Los tomadores de decisiones de Mesoamérica dicen carecer de suficiente información científica para incorporarla en sus programas de adaptación contra el cambio climático, especialmente para ayudar a pequeños agricultores.

Así lo reveló una encuesta por Internet a 105 funcionarios públicos –desde oficiales de proyecto hasta ministros– realizada por expertos de Conservación Internacional (CI) y el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE).

Los resultados fueron publicados en marzo como parte de un número especial de la revista académica Climatic Change, junto a otros ocho artículos sobre pequeños agricultores y cambio climático en América Central.

“Queríamos entender por qué ha habido tan poco avance para desarrollar políticas y programas para ayudar a pequeños agricultores a adaptarse a los cambios, a pesar de ser un tema tan urgente”, dice Celia Harvey, una de las autoras.

Cuando los científicos preguntaron a las autoridades y funcionarios cuáles barreras existían para que estas decisiones se tomaran, la respuesta más común fue la falta de información.

De hecho, más de la mitad de los entrevistados de varios países –Nicaragua (75%), Honduras (67%), Panamá (57%), Guatemala (52%) y El Salvador (50 %)– contestaron que la falta de información sobre los impactos proyectados del cambio climático era una barrera “muy importante” para actuar. En México y Costa Rica la percepción era menor (34% y 25%, respectivamente).

Un buen punto de partida para que organizaciones y científicos puedan mejorar la comunicación y logren traducir sus hallazgos científicos en recomendaciones más concretas para políticas es desarrollar mapas, dice el estudio.

Por ejemplo, las autoridades quieren saber qué comunidades serán afectadas por el cambio climático y cuáles zonas son más vulnerables a inundaciones, sequías o deslizamientos. Generalmente esa información solo está en formatos técnicos que no llegan hasta los despachos de viceministros y jefes de programas.

“Si queremos que nuestra ciencia sea relevante, tenemos que mostrar los resultados de una manera concisa y articular cuidadosamente las implicaciones de nuestra investigación”, dice Harvey, vicepresidenta de cambio global y servicios ecosistémicos de CI.

Para estar seguros de que la información existe, los investigadores salieron a buscarla y hallaron 128 documentos, desde reportes técnicos hasta artículos académicos. 

Sin embargo, solo cinco están escritos como informes de políticas y apenas 22 fueron redactados o coescritos por entidades gubernamentales, lo que indica a los investigadores que este tipo de documento no son de fácil acceso para autoridades u oficiales de proyectos.

Por eso, es fundamental involucrar a los tomadores de decisiones al determinar los objetivos de investigación, dice Harvey.

Con ella coincide Johan Perret, especialista en Manejo de Suelos y Agricultura de Precisión de la Universidad EARTH, en Costa Rica, quien aboga por incluir a productores y autoridades en los proyectos desde su concepción.

“Al compartir la información desde el inicio, es el mismo productor quien cuenta su experiencia y se convierte en promotor”, dice Perret.

Otra manera de lidiar con este vacío es que los Estados inviertan en ciencia, dicen ambos expertos.

De hecho, los autores del estudio atribuyen el que las autoridades costarricenses y mexicanas perciban la falta de información como una barrera menos importante a que en ambos países se hace relativamente más investigación científica, una parte de ella financiada por entidades estatales.


Este artículo fue publicado originalmente en SciDev.Net