Hoy tocan buenas noticias: un estudio científico publicado en la revista Science reveló la primera evidencia de reducción del agujero de la capa de ozono sobre la Antártida.

Un grupo de investigadores norteamericanos y británicos descubrieron que el agujero se ha disminuido más de cuatro millones de kilómetros cuadrados desde el año 2000, un área similar a la superficie de India, y estiman que estará completamente sano en menos de cuatro décadas.

“Esto nos da esperanza, muestra que no deberíamos temerle a enfrentarnos a los grandes problema ambientales”, dijo a National Geographic Susan Solomon, investigadora del MIT y una de las autoras.

El estudio atribuye esta curación al Protocolo de Montreal, un acuerdo internacional firmado en 1987 para frenar de manera gradual la producción y uso de sustancias químicas que perjudican la capa de ozono (en su mayoría los llamados clorofluorocarbonos o CFCs, usados principalmente en los aerosoles y en los aires acondicionados).

Esto resulta especialmente alentador porque a finales del año pasado, 195 países firmaron el Acuerdo de París, un tratado internacional que busca limitar el calentamiento global causado por seres humanos. Si pudimos con Montreal, ¿por qué no con París?

En el caso de la capa de ozono, los científicos realizaron mediciones con globos y satélites sobre la Antártida y compararon los resultados con años anteriores. Así concluyeron que el tamaño del agujero había disminuido en comparación con su tamaño máximo en el año 2000.

Los investigadores compararon sus mediciones anuales de ozono con modelos computacionales que simulan una disminución de CFCs en la atmósfera desde 2000 (cuando se llegó al punto más grave). Allí también vieron que calzaban sus datos con las mediciones que pronosticaba el modelo.

Video: NASA.

A medida que las concentraciones CFC en la atmósfera sigan bajando, podría haber una recuperación completa del agujero alrededor del 2050 o 2060, estiman los científicos.

La capa de ozono es capa protectora que facilita preservar la vida en el planeta tierra y absorbe los rayos ultravioleta (UV). En la década de 1970, tres científicos llamados Paul Crutzen, Mario Molina y Sherwood Rowland sentaron las bases para comprender el agujero en la capa de ozono (por eso recibieron el Premio Nobel de Química en 1995.

Metas futuras.

El Protocolo de Montreal nos dejó una gran lección: así como podemos dañar el planeta, también podemos mejorarlo.

“Es un buen ejemplo de que cuando los países se ponen de acuerdo, sí es posible lograr impacto en las metas que se proponen. Hay mucha gente que tiene serias dudas de si el Acuerdo de París nos llevará a un norte y este es un vaso refrescante que nos inspira a que sí es posible lograr impactos”, explicó Andrea Meza, directora de Cambio Climático de Costa Rica.

El año pasado, los ojos del mundo se fijaron en París, lugar donde se efectuó la Cumbre  Climática de París (COP21), cuya misión era concluir en un tratado mundial para reducir las emisiones de gases invernadero.

La conferencia concluyó con el Acuerdo de París, donde 195 países acordaron reducir el calentamiento global muy por debajo de 2 grados y ojalá hacia 1.5 grados.

Tras la firma del acuerdo en diciembre, ahora sigue un proceso de ratificación, que solo han cumplido 18 países del mundo, una lista que no incluye Costa Rica.

El Protocolo de Montreal tuvo una particularidad, que en su momento funcionó: definió metas claras y definidas de cómo deberían reducir cada país su uso de CFCs. Los países desarrollados tendrían metas más altas y cada quien estaba obligado a cumplirlas.

Tras el éxito inicial de Montreal, los diplomáticos buscaron solucionar el cambio climático de una manera similar, con el Protocolo de Kyoto firmado en 1997, que también puso metas fijas sobre los países desarrollados. Fue un fracaso, entonces el Acuerdo de París siguió otra ruta.

“Fue una muy buena estrategia (de París) no poner metas específicas a cada uno de los países, eso fue posiblemente la gran tragedia del protocolo de Kioto: que en una mesa pequeña se asignaron metas sin tomar en cuenta cada país”, explicó Meza.

En vez de eso, el Acuerdo de París pidió a cada uno de los 195 países que voluntariamente se fijaran metas (el problema ahora es que esas metas no llegan al objetivo de calentamiento en 2 grados centígrados)

Una cosa son los retos políticos, que explica Meza y otros los técnicos/físicos. Para entender eso, dos de los mejores especialistas del país son Eric Alfaro y Hugo Hidalgo, investigadores del Centro de Investigaciones Geofísicas de la  Universidad de Costa Rica (UCR).

“En el caso de los gases de efecto invernadero es más complejo, ya que implica cambiar las fuentes de producción de energía y transporte por ejemplo”, explicaron los científicos.

Para los expertos, “mucho depende de la implementación a escala internacional de los acuerdos adoptados por la última COP”.

Esa implementación empezará a partir del 2020, cuando el Acuerdo entra en vigencia, pero los detalles sobre cómo hacerlo se están negociando a partir de este año.


Colaboró Diego Arguedas Ortiz