Este definitivamente fue un verano crítico, según recuerda Miguel Muñoz, encargado de Generación en la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL).

“Lo más diferente este año fue la energía hidroeléctrica. Estuvo muy muy baja durante el verano”, dijo Muñoz.

El viento, más bien, lo recuerda fuerte. “Por ejemplo, si esperábamos que (el Parque Eólico de Santa Ana) estuviera en 3 megas de generación, siempre estaba un poco más arriba”, asegura.

Él explica que el viento y el agua se complementan; ambos funcionan mejor juntos. Este verano fue un buen ejemplo para esto.

A pesar de la fuerte sequía, Costa Rica –que depende fuertemente del agua para generar su electricidad– logró mantener un suministro de energía casi completamente renovable, según datos del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).

Gracias a la fuerte producción de energía eólica, al racionamiento de agua en las represas y a la importación de electricidad desde Centroamérica, la generación eléctrica del país se mantuvo limpia durante los meses de la sequía.

El ICE incluso es optimista y asegura que para final de este año la producción de electricidad sería 98% renovable.

Pero esa energía limpia no es gratis. De hecho, instalar tantos proyectos (necesarios para la generación renovable) está llevando al ICE a una crisis económica importante, según explicó José Daniel Lara, investigador costarricense en la Universidad de California Berkeley en Estados Unidos.

El problema, según Lara, es que cuando sí llueve el ICE está generando más electricidad de la cuenta. Al final, esa energía sobra pero igual cuesta plata.

“Sobrevivimos la sequía, pero eso es porque el ICE está pagando por plantas en un sistema que no está consumiendo esa energía. Es como que uno se compre un Mercedes para hacer Uber, lo tenga todo el día parqueado en la cochera y luego diga que no alcanza la plata para el préstamo”, aseguró el ingeniero.

Generación limpia

Javier Orozco, director de Planificación de ICE, aseguró que la sequía del último año fue la primera prueba importante para el suministro de electricidad limpia del país, que ha sido renovable en más de un 95% durante los últimos cuatro años.

“Creemos que, para fin de año, el 98% será más o menos la cifra (de generación renovable). Después de estos meses críticos, no creemos que necesitemos más producción térmica (que utiliza combustibles fósiles) “, dijo Orozco.

Entre enero y abril, los meses más secos del año, Costa Rica produjo el 97% de su electricidad a partir de fuentes renovables, según datos oficiales. Sin embargo, esta cifra no toma en cuenta que el 8% de consumo de electricidad se suplió con importaciones.

Desde 2015, el país ha alcanzado más del 95% de producción renovable cada año durante estos meses secos. Este año sería la primera vez que nuestra matriz eléctrica afrontara un fenómeno de El Niño luego de haber logrado más de 95% de generación renovable.

Según Orozco, las principales razones que les permitieron mantener la generación renovable fueron los vientos “muy fuertes” –que aumentaron la producción de energía eólica– y los embalses en algunas represas, que les permitieron racionar la poca agua que tenían.

Para Costa Rica, la matriz eléctrica limpia es importante para lograr su principal objetivo climático: cero emisiones netas para 2050. Este es uno de los “avances más importantes” hacia la descarbonización de su economía, de acuerdo con el Plan Nacional de Descarbonización.

Muchas de las medidas clave para lograr esa meta climática, como el transporte eléctrico, dependen de electricidad limpia, según explicó la directora de cambio climático del Ministerio de Ambiente, Andrea Meza. Si la electricidad no fuera renovable, el transporte eléctrico tendría poco sentido en el país.

Ríos secos

El agua comenzó a escasear desde octubre del 2018, según recuerda Orozco. En enero, algunos ríos ya estaban secos.

“Este verano en particular fue increíblemente seco. Básicamente, todos los ríos de Costa Rica tenían niveles de agua excepcionalmente bajos. Esto causó mucho estrés en la generación hidroeléctrica “, admitió.

Los ríos son vitales para el sistema eléctrico, ya que generan la mayor parte de la energía. Apenas en 2018, el 73% de la generación eléctrica del país provino de la energía hidroeléctrica, según datos del Centro Nacional de Control de Energía (Cence).

Pero este año la sequía golpeó fuertemente las represas, especialmente en los meses más secos. En comparación al año pasado, la energía hidroeléctrica pasó de un 69% del total de electricidad en el primer trimestre del 2018 a un 62% en 2019. Ese déficit tiene que compensarse con algo.

El Instituto Meteorológico Nacional reportó que este fue un El Niño atípico, ya que afectó tanto la costa Pacífica como la Atlántica. Este enero, por ejemplo, fue el segundo más seco en Limón desde que hay registros. Normalmente caen 351 litros de lluvia por metro cuadrado, pero en el 2019 solo cayeron 60.

Lo que nos salvó

A medida que los ríos se secaban, dos medidas se volvieron esenciales para seguir produciendo electricidad renovable: el aumento de la energía eólica y el racionamiento de agua en las represas.

En los últimos años ICE ha apostado por la energía eólica para depender menos del agua en la producción eléctrica. Esta fuente renovable se triplicó en siete años y pasó de significar 4% de la producción eléctrica en 2011 al 15% en 2018, según datos oficiales.

