Conforme se calientan lentamente los bosques, sabanas y humedales donde viven, el instinto de preservación de plantas y animales se activará y empezarán a desplazarse a zonas más elevadas de Mesoamérica, la zona comprendida entre el sur de México y Panamá.

Aquí es cuando los corredores biológicos se vuelven más importantes y, ¿por qué?

Porque estos corredores biológicos podrían reducir el impacto del cambio climático en las plantas y se volverán importantes para conservar la biodiversidad, según un estudio del 2013 del Laboratorio Modelado Ambiental del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie) y otra larga corriente de investigación. 

Los corredores biológicos son una forma de interconectar las áreas protegidas que se encuentran separadas por diversos elementos como el desarrollo urbano o la infraestructura. En Costa Rica, por ejemplo, el Sistema Nacional de Áreas de Conservación los oficializó en 2006.

Así, el movimiento de las especies –tanto de flora como de fauna– podrá ocurrir a través de zonas seguras. El siguiente mapa, por ejemplo, fue desarrollado en agosto por The Nature Conservancy y muestra de manera aproximada (con una precisión de 50 kilómetros) qué harán mamíferos, anfibios y aves ante el calentamiento global.

Como es evidente en el mapa, las especies deben migrar y esa conexión que generan los corredores biológicos facilita el movimiento de las especies y la dispersión de las plantas (la capacidad que tienen las plantas de colonizar nuevos hábitats), previniendo la extinción local de poblaciones.

En el 2013, los investigadores del CATIE se plantearon evaluar cómo los corredores biológicos podrían facilitar la dispersión de la flora entre áreas protegidas bajo escenarios de cambio climático en Mesoamérica simulados en el laboratorio.

La investigación detalla que “su eficacia depende de su rango de altitud, las temperaturas, la velocidad en que se desarrolle el cambio climático y que tan veloz se puedan mover las especies”.

El estudio subrayó la importancia de diseñar una red de áreas protegidas y corredores en la región y preservar las ya existentes. El cambio climático es una amenaza para la biodiversidad y se deben de considerar medidas de adaptación para conservar el ecosistema.A partir de esa investigación, el CATIE y el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) desarrollaron otro estudio donde analizaron cuáles medidas tendrían que tomar para facilitar esta migración en Costa Rica.

“Identificamos áreas donde las especies se podían mantener en el futuro y buscar rutas de conectividad basadas en el clima. Dependiendo de cómo se movía el clima y cómo las especies podían moverse”, dijo la bióloga Emily Fung, investigadora del LMA.

Este estudio determinó que se necesita ampliar en 11% la extensión de las áreas silvestres protegidas y al menos un 5% el área de corredores biológicos, de manera que las especies que actualmente protegen las áreas se mantengan protegidas en un futuro.

Esta es la propuesta de expansión del CATIE. Los científicos reconocen que se basa en supuestos "muy gruesos" sobre el movimiento de las especies.

Esta es la propuesta de expansión del CATIE. Los científicos reconocen que se basa en supuestos “muy gruesos” sobre el movimiento de las especies.

(Créditos: Tomado de estudio BID/CATIE)

El cambio climático puede avanzar de maneras distintas en las regiones de Mesoamérica. Segùn el estudio, se espera que el cambio más rápido se dé en las zonas planas de la costa atlántica de Nicaragua y en la península de Yucatán en México y el cambio más lento en las tierras altas de Costa Rica, Honduras, Guatemala y México.