Marieke Veeger es investigadora en escenarios y políticas. Trabaja en la Universidad para la Cooperación Internacional (UCI) para el Programa de Investigación en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS).

(Créditos: Archivo)

A algunos ya nos ha pasado. Hay un momento en que visualizamos en full color lo que el clima puede ocasionar. Para algunas personas de Centroamérica, cada vez con mayor frecuencia, es cuando la crisis llega: el río que se llevó la casa, la sequía que destruyó la cosecha, la marejada que inundó el poblado. Para otros, algo sucede en nuestro alrededor que nos hace imaginar cómo podrá ser el futuro si los eventos extremos del clima persisten. Puede ser una noticia, un post en redes sociales, o una foto que detona el efecto Matrix en nuestra mente y nos hace ver como todo está conectado, que el clima de manera directa o indirecta impactará a cada uno de los aspectos de nuestra vida, nuestras sociedades, países. Y cuando eso sucede, es inevitable asustarse.

Los esfuerzos para imaginar futuros desafiantes donde logremos transformar nuestras sociedades y convivir con el clima son más frecuentes ahora que la comunidad internacional, los gobiernos y ciudadanos toman conciencia de la urgencia de la acción climática. En mi trabajo me dedico a eso. Trabajo con gobiernos para que exploren cómo su país podría ser en el futuro, principalmente los aspectos que aún son muy inciertos y relacionados con el manejo del clima. Junto con otros actores líderes de la sociedad como empresarios, investigadores y agricultores –a veces con opiniones muy contrastantes. La imagen de arriba es parte de ese proceso.

En conjunto, buscan las respuestas a preguntas como ¿qué tipo de alimentos vamos a comer en treinta años? ¿Dónde los van a producir? ¿Cómo vamos a manejar la escasez de agua? ¿Cómo vamos a lograr descarbonizar la economía si en este momento somos dependiente del petróleo? ¿Cuáles desafíos podríamos encontrar en el camino y cuáles oportunidades habrá para combatirlos?

La idea de estos ejercicios de prospección no es predecir lo que viene; el futuro es incierto y eso no se puede cambiar. Sin embargo, anticipar y analizar los elementos que influyen en esas incertidumbres ayuda tomar decisiones. Ayuda a entender qué no se ha tomado en cuenta cuando se crean políticas y estrategias para manejar el clima y cuáles supuestos sobre el futuro se deben ajustar para lograr cambios transformacionales.

Se descompuso Tere. (Laura Astorga).

(Créditos: (Laura Astorga).)

El reto es que estas exploraciones del futuro no solo deben tratar sobre el clima. El cambio climático hará que sea más complicado estimar el momento y la intensidad de los periodos de sequía y lluvia o eventos extremos como huracanes. Sin embargo, tampoco sabemos en cuales condiciones estarán los países para dar respuesta a esos incidentes, y menos si serán efectivos en ello. Hay muchos otros retos que enfrentar, como la disrupción del mercado laboral, la cuarta revolución industrial, la migración, la vejez y la disminución de la biodiversidad, por mencionar algunos. El clima solo viene a complicar muchos de estos. Esto hace que los esfuerzos de países para adaptarse al clima y mitigar sus efectos sea doblemente desafiante. La complejidad de los sistemas comerciales, económicos, naturales, políticos y sociales hace difícil predecir cómo los países combatirán el clima.

Aquí es cuando podemos traer el futuro al presente. El hecho de imaginarse de manera muy concreta cómo algunas de esas incertidumbres podrán evolucionarse en nuestros países, nos da pistas sobre las decisiones y acciones a tomar en el presente. Si logramos esto, podremos mejorar nuestra resiliencia ante el cambio climático.

Allí está la esencia de lo que llamamos la gobernanza anticipativa del clima. Esto es la anticipación de futuros climáticos inciertos y el uso del conocimiento adquirido en el presente para manejar fenómenos del clima. Este tipo de gobernanza aglomera métodos como la creación y el modelaje de escenarios futuros, evaluaciones de impacto ambientales, proyecciones climáticas, ejercicios de visión, y estudios de vulnerabilidad y riesgo.

En América Latina llevamos más de cinco años de trabajar en este tema. Los procesos que diseñamos e implementamos con gobiernos como el de Costa Rica, Honduras, Perú y el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) han sido una gran enseñanza para la investigación que se hace sobre esta práctica a nivel global, aún naciente.

Uno de nuestros aprendizajes es que la prospección puede ser una herramienta útil cuando un país tiene claro que el camino a seguir debe ser radicalmente diferente. Algo recurrente en los casos que apoyamos es la sensación que los métodos usuales de planificación son obsoletos para estos problemas más complejos.

Tormenta sin Agua. (Laura Astorga).

(Créditos: (Laura Astorga).)

Por ejemplo, cuando en 2015 el gobierno de Costa Rica definió cuántos gases de efecto invernadero (GEI) iba reducir en los próximos 85 años, para presentar el Acuerdo de París, se dio cuenta que el método establecido por la comunidad internacional para definir esa meta no daba los resultados que querían. No eran suficientemente ambiciosos. Entonces optó por complementar éstos con un proceso participativo de consultas en que, entre otros, se crearon cuatro escenarios futuros al 2050 junto con actores claves de sectores emisores como productores, ganaderos y representantes de cámaras de industria.

El proceso ayudó entender cuáles estrategias para reducir emisiones iban a ser efectivas, cuáles no, y cómo debían ajustarlas. En ´Hipster Republic´ la presión social de ciudadanos al Estado resulta en una red eficiente de transporte público, mientras el escenario ´Tormenta sin Agua´ advierte de los peligros de favoritismo cuando las fuentes de agua terminan en manos privados. En ´Se descompuso Tere´ la matriz energética del país ha regresado a los combustibles fósiles ya que las represas hidroeléctricas se quedaron sin agua. A través de este proceso creativo de imaginación y análisis de futuros plausibles, el gobierno pudo confirmar que actores claves de los mayores sectores emisores del país tenían propuestas hasta más ambiciosas que los que ya existían, y que la meta retadora que tenía en mente se iba poder lograr. Meses después se firmó el Acuerdo de Paris a partir del cual Costa Rica ratificó su liderazgo mundial en términos ambientales, sociales y climáticos.

Mientras vamos aprendiendo sobre la anticipación de futuros climáticos, también nos damos cuenta lo que falta por hacer. Nos encantaría ver que en municipios, comunidades y gobiernos nacionales propiamente pudieran facilitar y liderar estos procesos para decidir cómo ser más resilientes frente los cambios que se esperan. Por lo tanto, la formación de capacidades en prospección está en nuestra lista de prioridades para los próximos años. Por otro lado, a nivel de ciencia aún falta mucho por entender sobre los aspectos políticos de la gobernanza anticipativa. Por ejemplo, cuando se toman decisiones sobre el clima, ¿quiénes definan cómo se verá el futuro? Cuando hacen eso, ¿quiénes participan? ¿De qué manera influyen esas ideas sobre el futuro la formulación de políticas? Lo único seguro en todo esto, es que no nos vamos a aburrir mientras lo averiguamos.