero, la temperatura sí se puede limitar a 1,5°C”, dijo y añadió: “algunos cambios pueden ser ralentizados y otros evitados”.

Sin embargo, hay que ser realistas. “La temperatura se puede limitar, pero el calentamiento es irreversible en la escala de tiempo de nuestra vida”, continuó.

Ese incremento en la temperatura media del planeta responde a la acumulación de GEI en la atmósfera y, según el IPCC, el incremento observado en las concentraciones de estos gases es “inequívocamente causado por las actividades humanas” desde 1750, fecha que coincide con la Revolución Industrial.

En 2019, las concentraciones de GEI alcanzaron medias anuales de 410 ppm para el dióxido de carbono (CO2), 1866 ppb para el metano (CH4) y 332 ppb para el óxido nitroso (N2O).

Los ecosistemas terrestres y marinos han absorbido, de manera constante, alrededor del 56% anual de las emisiones de CO2, esto durante los últimos 60 años. Sin embargo, si las emisiones siguen aumentando, estos sumideros de carbono serán menos eficaces.

“Es decir, la proporción de las emisiones absorbidas por la tierra y el océano disminuye con el aumento de las emisiones acumuladas de CO2. Se prevé que esto dé lugar a una mayor proporción de CO2 emitido que permanezca en la atmósfera”, se lee en el informe.

El carbón fue el combustible fósil con el cual inició la Revolución Industrial. La COP26 pretende ser la cumbre climática en la que los países se comprometan a dejar el carbón como fuente de energía. (Foto: Bence Balla-Schottner / Unsplash)

(Créditos: Bence Balla-Schottner / Unsplash)

La impronta del ser humano

La frecuencia de las olas de calor en el mar se ha duplicado desde 1980 y, al menos desde el 2006, es muy probable que el ser humano haya contribuido a la mayoría de estas.

Asimismo, en la última década, algunas olas de calor –como la experimentada por Canadá y Estados Unidos en junio y julio– “habrían sido extremadamente improbables sin la influencia humana en el sistema climático”.

“Es prácticamente seguro que los extremos cálidos (incluidas las olas de calor) se hayan vuelto más frecuentes y más intensos en la mayoría de las regiones terrestres desde la década de 1950, mientras que los extremos fríos (incluidas las olas de frío) se han vuelto menos frecuentes y menos severos, con una alta confianza en que el cambio climático inducido por el hombre es el principal impulsor de estos cambios”, destacaron los autores del IPCC.

De alcanzarse un incremento de 1.5°C sobre la media, se verá un aumento de las olas de calor, un prolongamiento de las estaciones cálidas y un acortamiento de las frías. Con 2°C de calentamiento global, los extremos de calor alcanzarían con más frecuencia los umbrales críticos de tolerancia para la agricultura y la salud.

El incremento de la temperatura inducido por el hombre, según el informe del IPCC, también ha contribuido a aumentar las sequías agrícolas y ecológicas en algunas regiones debido al aumento de la evapotranspiración.

Esto también se evidencia en las precipitaciones. La frecuencia y la intensidad de las lluvias intensas han aumentado desde la década de 1950, con una tasa más rápida desde la década de 1980.

“Es probable que la influencia humana haya contribuido al patrón de cambios observados en las precipitaciones desde mediados del siglo XX”, se lee en el informe.

También es probable que la ocurrencia de ciclones tropicales con categorías 3 a 5 haya aumentado en los últimos 40 años y que la latitud en la que los ciclones del Pacífico alcanzan su máxima intensidad, se haya desplazado más al norte. “Estos cambios no pueden explicarse únicamente por la variabilidad interna”, manifestaron los autores.

“Los estudios de atribución de eventos y la comprensión física indican que el cambio climático inducido por el hombre aumenta las fuertes precipitaciones asociadas a los ciclones tropicales, pero las limitaciones de los datos impiden detectar claramente las tendencias pasadas a escala global”, aclararon.

Donde la impronta humana ha sido significativa es en los glaciares. “Es muy probable que la influencia humana sea el principal impulsor del retroceso global de los glaciares desde la década de 1990 y de la disminución de la superficie de hielo marino del Ártico entre 1979-1988 y 2010-2019 (aproximadamente un 40% en setiembre y un 10% en marzo)”, señalaron los expertos.

Según el informe del IPCC, también es muy probable que la influencia humana haya contribuido a la disminución del manto de nieve primaveral del hemisferio norte desde 1950 y que haya contribuido al derretimiento superficial de la capa de hielo de Groenlandia observado en las últimas dos décadas.

Para los científicos, es muy probable que el ser humano sea el principal motor del calentamiento experimentado en el océano superior global (0-700 metros) desde la década de 1970. Asimismo, es “prácticamente seguro” que las emisiones de CO2 derivadas de las actividades humanas estén detrás de la acidificación del océano.

“Existe un alto grado de confianza en que los niveles de oxígeno han descendido en muchas regiones de la parte superior del océano desde mediados del siglo XX, y una confianza media en que la influencia humana ha contribuido a este descenso”, señalaron los autores del IPCC.