Este verano, en particular, los vientos provenientes del Norte fueron “muy fuertes”, según el director de planificación de ICE. “Es complementario. Las lluvias fueron escasas porque los vientos no dejaron entrar la humedad “, explicó.

Esto queda claro al ver la producción de electricidad. Entre enero y marzo de este año, la energía eólica significó un 24% de la generación.

Durante estos meses de verano es cuando más viento hay y cuando la energía eólica tiene más participación, según Orozco. No obstante, incluso para niveles de verano, esta fue la generación eólica más alta de los últimos años.

Además de la ayuda del viento, usar el agua de manera más estratégica también fue importante. Los embalses –grandes lagunas de agua– en las represas le ayudaron al ICE a racionar la poca agua que tenían, dijo Orozco.

Como explicó, estos embalses actuaban casi como pozos para almacenar el agua. Así, los ingenieros podían decidir cuándo usar esa agua y cuándo no. Por ejemplo, cuando los vientos eran fuertes no había necesidad de usar agua, pero cuando no había viento podían abrir las puertas de las represas.

Importar energía: ni limpio ni sucio

Otra medida, más controversial, fue la importación de electricidad de otros países centroamericanos.

De hecho, las importaciones durante este verano fueron las más altas en los cinco años anteriores. La importación llegó aproximadamente al 9% del suministro total de electricidad (tomando en cuenta importación y exportación de energía). El promedio de los últimos años era de 3%.

Como explicó Blanco, investigador de la Universidad de Costa Rica, el ICE importó electricidad porque a menudo es más barato que encender las plantas de energía térmica.

“Si no hubiéramos tenido la posibilidad de importar energía desde Centroamérica, habría habido un problema importante aquí”, dijo. Según explicó, esa es una de las razones por las que los apagones son poco frecuentes en Costa Rica.

Sin embargo, según el investigador, esta energía no puede considerarse realmente limpia.  Según datos del informe Estado de la Región, el 36% de la electricidad que produjo Centroamérica en 2013 vino de fuentes sucias como el carbón y los derivados del petróleo. Sin contar la producción tica, que es más renovable, ese porcentaje sube a 43%.

El mercado de energía en Centroamérica es como una piscina. Cada país colabora alimentándola con energía de diferentes fuentes. Pero, al recolectar energía de esa piscina, no se pueden separar sino que se toma una mezcla de todas.

Al final, sin embargo, esas emisiones ni siquiera se cuentan en la huella de carbono de Costa Rica, según explicó el ingeniero químico Kendal Blanco, del Instituto Meteorológico Nacional (IMN).

“(Las emisiones se cuentan) en el país en el que se generaron, debido a que es ese país el que tiene el control de la producción. Dicho de otra manera, es el que quema los combustibles”, dijo el investigador, quien realiza el balance de emisiones de energía para el IMN.

Al importar energía, Costa Rica tendría un impacto indirecto en las emisiones del planeta, pero la culpa directa por quemar el combustible se cuenta en la huella del país que vende la energía, según explicó Blanco, del IMN.

Orozco, por su parte, coincidió en que no es del todo limpia ni del todo sucia. No obstante, según explicó, importar esa energía es más limpio que encender las centrales térmicas, las cuales son del todo sucias.

¿A qué costo?

Si bien la matriz limpia de Costa Rica pasó la primera prueba con esta sequía, la historia no se acaba ahí. A largo plazo, la estrategia del ICE podría no ser sostenible, explicó Lara desde la Universidad de Berkeley.

El principal reto, según Lara, es financiero. Para sobrevivir a la sequía con energía renovable, el ICE ha tenido que instalar bastantes proyectos: 7 eólicos y 4 hidroeléctricos desde el 2016. Eso tiene un costo alto.

“Si vos decís: Costa Rica tiene que sobrevivir todos los eventos de sequía con 100% de energía limpia, esa es una solución muy cara”, dijo Lara.

Según explicó el ingeniero de Berkeley, en el caso de una planta térmica (contaminante), el 30% del costo viene de la construcción de la planta y un 70% del costo es del combustible que usa. Por otro lado, una planta renovable tiene que pagar el 100% en la construcción, incluso si está apagada.

En tiempos de sequía, la gran cantidad de plantas renovables mantienen la producción limpia. Pero, cuando sí hay lluvia, el ICE genera más energía de la cuenta. Al final, según explicó Lara, el resultado es tarifas más altas y problemas económicos en la institución.

La crisis en la institución es importante. El ICE cerró el 2018 con pérdidas netas de ₡252.400 millones, lo cual es un monto ligeramente menor a todo el presupuesto del Ministerio de Seguridad en 2019.

Además de eso, la institución ha cerrado con pérdidas en 4 de los últimos 5 años y su deuda casi alcanza los $6.000 millones.

El ICE ha apostado por el transporte eléctrico para poner en uso esa electricidad que está sobrando, según explicó el ingeniero. No obstante, en el corto plazo, este tipo de transporte no ha crecido lo suficiente, lo cual pone en riesgo la sostenibilidad financiera de la institución.