La historia energética más importante del planeta está ocurriendo en el sistema eléctrico de China, que desde hace años está intentando reducir su voraz consumo de carbón mientras aumenta la instalación de plantas eólicas y de energía solar.

En la actualidad, el gigante asiático es el principal consumidor de carbón del mundo y representa cerca del 50% de la demanda mundial, por lo que su comportamiento define también los patrones globales.

Entre 2000 y 2013, el consumo de carbón en China aumentó de 1.360 millones a 4.240 millones de toneladas, lo que implica un incremento anual promedio del 12%.

Al ser el carbón la energía más sucia, su utilización para generar electricidad tiene efectos devastadores para la contaminación del aire y el cambio climático. Mientras China siga aumentando su consumo como lo hizo durante los primeros años de este siglo, la lucha climática está condenada.

Y, sin embargo, los últimos datos señalan que puede tener un futuro promisorio. En 2013, el consumo de carbón de China llegó a un punto máximo y empezó a descender en los próximos dos años, al mismo tiempo que continuaba una ambiciosa expansión de plantas eólicas y eléctricas en ese país.

Expertos y analistas internacionales lo han notado. Un grupo de renombrados economistas ingleses y chinos señalaron a finales de julio que esta transición china era el momento más importante de la lucha global contra el cambio climático.

“Es un hito en la historia del Antropoceno y un punto de quiebre en los esfuerzos internacionales para reducir las emisiones de gases causantes del efecto invernadero”, dicen los científicos en un artículo publicado en la revista Nature Geoscience.

El consumo de carbón cayó por primera vez en 2014 y luego en 2015, mucho antes de lo esperado por los analistas. De acuerdo con las proyecciones internacionales, la demanda china por carbón no bajaría hasta algún punto entre 2020 y 2040.

Los economistas señalan que no se trata solamente de una caída temporal, sino el inicio de una tendencia de largo plazo impulsada por la transición china hacia los servicios y lejos de la industria y la construcción, la reducción del crecimiento de su economía (aunque aumentó 7,3% y 6,9% en los últimos dos años) y las políticas públicas del gobierno.

“Creo que es realmente un punto de quiebre”, dijo el inglés Nicholar Stern, uno de los autores del artículo, a The Guardian.

Sin embargo, no todo es tan sencillo con un Estado poco transparente como el asiático. En primer lugar, las estadísticas nacionales y regionales no siempre son las más confiables, pero también en los próximos años está autorizada la construcción de más plantas de carbón.

Un análisis de Greenpeace reveló que 210 nuevas plantas de carbón están autorizadas en el país, principalmente por gobiernos regionales que no están alineados con las políticas de Beijing.

Como China emite un 20% de las emisiones mundiales de gases causantes del efecto invernadero (donde destaca el dióxido de carbono, o CO2, que liberan las plantas eléctricas cuando queman carbón), es crucial que pueda limpiar su economía para contener el calentamiento global.

Al mismo tiempo, la participación de las llamadas fuentes renovables no convencionales, como la energía solar y la eólica, han aumentado dramáticamente su participación en China. En 2006 provenían menos del 0,06% de la electricidad del país, mientras que ahora suplen más del 4%.

Si sumamos la energía hidroeléctrica, las renovables llegan hasta el 24,7%.

A pesar de estos avances en energía limpia y la reducción en carbón, este último todavía domina el país con cerca del 64% de la energía total que se consume en China. Lo anterior no permitirá evitar que el planeta se caliente más de dos grados centígrados.

Internacionalmente, China ha dado señales claves, como su ratificación del Acuerdo de París, firmado en una ceremonia conjunta con Estados Unidos. Juntos, ambos países suman 38% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y son necesarios para que el tratado global surta efecto.

“No solamente es relevante el hecho que se trate de los dos mayores emisores a nivel global (en conjunto 38%), es destacable que ambos países juegan roles fundamentales representando intereses del sur y el norte, países en desarrollo y países desarrollados”, dijo a Ojo al Clima el abogado chileno Andrés Pirazzoli, exnegociador climático y uno de los principales expertos regionales en este tipo de acuerdos.

China ratificó el Acuerdo de París sobre cambio climático el pasado 3 de setiembre, en un anuncio conjunto con Estados Unidos.