La humanidad está utilizando alrededor de 1,6 veces la cantidad de servicios que la naturaleza puede proporcionar de forma sostenible, por tanto, los esfuerzos de conservación son insuficientes por sí solos para evitar el colapso de los ecosistemas a gran escala y la pérdida de biodiversidad.

Así de contundente es el informe Restauración de los ecosistemas para las personas, la naturaleza y el clima, cuya autoría la comparten el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La buena noticia es que, si conservación y restauración de ecosistemas suman fuerzas, se podría evitar el 60% de las extinciones previstas. No solo eso, las acciones que prevengan, detengan y reviertan la degradación podrían proporcionar un tercio de la mitigación necesaria para 2030.

Esta mancuerna entre conservación y restauración implicaría acciones para gestionar de una mejor manera unas 2.500 millones de hectáreas de bosques, cultivos y tierras de pastoreo (mediante la restauración y evitando la degradación) así como la restauración de la cobertura natural de más de 230 millones de hectáreas.

“En pocas palabras, necesitamos más naturaleza. La buena noticia es que la naturaleza tiene una extraordinaria capacidad de renovación. Si bien algunos ecosistemas se están acercando a un punto de inflexión del que no pueden recuperarse, muchos otros pueden florecer nuevamente si detenemos el daño y restauramos su salud, biodiversidad y productividad”, señalaron los autores del informe.

Entre los ecosistemas que requieren una restauración urgente se encuentran las tierras de cultivo, los bosques, los pastizales y las sabanas, las montañas, las turberas, las zonas urbanas, los ambientes de agua dulce y los océanos.

Pensando en la gente

La conservación y la restauración tienen rostro humano. La degradación de los ecosistemas afecta al 40% de la población mundial (unas 3.200 millones de personas) y podría forzar a 700 millones a migrar en el 2050.

Las comunidades que viven en 2.000 millones de hectáreas de tierra degradada están entre las más pobres y marginadas del mundo. Por ello, la esperanza de una vida mejor yace en la restauración, que es el proceso que busca recuperar la funcionalidad ecológica de los lugares y, con ello, mejorar el bienestar humano gracias a los servicios ecosistémicos.

“La restauración de los ecosistemas es el proceso de detener y revertir la degradación, lo que da lugar a un aire y un agua más limpios, a la mitigación de los fenómenos meteorológicos extremos, a la mejora de la salud humana y a la recuperación de la biodiversidad, incluida la mejora de la polinización de las plantas”, se lee en el informe.

De hecho, y según los autores, la restauración ayudaría a alcanzar múltiples Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) relativos a agua potable, salud, paz y seguridad, entre otros. También contribuiría a cumplir con las metas de las tres Convenciones de Río sobre clima, biodiversidad y desertificación.

Costo efectiva

El 50% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial depende de la naturaleza y se calcula que los costes mundiales de la restauración terrestre -sin incluir los ecosistemas marinos- ascenderán a unos $200.000 millones anuales de aquí a 2030.

Sin embargo, y según el informe, cada dólar invertido en restauración genera hasta 30 dólares de beneficios económicos.

Por ejemplo, por sí sola, la restauración mediante la agrosilvicultura tiene el potencial de aumentar la seguridad alimentaria para 1.300 millones de personas, mientras que las inversiones en agricultura, protección de manglares y gestión del agua contribuirán a la adaptación al cambio climático, con beneficios que cuadruplican la inversión original.

“Si sólo se restauraran 350 millones de hectáreas de aquí a 2030, se generarían unos 170.000 millones de dólares al año en beneficios netos y se evitarían 1,7 gigatoneladas de dióxido de carbono en la atmósfera”, se lee en el informe.

Las actividades de restauración, incluso, podrían promover el desarrollo de pequeños negocios, crear empleo e incrementar los ingresos de las comunidades rurales.

Meta global

Los países ya se comprometieron a restaurar 1.000 millones de hectáreas de tierras degradadas y prometieron asumir una cantidad similar en espacios marino-costeros.

La restauración va más allá de plantar árboles. Esta se realiza a nivel de paisaje y utiliza una amplia gama de métodos para así satisfacer tanto las necesidades humanas como las ecológicas.

Estos métodos pueden incluir la agrosilvicultura, la regeneración, las plantaciones gestionadas, los corredores ecológicos y las reservas de fauna protegidas, así como reforestación, rehumidificación de turberas y rehabilitación coralina, entre otros.

“La restauración pretende mantener y mejorar los ecosistemas naturales y aumentar su resistencia a largo plazo. También hace hincapié en la colaboración con diversas partes interesadas para codiseñar y aplicar métodos de restauración adaptados al contexto local”, subrayaron los autores.