Urge estabilizar el clima

Ya desde el AR5, los científicos del IPCC habían detectado una relación casi lineal entre las emisiones antropogénicas de CO2 acumuladas y el calentamiento global que estas provocan. Se considera que cada 1.000 gigatoneladas de dióxido de carbono (GtCO2) acumuladas en la atmósfera puede causar un aumento entre 0,27 °C y 0,63 °C en la temperatura global de la superficie, con una estimación óptima de 0,45 °C.

Alcanzar un nivel neto de cero emisiones antropogénicas de CO2 es un requisito para estabilizar el aumento de la temperatura global inducido por el hombre en cualquier nivel, pero limitar el aumento de la temperatura global a un nivel específico implicaría limitar las emisiones acumuladas de CO2 dentro de un presupuesto de carbono”, se explica en el reporte.

“Estabilizar el clima requerirá reducciones fuertes, rápidas y sostenidas de las emisiones de GEI, y alcanzar las emisiones netas de CO2. Limitar otros GEI y contaminantes atmosféricos, especialmente el metano, podría ser beneficioso tanto para la salud como para el clima”, dijo Panmao Zhai, copresidente del Grupo de Trabajo I del IPCC, en declaraciones a la prensa.

Las reducciones de las emisiones de GEI también conllevan mejoras en la calidad del aire. Al disminuir la quema de combustibles fósiles con fines eléctricos y transporte, no solo se están reduciendo las emisiones sino también el material particulado que afecta la salud de las personas.

De hecho, las mejoras en la calidad del aire se observarán en 20-30 años. Sin embargo, estas mejoras no serán suficientes para que algunas regiones altamente contaminadas alcancen los estándares dictados por a Organización Mundial de la Salud (OMS), por lo que hay que hacer un esfuerzo extra.

“Los escenarios con reducciones selectivas de las emisiones de contaminantes atmosféricos dan lugar a mejoras más rápidas de la calidad del aire en pocos años en comparación con las reducciones de las emisiones de GEI únicamente, pero a partir de 2040 se prevén más mejoras en los escenarios que combinan esfuerzos para reducir los contaminantes atmosféricos así como las emisiones de GEI, con una magnitud del beneficio que varía según las regiones”, subrayan los autores.

Aunque se logren reducciones significativas y esto conlleve que el aumento de la temperatura superficial inducido por el CO2 se invierta gradualmente, otros impactos del cambio climático continuarán su dirección durante décadas o milenios. Esto debido a la larga permanencia que tienen los GEI que ya fueron emitidos.

Los agricultores constituyen uno de los grupos más expuestos a las olas de calor, las cuales se proyecta que aumenten y se intensifiquen en los próximos años. (Foto: Miriet Abrego).

(Créditos: Miriet Abrego)

Irreversible

Debido a las emisiones pasadas y actuales de GEI, algunos impactos serán irreversibles en término de siglos e incluso milenios. Ese es el caso de los cambios en el océano y las capas de hielo.

Durante el resto del siglo XXI, el calentamiento probable del océano será mayor al observado en 1971-2018 y esto acarreará consecuencias. “Basándose en múltiples líneas de evidencia, la estratificación de la parte superior del océano, la acidificación y la desoxigenación seguirán aumentando en el siglo XXI, a un ritmo que depende de las futuras emisiones. Los cambios son irreversibles en escalas de tiempo de centenarias a milenarias en la temperatura global del océano, la acidificación del océano profundo y la desoxigenación”, se indica en el informe.

También es seguro que el nivel del mar seguirá subiendo durante el siglo XXI, debido al continuo calentamiento de los océanos profundos y al derretimiento de las capas de hielo. 

Según el IPCC, en los próximos 2.000 años, el nivel del mar aumentará entre 2-3 metros si el calentamiento se limita a 1,5 °C, entre 2-6 metros si se limita a 2 °C y entre 19-22 metros con un calentamiento de 5 °C.

“Las proyecciones de aumento multimilenario del nivel medio del mar son coherentes con los niveles reconstruidos durante períodos climáticos cálidos del pasado: probablemente entre 5 y 10 metros más altos que los actuales hace unos 125.000 años, cuando las temperaturas globales eran muy probablemente entre 0,5 °C y 1,5 °C más altas que en 1850-1900; y muy probablemente entre 5 y 25 metros más altos hace aproximadamente tres millones de años, cuando las temperaturas globales eran entre 2,5 °C y 4 °C más altas”, se señala en el informe.

Los glaciares de montaña y polares seguirán derritiéndose durante décadas o siglos, mientras que la pérdida de carbono del permafrost tras su deshielo es irreversible en escalas de tiempo centenarias.

Asimismo, la pérdida continua de hielo durante el siglo XXI es prácticamente segura para la capa de hielo de Groenlandia y es probable para la capa de hielo de la Antártida. “Existe una alta confianza en que la pérdida total de hielo de la capa de hielo de Groenlandia aumentará con las emisiones acumuladas”, señalaron los expertos.