En 2030, un tren eléctrico atraviesa la ciudad de San José, Costa Rica. En las calles, ocho de cada cien carros son eléctricos. Para ese punto, el país tiene 17 años de producir casi toda su electricidad de fuentes renovables.

Este, por supuesto, es un futuro optimista, ya que la realidad actual es distinta. El país lidia con un transporte público ineficiente y cada vez más vehículos de combustión. La mitad de las emisiones del país vienen del transporte.

“Limpiar” ese sector será crucial para alcanzar la descarbonización del país en 2050, según comunicó Costa Rica a Naciones Unidas en la actualización de sus compromisos del Acuerdo de París, llamados “Contribución Nacionalmente Determinada” (NDC, por sus siglas en inglés).

Como parte de los objetivos del país, el documento plantea la construcción y puesta en operación de un tren eléctrico urbano para 2030, así como la electrificación de un 8% de los buses y autos para el mismo año.

Tener acceso a buses eléctricos a un precio competitivo, por ejemplo, es algo potencialmente transformador para países como Costa Rica

A largo plazo, la meta de Costa Rica es llegar a cero emisiones netas en 2050. Lograr esto dependerá del compromiso político, así como del comportamiento de factores como el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) o el precio de la electricidad, explicó Felipe de León, asesor de la Dirección de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente.

El precio de los vehículos eléctricos es una de las variables más importantes en los modelos climáticos, aseguró De León. Para cuando el país se recupere de la crisis del COVID-19, el precio de los vehículos ya debe ser accesible para la clase media de Costa Rica.

Para lograr esto, el mercado chino jugará, de forma indirecta, un rol muy importante, según el asesor del Ministerio de Ambiente. China aún no ha establecido ningún acuerdo formal con Costa Rica para cumplir metas climáticas. No obstante, sus políticas para incentivar el transporte eléctrico y energías renovables tendrán un impacto en San José, a más de 14.000 kilómetros de distancia.

“Tener acceso a buses eléctricos a un precio competitivo, por ejemplo, es algo potencialmente transformador para países como Costa Rica”, indicó el asesor de gobierno.

Aún así, la huella del transporte en Costa Rica es un síntoma de un problema más grande: ciudades sin planificación, dijo Andrea San Gil, ingeniera ambiental y fundadora de la organización Centro para la Sostenibilidad Urbana.

Para alcanzar la descarbonización, más que limpiar su transporte, Costa Rica tendrá que limpiar su área urbana, indicó la ingeniera. Esto iría de la mano con reformas de vivienda, por ejemplo, enfocadas en crear una ciudad mejor conectada.

Mientras tanto, el país deberá cumplir sus compromisos de París. De aquí al 2030, el país solo podrá emitir, en promedio, 10 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) equivalente por año. Esto es, en comparación, un tercio de lo que emitió United Airlines en 2019.

Cumplir este “presupuesto” de emisiones traería $41.000 millones en beneficios para el país, según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). “Para Costa Rica es un tema de competitividad”, culminó De León.

Repensar la ciudad

Es fácil suponer que, por sus destinos turísticos, las ciudades de Costa Rica “serían una jungla”, dice San Gil. Pero, por el contrario, el área metropolitana es una “jungla de cemento” y con un crecimiento desordenado, explica.

Desde la década de 1980, el Gran Área Metropolitana (GAM) —ubicada en un valle en el centro del país— ha crecido de forma poco planificada. Pese a que en los últimos 30 años duplicó su territorio, hasta el 2019, un 40% de los cantones que la conforman todavía no tenían un plan regulador.

Por esto, en vez de crecer en torno al transporte público, la ciudad se expandió hacia lugares poco conectados, donde la única opción es el carro privado, explicó San Gil. Esto no es compatible con la descarbonización, según indica. “Si se van a hacer nuevos desarrollos, deben ser orientados al transporte. La primera pregunta que debemos hacernos es, ¿cómo va a llegar la gente aquí?”, explicó la experta en ciudades sostenibles.

En la NDC de Costa Rica, este es uno de los puntos principales: desarrollar ciudades compactas. Al 2030, el país buscaría incorporar “criterios de desarrollo orientados al transporte” en su Plan de Desarrollo Urbano.

El cambio, sin embargo, será complejo, dijo San Gil. El gobierno ha hablado de la electrificación del transporte, pero no lo suficiente de ciudades sostenibles, aseguró. “La electrificación es indispensable pero no es la prioridad. Es sexy porque mantiene el modelo de desarrollo, pero es ineficiente”, agregó.

Costa Rica también apunta a que, para 2030, un 5% de todos los viajes sean realizados en transporte no motorizado (bicicleta, por ejemplo, o simplemente a pie), según la NDC actualizada. Pero el país aún tiene poca infraestructura —no cuenta con una red de ciclovías, sino solo con rutas aisladas— y áreas urbanas que se calientan cada vez más por el mismo cambio climático.

Eso sí, la naturaleza podría ser una aliada importante, dijo San Gil. Aumentar el paisaje natural en las ciudades sirve para bajar la temperatura y sumar viajes sin motores involucrados. “Si la ciudad no invita a caminar de forma segura y agradable, nadie lo va a hacer”, agregó.

Limpiar el transporte

Hay viajes que no se podrán eliminar. En esos casos, la prioridad será el transporte público y por último los carros privados. El objetivo de Costa Rica es que, para el 2030, un 8% de su flota de sus carros y buses funcione con electricidad.

