Pocos reglamentos burocráticos son celebrados, pero este sí.

La comunidad internacional definió en diciembre pasado un documento de 133 páginas que complementa el Acuerdo de París y ofrece herramientas para lidiar contra el cambio climático.

Si el tratado firmado en 2015 en la capital francesa definió el camino que seguirá el mundo para lidiar con el cambio climático, el nuevo reglamento dice cómo, cuándo y quién dará los siguientes pasos. Sin embargo, los países no se comprometieron a asumir una mayor ambición frente al cambio climático, pese a la urgencia subrayada por los científicos.

“Probablemente este proceso y este acuerdo están seguramente más completos, ambiciosos y atractivos que otros acuerdos globales (en el tema)”, dijo al medio Climate Home Laurence Tubiana, ex diplomática francesa y una de las arquitectas del Acuerdo de París.

La urgencia

Al inicio de la conferencia, la situación climática ya lucía apremiante: la temperatura ya registra un aumento de 1 ºC respecto a la era preindustrial y las emisiones de gases de efecto invernadero se dispararon un 2,7% en 2018, luego de algunos años de estabilidad.

Según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), publicado en octubre, el mundo solo puede permitirse un aumento global de 1,5 ºC hasta fines de siglo, para evitar poner en peligro el futuro de la humanidad.

Pero los países no pudieron acordar “acoger favorablemente” este informe debido a la oposición de un grupo de países encabezados por Estados Unidos y Arabia Saudita, que rechazaron reconocer su principal conclusión referente a que el mundo no puede permitirse una subida de 1,5 ºC.

Finalmente, se limitaron a “invitar a las partes a hacer uso de las informaciones contenidas en el informe”.

Tampoco avanzaron en su debate para aumentar sus metas de reducción de emisiones fijadas de forma voluntaria en 2015, contentándose en citar “esfuerzos para elevar las ambiciones en 2020”.

Compromisos futuros

Más de 160 países ya presentaron sus objetivos de reducción de emisiones y el resto deberá hacerlo de aquí a 2020. Cada cinco años estos serán actualizados.

La COP24 fijó las reglas sobre cómo verificar que estas metas se cumplen a partir de 2024, siguiendo las directrices del IPCC en esta materia. Cada dos años los países presentarán un informe detallando sus acciones climáticas, que será evaluado por expertos, pero sin tener la posibilidad de aplicar sanciones.

Cada lustro, a partir de 2023, los países harán un “balance mundial” de sus esfuerzos colectivos para lograr el objetivo de limitar la temperatura global.

En todos estos casos se acordará una flexibilidad a los países menos avanzados y a los Estados insulares, en función de sus capacidades.

Los compromisos actuales llevarían al mundo por encima de los 3°C de calentamiento, entonces el aumento de la ambición es crucial para que el Acuerdo de París funcione.

Los mercados

En la recta final de las negociaciones, la COP24 debatió intensamente un punto al que se oponía Brasil concerniente a los mecanismos de intercambio de cuotas de emisiones de CO2.

Se trata de una norma destinada a evitar que las reducciones de emisiones se contabilicen dos veces en el mercado de carbono; Brasil estaba opuesto a esta norma. Sin este lineamiento, un país podría adjudicarse reducciones inexistentes en su contabilidad financiera.

Brasil iba a organizar la COP25 agendada para finales de año, pero retiró su candidatura luego de la elección de Jair Bolsonaro como presidente. Tras este anuncio, Costa Rica y Chile se ofrecieron para organizar el evento y finalmente cayó en el país sudamericano. Aquí se realizará una conferencia previa en octubre.