El páramo del Parque Nacional Chirripó tiene su encanto. Su paisaje único, con sus arbustos y flores endémicas, enamora a quien lo visita. En ciertas partes se pueden tocar las nubes cuando pasan cerca. Es un lugar único, donde puede caer una garúa, hacer calor y luego frío en cuestión de un minuto.

Caminar por esos bosques con Eric Fuchs y Gilbert Barrantes también tiene su encanto. Los investigadores del Centro de Investigación en Biodiversidad y Ecología Tropical (Cibet) hablan sobre las plantas y sus aportes al ecosistema mientras recorren el lugar. Mencionaron que algunas se utilizan en medicina natural, como es el caso de la valeriana o la hierba de San Juan (hipérico).

También Fuchs y Barrantes aprovecharon el recorrido para brindar algunos resultados preliminares de la investigación que están haciendo, los cuales están relacionados con el cambio climático.

Comentaron que, al hacer las colectas de insectos que visitan plantas, en estas muestras se encuentran polinizadores y otros que no lo son. Lo que resalta es que han encontrado una especie de mosca (pertenece a la familia Syrphidae), que se encuentra usualmente a una altura máxima de 1.800 metros, y ahora se está viendo a nivel del páramo, es decir, a 3.000 metros de altura.

El alza en la temperatura, relacionada con el cambio climático, podría estar influyendo para que esta especie haya subido a esa altitud. No obstante, Fuchs y Barrantes son cautelosos y aclararon que se necesitan más datos y experimentos para llegar a confirmarlo. Y en eso están.

El equipo de investigadores está conformado por Alfredo Cascante-Marín, Paul Hanson, Ruth Madrigal Brenes, Eric Fuchs Castillo y Gilbert Barrantes (estos últimos en la foto). (Foto: Miriet Ábrego Zúñiga).

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¿De qué trata el estudio?

Pero, empecemos por el principio. El proyecto “Polinización de las zonas altas y su importancia para la economía de los cultivos locales” es realizado por un grupo de investigadores del Cibet de la Universidad de Costa Rica (UCR), quienes tratan de entender cómo las Áreas Naturales Protegidas (ANP) mantienen plantas que a su vez mantienen a los insectos que las polinizan y viven de ellas, los cuales también polinizan los cultivos.

Fuchs, quien es el coordinador de la investigación, mencionó que “el componente innovador del proyecto es que muchas de las especies de aquí arriba (páramo), sobre todo de insectos y muchas plantas, aunque ya se han identificado varias, sobre todo en insectos, aún no hay mucha identificación. Entonces estamos usando códigos de barras genéticos, específicos para cada especie, para así poder identificarlas”.

Estos códigos de barras genéticos son una secuencia de ADN (ácido desoxirribonucleico) con la que se logra identificar a las especies. Con estos, los investigadores logran crear un catálogo de diversas plantas e insectos con sus códigos, los cuales antes no tenían.

Para entender mejor, Fuchs compara esta situación a la experiencia que se vive en los supermercados, cuando el cajero pasa un producto por el lector y dice que no lo encuentra porque no está en la base de datos. Los investigadores trabajan precisamente en la construcción de la base de datos para que esta situación no se dé y, al ingresar un nuevo código, el sistema lo relacione con los otros existentes.

Una de las utilidades de esta técnica radica en que, donde se encuentran los cultivos, como el aguacate, ellos pueden recolectar polen de un insecto y de este pueden obtener ADN e identificar, con los códigos, cuáles plantas de zonas protegidas o zonas aledañas visitó el polinizador antes del aguacate y decidir qué plantas mantener o sembrar cerca de los cultivos para que ayuden a la polinización de estos.

Cultivos de las zonas que investigan —como manzanas, ciruelas, duraznos, aguacates y moras, entre otros— dependen de insectos para ser polinizados. Sin embargo, la mayoría de los insectos no pueden vivir solo de estos porque sus floraciones son estacionales, o sea, solo ocurren en cierto periodo de tiempo y eso los obliga a buscar alimento en otras partes, como en las áreas protegidas.

Asimismo, si bien existen una gran cantidad de catálogos de especies de plantas identificadas (en especial las endémicas), los investigadores están notando la necesidad de revisar la identificación de algunas de estas, porque han observado que ciertos grupos se han dividido en tres especies.

Los datos de fenología y los genéticos ayudarían a clarificar la clasificación taxonómica de las especies. Por ejemplo, la Pernettya está clasificada como una sola especie, pero ellos han visto que —en términos de floración y fructificación— hay dos posibles grupos.

Los investigadores van por lo menos una vez al mes a recolectar datos a los sitios de investigación. (Foto: Miriet Ábrego Zúñiga).

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La zonas altas son clave

Los investigadores visitan mensualmente las partes altas de la zona de Los Santos —como San Gerardo de Dota o el Parque Nacional Chirripó— para recolectar datos de fenología. ¿Y qué es fenología? Es el estudio que permite ver la cronología de los eventos biológicos, por ejemplo, cuándo ocurren las floraciones.