En este país, el transporte eléctrico es especialmente efectivo para reducir emisiones, explicó Jairo Quirós, investigador de la Universidad de Costa Rica (UCR) y experto en modelos energéticos. A diferencia de otros países, la electricidad que alimenta los vehículos ya proviene de fuentes renovables.

Actualmente, la base del transporte público tico son los autobuses. El país comenzó pruebas con los primeros tres buses eléctricos en operar rutas comerciales. Estos aportarán datos para que las empresas autobuseras puedan invertir en esta tecnología con mayor seguridad.

Los buses son de marca BYD, la cual también ha comenzado a poblar otros países de América Latina con buses eléctricos. En Chile, por ejemplo, más de 285 buses ya circulan en la ciudad de Santiago.

Otro de los proyectos clave para limpiar el transporte público sería la construcción de un tren eléctrico metropolitano, el cual serviría como eje para el transporte público y ayudaría a conectar las rutas de autobús.

El Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) aprobó un préstamo de $1.550 millones para la construcción de la obra. Pero, tras críticas de la Asamblea Legislativa por considerar el costo muy elevado, el gobierno puso en pausa el proyecto.

“Todos estamos claros de que es lo que hay que hacer. La pregunta es quién se va a llevar el mérito. Es desafortunado, pero también te da certeza de que tarde o temprano caerá”, indicó De León.

Carros eléctricos

Costa Rica también ha dado sus primeros pasos para electrificar su flota de carros: desde 2018 los vehículos eléctricos están exonerados de impuestos y, desde entonces, el mercado ha crecido.

El país también ha comenzado a poner en marcha una de las redes de cargadores rápidos más extensas de América Latina. Por ley, debe haber un centro de recarga por cada 80 km de rutas nacionales.

Esto se comenzó a plasmar en 2020, cuando el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) instaló 28 cargadores rápidos en varios puntos del país. Por primera vez, los dispositivos incluyeron un conector para carros chinos (tecnología GB/T).

Pero esto era cuestión de tiempo, debido al gran tamaño del mercado chino. En 2018, este país produjo más carros eléctricos que el resto del mundo junto. “China a través de sus decisiones sobre sostenibilidad podría hacer más fácil la sostenibilidad de todos”, aseguró, por su parte, De León.

Pero a Costa Rica aún le quedan cosas por resolver. A pesar de ser un cambio necesario, el crecimiento de los carros eléctricos trae consigo algunos efectos colaterales, indicó Quirós.

En primer lugar, habrá un inevitable impacto fiscal. Alrededor de un 11% de los ingresos del gobierno en 2018 vinieron de impuestos a combustibles. Si el transporte se electrifica, ese porcentaje disminuye. En el contexto actual, con el déficit fiscal más alto de la historia, esto es particularmente sensible.

Las plantas fotovoltaicas solares y las plantas eólicas ya son más baratas que invertir en una planta térmica

La misma NDC de Costa Rica indica que, para el 2030, el país habrá implementado “al menos un” instrumento de reforma fiscal verde. Esto también está contemplado dentro del Plan de Descarbonización del país.

El otro efecto es que, al aumentar los vehículos eléctricos, habrá que instalar más generación eléctrica para suplir esa demanda. Es importante que esos nuevos proyectos sean renovables, explicó Quirós. “Las plantas fotovoltaicas solares y las plantas eólicas ya son más baratas que invertir en una planta térmica. Las inversiones de aquí al 2050 van a ser más baratas si van en esa línea”, señaló el científico.

Cooperación china

La ruta hacia las cero emisiones está trazada. Ahora, habrá que cumplirla. China, por ejemplo, ofreció al gobierno tico cooperar en una “recuperación verde” a la crisis económica provocada por la pandemia.

Pero la cooperación china en Costa Rica no siempre ha estado centrada en política climática. En 2008, cuando ambos países recién retomaron relaciones diplomáticas, uno de los primeros planes en suelo tico fue una refinería de petróleo. El proyecto consistía en una cooperación entre los institutos petroleros de Costa Rica y China, con un fondo inicial de $100 millones. Este, sin embargo, no prosperó tras cuestionamientos a sus estudios de factibilidad.

Más recientemente, la cooperación china se ha enfocado en el comercio y, a raíz de la pandemia del COVID-19, en donaciones de insumos médicos para el personal de salud. Sin embargo, el coronavirus también puso sobre la mesa la necesidad de una recuperación económica sostenible.

En una llamada diplomática, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, comunicó a su homólogo tico, Rodolfo Solano, su “compromiso” con el fortalecimiento de cooperación relacionada al cambio climático, según un comunicado emitido por el gobierno chino.

Esto marcaría una oportunidad para cumplir las metas climáticas ticas. Con los dos países ya acordando cooperar bajo la bandera de La Franja y La Ruta (BRI por sus siglas en Inglés), la coyuntura actual podría ofrecer una oportunidad única para repensar la cooperación y cumplir con los objetivos climáticos compartidos, según Quirós, quien nuevamente destacó los beneficios económicos que el BID cree que es el ahorro de energía, y las mejoras en los ecosistemas y la agricultura podrían traer:

“¿Habrá barreras? Sí, y probablemente requerirá algunas inversiones. Pero tenemos un colchón de ganancias netas de US $41.000 millones ”, dijo Quirós.

Este artículo de Sebastián Rodríguez apareció originalmente en Diálogo Chino y se volvió a publicar bajo una licencia de Creative Commons.