Juan Mayorga es científico de datos marinos de Pristine Seas, un programa de investigación de National Geograhic que, en 12 años, ha llevado a cabo expediciones en 31 lugares alrededor del mundo, incluida la Isla del Coco y sus alrededores. 

Mayorga es uno de los autores del estudio Proteger el océano global para la biodiversidad, la alimentación y el clima, publicado recientemente en la revista Nature. A razón de este análisis, UNIVERSIDAD conversó con el investigador. 

¿Qué concepto de AMP manejaron en el estudio? Se lo pregunto porque, en el universo de las AMP, existen matices en cuanto a nivel de protección y actividades permitidas. Entonces, ¿qué concepto de AMP es el que nos brinda la triada de beneficios a la que ustedes hacen referencia?

“Estamos hablando de áreas marinas altamente protegidas. Son áreas que pueden permitir la pesca de subsistencia y la pesca artesanal que respeta las prácticas ancestrales de las comunidades, pero excluye cualquier tipo de actividad industrial. Estas AMP son las que la ciencia nos dice que generan estos beneficios.

”Una forma de ver las AMP es como si estas fueran una cuenta de ahorros. Entre más grande sea el capital que se tiene ahí, más grandes serán los intereses. En este caso, las AMP son una cuenta de ahorros para los países.

”El problema de tener una variedad de niveles de protección es que los países establezcan AMP no tan protegidas y esperen los beneficios como si estuvieran altamente protegidas”.

Muchas veces se crea una AMP pensando en una especie clave. No obstante, la relación entre los diferentes componentes del ecosistema es la que permite que estos brinden los servicios que se señalan en el estudio. En otras palabras, no basta con proteger una especie, sino que es el conjunto de relaciones lo que hace efectiva a una AMP.

“Sin duda. Las AMP, idealmente, deberían ser diseñadas para proteger ecosistemas y no necesariamente una especie. Lo que necesitamos para revertir la crisis de biodiversidad es proteger ecosistemas completos y necesitamos una representación balanceada de todos los ecosistemas.

”Análisis anteriores lo que hicieron fue identificar dónde había un mayor número de especies en el planeta, riqueza de especies, para proceder a proteger esos lugares. Eso resultaba en mucho dinero y mucha atención enfocada en las áreas del sudeste asiático, que son extremadamente ricos en biodiversidad, pero la biodiversidad va más allá del número de especies.

”Una de las contribuciones más lindas de nuestro estudio es que nosotros también incluimos la historia evolutiva de las especies, porque queremos conservar el árbol de la vida marina así como las funciones que tienen las especies en el ecosistema. Hay especies que son claves y, por tanto, irremplazables, también hay otras que ofrecen redundancia.

”En este sentido, ofrecemos una visión mucho más holística e integral de lo que realmente es biodiversidad, lo que hace que nuestro mapa de prioridades no se centre solo en el sudeste asiático sino que también tenemos representación de ecosistemas árticos, bosques de kelp y ecorregiones del planeta únicas como el Mar Rojo, las cadenas de montes submarinos a la mitad del océano Atlántico e Índico.

”Lo otro es que, de la mano de las AMP, necesitamos un buen manejo pesquero fuera de las áreas. Por muy bien manejada que esté un AMP, si todo lo que sucede afuera es pesca no regulada, destructiva y no documentada, pues la salud del ecosistema como tal no se va a recuperar de la manera prevista. No estaríamos promoviendo las AMP como una alternativa al manejo de pesquerías sino como un complemento”.

Hablando de lo que sucede afuera de las AMP. En el marco del estudio, ¿se habló sobre otros mecanismos tales como áreas de amortiguamiento o corredores marinos que pudieran ayudar?

“Eso es importantísimo. Sin embargo, las AMP tienen un rol más importante en proteger hábitats clave y sitios de agregación de especies. Lo que pasa con los corredores es que es muy difícil pensar en mecanismos de protección porque no existen avenidas para decirle a los tiburones por dónde pasar. Ahí es donde es importantísimo el manejo pesquero y el monitoreo responsable e integrado”.

En cuanto al proceso mismo de hacer ciencia, ¿qué retos afrontaron como investigadores a la hora de realizar este análisis global?

“Al ser un análisis global, tuvimos que utilizar datos globales. Sin embargo, la mayoría de los datos marinos tienen una escala muy grande, de 50 kilómetros (km) por 50 km. Es decir, el tamaño de los pixeles, en nuestro análisis, es bastante grande y eso es porque no existe mejor información.

”Algunos países con los que estamos trabajando tienen información local de mejor resolución y el modelo fácilmente puede incorporarla. A nivel global, todavía no tenemos eso y estamos muy lejos con respecto a este mismo tipo de investigación pero realizada en ecosistemas terrestres. Algunos colaboradores del estudio son científicos terrestres y estaban sorprendidos de que existieran datos a una escala tan gruesa.

”Otra información que hay que mejorar es la que se relaciona a los impactos humanos en el mar. Los datos disponibles están en escalas muy grandes. Sin embargo, hay tecnologías emergentes que están cambiando esto. Hay grupos muy interesantes, como Global Fishing Watch y otras organizaciones, que están usando tecnología satelital para rastrear barcos y así entender un poco más cuál es la distribución de las actividades humanas en el mar y con una resolución mucho más alta. Sin embargo, estas bases de datos siguen siendo incipientes y falta muchísimo en términos de cobertura global de datos.

”Aún así, usamos esta información a un kilómetro de resolución para cuantificar las emisiones de dióxido de carbono, porque a cualquier otra escala no sería creíble, tiene que ser a una muy fina. Pero, para el resto, nos tocó usar escalas muy grandes.

”También hay un vacío de información muy grande en términos de biodiversidad de profundidad. Esta fue una de las motivaciones de incluir a los montes submarinos como una manera de solventar ese vacío y por eso mismo incorporamos estas regiones biogeográficas del fondo marino.

”Una más: tenemos muy mala información de mapeo espacial de ecosistemas muy importantes como las praderas de pastos submarinos. Esos ecosistemas son claves y no existe un mapa global a buena resolución que nos diga dónde están, cuán abundantes son y cuán saludables están. Lo mismo pasa con los bosques de kelp, tampoco tenemos buena información de las marismas que son ricas en carbono”.

Viendo que se avecinan dos conferencias mundiales, biodiversidad y cambio climático, ¿se podría incidir para que se incorporen metas en ambas convenciones con fines de mejorar la cantidad y calidad de la información?

“Claro que sí. La crisis de biodiversidad y la climática es una sola, están ligadas, no podemos solucionar una sin solucionar la otra. Solventar los vacíos de información permitirá a los países tomar mejores decisiones para resolver estas crisis”.