Lo que hacen los investigadores es observar qué recurso floral hay y también ven cómo este cambia a lo largo del año, la cantidad de recurso de polen y néctar que hay disponible para los insectos y hacen colectas de insectos para ver cuáles flores son las que polinizan.

Esto les permite ver la dinámica de las especies a lo largo del tiempo y averiguar lo que les pasaría a los cultivos si en el páramo hay muchas flores, y también se hace de manera inversa (si hay pocas flores). Además, los datos muestran cuáles especies alrededor de los cultivos se comparten en ambas zonas.

Una de las razones por las que los investigadores del Cibet realizan sus estudios en las zonas altas es porque estas son altamente susceptibles al cambio climático, debido a que las especies dependen de ciertas condiciones específicas que solo se pueden encontrar ahí.

“En el páramo hay momentos en el año que, en la noche, las temperaturas son bajo cero y en el día muy altas 30-35°C, sol muy fuerte, alta cantidad de luz ultravioleta, poco oxígeno. Son especies adaptadas a poco dióxido de carbono y oxígeno”, explicó Fuchs.

Además, cuando aumenta la temperatura en estas zonas, las especies migran (plantas e insectos por igual). Pero, si estas ya se encuentran en las cimas de las montañas, pues no tienen adonde ir. Si descienden para ir a otro lado, no podrían sobrevivir por estar en condiciones que no son aptas para ellas; terminarían desapareciendo y muchas son endémicas (únicas) de la zona, por lo que no habría forma de recuperarlas. A este fenómeno, donde las especies en las cimas de montañas quedan atrapadas porque no pueden subir ni bajar o ir a otra montaña más alta porque las temperaturas son muy calientes, se le ha denominado “trampa de montaña”.

Cerca de la zona del páramo, a unos 300 metros menos de altura, se encuentra un bosque montano al que también los investigadores han ido a tomar datos. Han observado que existe mucha variación de recurso floral en el año y que en las épocas secas —llámese diciembre, enero y febrero— hay mucho recurso y la interacción de los polinizadores con las plantas es muy específica, ya que estos insectos terminan por escoger las plantas que mejor polinizan. Sin embargo, en época lluviosa, la diversidad baja, el recurso baja y los polinizadores se vuelven más generalistas, lo que hace que las interacciones sean más difusas porque visitan más plantas, ya que hay menos alimento.

Fuchs destacó que “sería interesante pensar cuándo florecen los cultivos para ver exactamente cómo suplementar el recurso y tener más poblaciones de insectos cerca de los cultivos. Esto sería en época lluviosa, cuando hay menos recursos. Estos datos servirían para inclusive generar jardines”.

Otra de las observaciones que recalcaron los investigadores fue que los productores de aguacate alquilan colmenas de abejas pensando que son las mejores polinizadoras. Sin embargo, cuando se trata del aguacate, la especie que más llega son las moscas. Barrantes, quien es ecólogo, mencionó que “en otras regiones —como en Estados Unidos o Canadá— las moscas son polinizadores muy importantes en los cultivos”.

Fuchs y Barrantes consideran que la investigación puede contribuir con datos sobre la importancia de especies de insectos para los cultivos o especies de plantas que mantienen grandes comunidades de estos. Con datos a largo plazo de censos, se puede ver la abundancia de especies, ver si está reduciéndose la población de estas, entre otros aspectos.

Ambos investigadores destacan que se necesitan al menos otros diez años de datos para ver el efecto del cambio climático. Ya cuentan con diez años de datos de investigaciones anteriores y, con los que han obtenido con esta investigación, se puede analizar si hubo un cambio relacionado al cambio climático en relación con otra década.

El proyecto se está haciendo en colaboración con el Laboratorio Nacional de Análisis y Síntesis Ecológica (Lanase) de la UNAM, cuyos investigadores también están estudiando los polinizadores de las zonas altas de los páramos de México.

Con el objetivo de compartir el conocimiento, los investigadores quieren hacer un proyecto de educación ambiental que beneficie a las comunidades. (Foto: Miriet Ábrego Zúñiga).

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Ciencia para la gente

Estando en San Gerardo de Dota, uno se percata de otras interacciones, ya no de los insectos sino de las personas. En este pueblo, los investigadores eran conocidos por casi todos los vecinos que nos encontramos en el camino. Ellos, al ir a estas localidades en reiteradas ocasiones, han generado un vínculo con la gente.

Los agricultores, además, les permiten entrar a sus cultivos, entienden el valor que tiene esta investigación e incluso han implementado medidas que les han aconsejado los científicos sobre cómo mantener ciertas plantas para atraer a los polinizadores cuando no se está en época de floración.

La ciencia, a fin de cuentas, se hace para ayudar a las personas.