La ciudad de Turrialba aún cuenta con 27% de espacio disponible para plantar árboles, lo cual beneficia a las personas que viven allí, ya que los espacios verdes mejoran la salud física y mental.

Ese no es el único beneficio que brindan los árboles. Estos liberan oxígeno y filtran las partículas contaminantes en el aire; también brindan sombra, lo cual ayuda a lidiar con el calor y previene del efecto directo de los rayos ultravioletas. Al transpirar, aportan humedad al ambiente.

En grandes masas, los árboles ayudan a amortiguar el ruido, proporcionan refugio y alimento a la vida silvestre, evitan la escorrentía y protegen a los suelos de la erosión, además regulan la absorción del agua por parte del suelo, lo cual previene de desastres.

La cobertura arbórea con que cuenta actualmente la ciudad de Turrialba almacena 138 toneladas de dióxido de carbono, lo que se traduce en beneficios económicos calculados en 586.000 colones anuales por concepto de servicios ambientales. Esto deja en evidencia el potencial que tiene esta urbe si llegara a incrementar su trama verde.

Estos son algunos de los resultados de la investigación denominada Árboles en ecosistemas urbanos: construyendo resiliencia y sostenibilidad en la ciudad de Turrialba en Costa Rica, cuyo artículo científico está en revisión. El estudio lo llevó a cabo la Unidad de Cuencas del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) entre setiembre del 2019 y junio del 2020.

La investigación se desarrolló en el marco del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 11 relativo a ciudades y comunidades sostenibles, esto con el fin de aportar elementos que propicien urbes más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles. 

Para determinar los aportes y efectos de los árboles en las ciudades se analizó una muestra del casco urbano de la ciudad de Turrialba, ubicada a 62 kilómetros de la capital, mediante la utilización del modelo iTree eco, el cual permite valorar los principales servicios ecosistémicos que proveen los árboles en las ciudades. 

En este sentido, los investigadores analizaron las características estructurales, la composición, la diversidad y número de especies de árboles, secuestro y almacenamiento de carbono, producción de oxígeno y valor estructural, así como los servicios ecosistémicos que brinda el bosque urbano.  

Para la toma de datos, se contó con el apoyo de 11 estudiantes del Colegio Ambientalista de Pejibaye y de Helena Despujols de la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU). 

La investigación se llevó a cabo gracias a las alianzas establecidas con la Municipalidad de Turrialba, el Colegio Ambientalista de Pejibaye, el Instituto Nacional de Desarrollo Rural (INDER) y el departamento de Ingeniería Ambiental de DTU.

Estudiantes del Colegio Ambientalista de Pejibaye ayudaron en la toma de los datos. (Foto: CATIE).

(Créditos: CATIE)

Otros resultados

Según el estudio desarrollado por CATIE, el ecosistema urbano de Turrialba actualmente provee servicios ecosistémicos clave para la construcción de resiliencia en la ciudad, así como también para su desarrollo sostenible.

El bosque ribereño -ubicado en los ríos Colorado y Turrialba-  cuenta con diversidad de especies y densidad arbórea. Este resultado reafirma la importancia de la protección del recurso hídrico al mantener corredores biológicos interurbanos y, a su vez, impulsa a analizar una mayor área en términos de los servicios ecosistémicos provistos por este bosque, los cuales probablemente se incrementarán.

De hecho, este estudio busca dar insumos al gobierno local para fortalecer su plan de desarrollo urbano. 

Asimismo, los investigadores recalcaron la importancia de incrementar esta resiliencia mediante información científica, ya que una mejor toma de decisiones multisectoriales basadas en evidencia ayudaría en la gestión de riesgo y reducción de desastres. 

Grandes desafíos

Los resultados del estudio aportan insumos para enfrentar dos grandes desafíos que se presentan en el país: el primero se refiere a concebir el medio ambiente como dimensión de bienestar y, el segundo, el acuerdo universal para combatir el cambio climático.

Con respecto al primer desafío, la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que reducir la contaminación atmosférica requiere la modificación de las características naturales de la atmósfera, ya sea a nivel domiciliario o en espacios exteriores, por cualquier agente químico, físico o biológico. 

Los mecanismos de combustión domiciliarios, los vehículos motorizados, los complejos industriales y la quema de bosques son fuentes comunes de contaminación atmosférica. Entre los contaminantes de preocupación para la salud pública se incluyen el material particulado, el monóxido de carbono, el ozono, el dióxido de nitrógeno y el dióxido de azufre. 

Aunque no se ha medido el efecto del bosque urbano en la reducción de la contaminación del aire, el análisis de la composición y estructura del bosque urbano en Turrialba sienta las bases para próximas mediciones, una vez que se cuente con el equipo de monitoreo correspondiente. 

En cuanto al segundo desafío, el estudio aporta conocimiento en cuanto al desarrollo de métricas que permitan disponer de un conjunto de indicadores medibles, reportables y verificables que sirva para conocer la situación actual del país

También aporta en el desarrollo de capacidades humanas, institucionales y tecnológicas para enfrentar de la mejor manera las consecuencias del cambio climático y se contribuye a  la educación y sensibilización de la población con el objetivo de formar ciudadanos educados y comprometidos en la ejecución de proyectos y acciones concretas de prevención, mitigación y adaptación al cambio climático.  

Además, Laura Benegas –coordinadora de la Unidad de Cuencas y Seguridad Hídrica de CATIE- comentó que el resultado final del proyecto es que, gracias a este ejercicio, se aporte información que ayude a concienciar a los ciudadanos y decisores, movilizándose hacia la ejecución de acciones que conduzcan a ciudades resilientes y sostenibles, las cuales incluyan a los árboles en los ecosistemas urbanos.

También, Benegas añadió que espera que con este proyecto se valore más el rol de los árboles en la planificación que ya tiene el municipio. Por ejemplo, incentivando a los ciudadanos que están haciendo el esfuerzo por mantener esas zonas arborizadas.

Gracias a los datos recopilados y compartidos en el estudio se ha identificado el interés de varios grupos ciudadanos en pro del ambiente y la sostenibilidad de Turrialba, quienes en conjunto con CATIE y la Municipalidad, estarán lanzando próximamente el proyecto “Observatorio de agua, resiliencia y sostenibilidad de Turrialba”.

Uno de los objetivos del proyecto fue empoderar a las comunidades en la toma de datos científicos. (Foto: CATIE)

(Créditos: CATIE)

Metas para ODS 11 

En este 2020, Costa Rica presentó su segundo informe voluntario sobre ODS. El 49,69% de los  proyectos contenidos en el Banco de Proyectos de Inversión Pública del 2017 al 2019 están vinculados al ODS 11 correspondiente a ciudades y comunidades sostenibles.

Los 20 proyectos en este rubro alcanzan una inversión de 165.319,09 millones de colones, ubicando en el tercer lugar al ODS 11, después del ODS 13 relativo a acción por el clima y del ODS 17 sobre alianzas.

El ODS 11 se estableció para que las problemáticas que enfrentan las ciudades se puedan abordar de manera que les permita seguir prosperando y creciendo, y al mismo tiempo, aprovechar mejor los recursos y reducir la contaminación y la pobreza.

“En CATIE estamos conscientes que el futuro que queremos incluye  ciudades de oportunidades, con acceso a servicios básicos, energía, vivienda, transporte y más facilidades para todos para tener calidad de vida”, dijo Banegas.